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¿Cuánto vale la vida de las mujeres invisibles?

Domingo 28 de septiembre de 2014
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PARA LA NACION

¿Cuánto vale una mujer? Esta pregunta -que a menudo eriza el sensible pelo de las que han hecho del feminismo un clon del machismo, pero con mejor prensa- tal vez sea clave para entender mucho de un mundo obediente a las particularidades del mercado. De la oferta y la demanda, del precio y del valor. De lo que vale mucho. Y de lo que no vale nada.

El martes pasado se conmemoró un nuevo Día Internacional de Lucha contra la Explotación Sexual y la Trata de Mujeres y Niños. Y en una de esas ironías siniestras, la fecha -elegida en recuerdo de la primera ley en el mundo destinada a combatirla, una norma argentina sancionada en septiembre de 1913 y conocida como Ley Palacios- coincidió con varias noticias policiales que tuvieron por protagonistas a mujeres, adolescentes y niñas.

Hubo desaparecidas. Hubo golpeadas. Hubo asesinadas. Y la clásica letanía a cargo de los familiares de turno, rezando esa oración pagana que dice así: "Hoy le tocó a X, y a ella nadie nos la va a devolver. Por eso pedimos justicia, para que no haya ninguna X más". En la Argentina, hay una X cada 30 horas, según informa la ONG La Casa del Encuentro. Fueron 295 en 2013. "De haber sido hinchas de Boca, o de River, esto sería un verdadero escándalo. Pero como son mujeres, no pasa nada", dice lúcidamente una feminista de la vieja escuela. Vidas que valen nada.

Pero, según comenta la periodista Fernanda Ballati en Vivir para juzgarlos -una investigación sobre la trata en la Argentina y en el mundo-, en otros contextos esas mismas vidas valen, y mucho: "Las ganancias que produce la explotación sexual es de aproximadamente 100.000 dólares por año por cada víctima mujer, mientras que un niño forzado a la prostitución genera una renta promedio de 160.000 euros, de acuerdo con un informe de la Oficina Europea de Policía".

¿Cuánto vale una mujer, entonces? ¿Cuántas de esas cosas que "no podemos entender cómo pasan" -secuestros, "desapariciones" con y sin nombre propio, la riada de muertas- resultan más comprensibles con estas cifras a mano? Pero esa multitud de ausentes son eso: ausencia. La clase de alarmas que nadie escucha.

¿Cuánto vale una mujer, entonces? Depende. A Laura Elías, ex esposa del político José Ottavis, dirigente de La Cámpora y quien denunció ante la Justicia haber sido atacada por una patota, se lo dejaron escrito en las paredes de su casa: "Matar a una puta y a una hormiga sale nada. Cerrá la boca".

Otras veces, la vida de una mujer vale tan poco que hasta dejarla respirar se vuelve gasto. Así lo entendió José Sánchez el día que decidió degollar a Graciela Leiva, su mujer. Pero como el tribunal concluyó que Leiva le era infiel, esquivó la condena a perpetua. Que la mujer, entendida como "propiedad" de su marido, hubiese andado devaluándose por allí en secretos entreveros, hizo de su asesinato algo más liviano. Y, de su vida, algo muchísimo menos importante. Y no lo dice el criminal; lo dice el Estado.

En el caso de Paola y Martina, la mujer que fue apuñalada y tirada junto a su beba a un desagüe, el precio también fue una bicoca: 700 pesos. Eso era lo que esperaba de su ex pareja, en concepto de alimentos. Terminó en una boca de tormenta. En esas ochenta horas de ausencia, hubo dos muertas más. ¿Cuánto vale una mujer, entonces? Lo que susurran, a coro, las alarmas que nadie escucha, esa cara magullada y la trágica sirena de las alcantarillas: nada. Un precio que, cada treinta horas, una muerta flamante se acerca a recordarnos.

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