Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Eduardo Sáenz de Cabezón: "Sí, soy nerd y estoy orgulloso de eso"

Matemático español, fundó el grupo The Big Van Theory de monologuistas científicos

Miércoles 08 de octubre de 2014
SEGUIR
LA NACION
0

"Nació muy joven y desde pequeño tuvo un poco de miedo a los pájaros. Aprendió a andar en bici con 20 años, pero sabe bucear muy bien desde los 4. Estudió Teología y Matemática, y encima es de Logroño [un pueblito del norte de España]; las tres cosas conforman un currículo casi irrepetible. Desde hace más de 10 años le dejan dar clase en la Universidad de La Rioja, y le permiten dedicarse a sus investigaciones matemáticas sin interrumpirlo casi nunca." ¿Cómo superar la presentación que Eduardo Sáenz de Cabezón Irigaray hace de sí mismo? Este matemático español de 42 años, padre de tres adolescentes y que hace un año y medio creó el grupo de monologuistas científicos The Big Van Theory (El Furgonetón Científico) se da a conocer con la misma simpatía y calidez que derrocha en sus espectáculos de stand up. Convertido en una celebridad, hasta el punto de que ya presenta junto con once colegas su espectáculo en teatros, bares, discotecas y museos de ciencia, universidades de Europa y América latina, este matemático standapero pasó por Buenos Aires para disertar, invitado por el Ministerio de Ciencia y Tecnología, sobre narración oral escénica para la comunicación científica.

-¿Cómo te surgieron estas vocaciones aparentemente disímiles: la matemática y la actuación?

-Decidí que iba a seguir matemática el verano que hice la transición de la secundaria a la universidad. Por dos causas: una era que a mí me gustaban las cosas informáticas y entonces no había una carrera de informática. Y otra, porque tuve un profesor apasionado por la matemática. La forma en que nos transmitió esta disciplina, su belleza, fue apasionante. Con respecto a la actuación, llevo como 22 años contando cuentos en bares, cafés... O sea que ambas vocaciones se fueron desarrollando más o menos al mismo tiempo y ahora con esto de los monólogos científicos se juntaron.

-¿Ustedes mismos escriben los monólogos?

-Cada cual escribe sus monólogos y los expone al grupo; primero, leyéndolos y luego, actuando para pulir cosas o cambiarlas. Y lo hacemos así porque nuestros monólogos tratan de informar y transmitir conocimientos científicos. Por ejemplo, yo no sé nada de biología, de modo que cuando un compañero biólogo hace su monólogo, yo le sirvo de tester.

-¿El público participa?

-Sí, mucho. A veces nos cuesta más, pero hay otras en las que tenemos que cortar porque nos cierran el teatro.

-¿Qué tiene que tener un monólogo científico para hacer reír y además pensar?

-Tiene que tener contenido relevante. No limitarse a contar curiosidades. Tiene que ser claro, conectar con el público que te está escuchando. Para eso, echamos mano a juegos de palabras, equívocos, alusiones a lo que está pasando en el momento de la actuación o en la sociedad. Hacemos bromas con personajes políticos y deportivos. Y luego tiene que tener carisma, que es la conexión personal del que habla con el espectador. Ahí entra el humor, pero no es el único vehículo, hay distintos recursos.

-¿Cuál es el público más receptivo?

-El que está interesado en la ciencia, y ahí no importa la edad. También ha habido actuaciones muy sorprendentes en bares, discotecas y teatros. A nosotros nos satisface mucho esa experiencia: cuando te encuentras con un público que no sabe a qué va y te das cuenta de que se está divirtiendo con historias científicas. Es lo que más nos gusta.

-Además de divertirse y de dar rienda suelta al placer personal, ¿qué persiguen con los monólogos?

-Pensamos que la sociedad tiene derecho a conocer la ciencia que produce, que es parte de la cultura igual que la literatura, la poesía y la pintura. Por otro lado, la gente también tiene derecho a conocer en qué se invierten sus dineros. Y también creemos que una sociedad informada es más libre y menos susceptible a las manipulaciones basadas en la ciencia o en interpretaciones de la ciencia. Una sociedad informada es menos vulnerable a este tipo de equívocos o de engaños, interesados o no.

-¿Este tipo de presentaciones ayudan a desmitificar la imagen del científico, frecuentemente retratado como genio loco o el nerd?

-Por un lado sí, y por otro lado, no queremos. Porque ¿qué pasa con que uno sea un nerd? ¿Qué pasa con que uno no se adapte a esta sociedad? ¿Es tan buena esta sociedad para que tengamos que estar bien adaptados? No estar adaptados no nos parece tan malo. Lo decimos en nuestras presentaciones: "Sí, yo soy un nerd y estoy orgulloso de eso. Estoy contento de que me gusten los superhéroes y soy malo jugando al fútbol. ¿Qué pasa? ¿Te juzgo yo porque a ti te gusta jugar al fútbol? No. ¿Eres bueno? Pues enhorabuena. Y yo soy bueno en matemática y estoy muy orgulloso de serlo". Entonces, por un lado, desmitificamos. Somos gente normal. Tenemos un físico de partículas que luego el tío es una bomba en las discotecas, y tenemos una astrofísica que luego es surfista... Pero por otro buscamos que cada cual esté contento consigo mismo y con sus rarezas, que no pasa nada con eso...

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas