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Crear un hogar, un trabajo compartido entre los hombres y las mujeres

Patricia Debeljuh
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11 de octubre de 2014  

Hoy vale preguntarse, ¿cuánto tiempo le dedica una persona al trabajo del hogar? Y también, ¿le consagra más horas la mujer o el varón a esa tarea? La primera pregunta es más difícil de calcular, la segunda parece una obviedad.

A pesar de los cambios a lo largo del tiempo en el mercado de trabajo, la experiencia diaria y actual corrobora que si se suman las horas de trabajo no remunerado en toda casa, la jornada total de trabajo es mucho más extensa para las mujeres que para los hombres.

Un informe elaborado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y realizado en toda América latina destaca que las horas destinadas por las mujeres a los quehaceres domésticos son hasta cuatro veces más que las que dedican los varones. Y siempre se habla de la misma tarea.

Ahora bien, ¿se trata sólo de una distribución de horas o de tareas? ¿O es más bien una cuestión de responsabilidades compartidas entre ellos y ellas?

Siempre se ha pensado que la atención a los trabajos domésticos es una responsabilidad propia de las mujeres y es indudable que ellas están más dotadas y capacitadas para sacarlos adelante en el día a día. No obstante, esto no debería ser una competencia exclusivamente femenina, sino una tarea compartida.

Hogar y familia han de ocupar el puesto central en la vida de la mujer, pero también en la del varón por una razón poderosísima: la dedicación al cuidado de un hogar y de las personas que se quieren componen, sin duda, el más grande quehacer que cualquier ser humano puede realizar porque implica cuidar lo más valioso que se tiene. Esto es, claramente, la familia.

La participación conjunta de la mujer y del hombre en la administración y gestión de la casa común –el hogar– es en la actualidad una necesidad derivada del trabajo profesional externo de ambos en la gran mayoría de los hogares. Ya no sólo es el hombre el que se encarga de proveer el sustento.

Confiar en los demás

Ahora bien, si se trata de una tarea compartida es importante ver cómo se puede ir confiando en los demás miembros de la familia algunos encargos que ellos mismos podrán realizar, según las edades, intereses y capacidades. Todos pueden encargarse de algo.

Es bueno descubrir que el trabajo del hogar aporta posibilidades de crecimiento para los hijos, les inculca sentido de pertenencia y les permite ir asumiendo a su nivel distintas responsabilidades.

A su vez pueden hacerse con espíritu deportivo y motivante, permitiendo incrementar dentro del seno de la propia familia, habilidades grupales y conciencia del trabajo en equipo, algo que actualmente puede verse replicado en las organizaciones del trabajo en el mercado laboral.

Cuando todos los miembros de la familia comparten y colaboran en las tareas del hogar se asimila el concepto de cooperación y de participación, y les motiva a tener siempre una buena disposición para saber qué falta en el hogar, porque lo sienten como propio.

Casi sin darse cuenta, a través de estas responsabilidades domésticas, los hijos se van ejercitando en la solidaridad y se van preparando para el trabajo en equipo.

A su vez, cada uno necesita saber cuál es su espacio en el hogar y cómo se hace cargo de él a través de la tarea que le han confiado.

Con una buena organización y un buen reparto de las actividades, los miembros de una familia estarán motivados para ser más responsables y asumir las tareas hasta el final. Y, sobre todo, eso ayudará a que se reconozca que crear un hogar es responsabilidad de todos.

Ha llegado el momento en que ambos, varón y mujer, construyan juntos tanto la columna visible como la invisible de su hogar, de que ambos se hagan co-responsables del ámbito familiar.

Reservar tiempo y energía

Esto implica reservar tiempo y energía para poder liderar la propia vida, ser constructores del hogar y valorar el cuidado de cada miembro de la familia, desde el bebe hasta el anciano.

Es preciso darse cuenta de que todas estas tareas de cuidado son un pilar importante, muchas veces invisible, que sostiene la solidez de toda una familia.

Ese sostén, con frecuencia oculto y callado, tiene raíces muy profundas basadas en la dignidad de la persona, el auténtico valor del servicio y el interés incondicional por la felicidad de los demás.

Es directora del Centro Conciliación Familia y Empresa del IAE

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