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Palermo y Villa Crespo, los barrios que más sufren con los grafitis

Según el gobierno porteño, la mayoría de las denuncias vecinales se concentran en esas zonas, aunque el problema se extiende a toda la ciudad; en Recoleta activaron un plan para limpiarlos

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LA NACION
Lunes 13 de octubre de 2014
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"Por lo menos hubiesen hecho un grafiti como la gente", se lamentaba el vecino Vicente Greco, mientras señalaba la fachada de su vivienda. La pared, decorada con garabatos en tinta azul y verde, perdió la pulcritud que tenía dos años atrás. Como él, varios habitantes de la ciudad se sienten resignados ante lo que consideran actos de vandalismo que desvalorizan sus propiedades y hasta parecen abandonadas.

Según los reclamos recibidos por la Subsecretaría de Atención ciudadana, Villa Crespo y Palermo son los barrios que más sufren los grafitis, un problema que se extiende a todos los barrios de la ciudad desde hace décadas. Y el gobierno porteño comenzó a combatir los grafitis en la comuna de Recoleta.

"El frente se estaba descascarando, entonces decidí cubrirlo con un material especial, tipo plastificado. Me costó unos buenos pesos, pero ya lo volvieron a estropear. Parece un lugar abandonado ahora", dice Greco, que vive en Villa Crespo. Esta pintura especial le costó a Greco, en promedio, $ 720 el balde de cuatro litros. Y debería invertir alrededor de $ 4000 sólo para volver a pintar la fachada que fue estropeada con grafitis.

Los grafitis son parte de la escenografía porteña, como ocurrió en la fachada de un café de la ciudad
Los grafitis son parte de la escenografía porteña, como ocurrió en la fachada de un café de la ciudad. Foto: Silvana Colombo

Marta Irrazábal limpiaba el edificio en el que trabaja en Arenales al 3500, en el barrio de Palermo. Las puertas estaban pulcras. Las ventanas, perfectamente aseadas. Pero con el frente no pudo hacer nada. Trazos indescifrables en azul y verde cubrían el muro. "Continuamente pintan las paredes, es una lucha", dijo la mujer.

A metros de allí, un imponente edificio se destaca, pero sobre todo por la cantidad de grafitis que "decoran" el lugar. "El consorcio pintó las paredes y persianas una decena de veces, pero la gente ya está cansada", contó a LA NACION Rubén Román, inquilino del lugar.

La Ciudad sólo interviene en la limpieza de frentes privados en caso de tratarse de corredores viales con valor histórico y/o cultural o si tienen una leyenda injuriosa o discriminatoria.

José Corzón, encargado del bar sito en el cruce de avenida Córdoba y Lavalleja, también desistió de volver a pintar el frente del local. El hombre contó que el año pasado invirtió $ 3000 para quitar los grafitis que arruinaron el comercio. "A los pocos días ya habían pintado las cortinas negras con un aerosol brillante y cubrieron las paredes, y hasta el mármol, con más garabatos raros", agregó, resignado.

Cuadrillas antigrafitis

En la comuna 2, en Recoleta, en mayo último las autoridades comenzaron con un plan para asear todo tipo de grafitis denunciados por los vecinos sin importar si se trata de edificios públicos o privados. Es más: se prioriza la limpieza de las fachadas de los hogares, según explicó Facundo Carrillo, presidente comunal.

Desde entonces, ya se limpiaron en ese barrio 1100 frentes y por día se reciben entre cinco y 10 denuncias. Santiago, vecino de un inmueble de la calle Agüero al 2200, miraba con asombro cómo habían desaparecido los raros dibujos de la pared que tanto le molestaban. Aunque dijo, algo desesperanzado: "Vamos a ver cuánto dura. Está buena la idea, pero en este país sabemos qué ocurrirá luego..."

El gobierno de la ciudad también cuenta con cuadrillas antigrafitis. Se trabaja en la limpieza de frentes de escuelas y hospitales que fueron objeto del vandalismo con inscripciones en aerosol. Sólo en el primer semestre de este año se asearon más de 8000 m2 (unas 64 fachadas de espacios públicos) y se invirtieron $ 1.579.429, según informaron a LA NACION.

"Es importante diferenciar estas pintadas, que afean o dañan las paredes, de otro tipo de intervenciones, como las de arte urbano o murales que la Ciudad fomenta a través de diversos programas y propuestas", comentó Eduardo Macchiavelli, secretario de Atención Ciudadana del gobierno porteño.

Para la tarea se utiliza una pintura especial que impide la absorción de los materiales con los que se realizan los grafitis. Así, luego es más fácil limpiar la superficie si vuelve a ser vandalizada. Esta especie de impermeabilización es la misma que utiliza Recoleta.

De todas maneras, algunos vecinos no sólo están descontentos con estos dibujos, sino que temen que tras ellos se escondan símbolos que podrían ser usados por la delincuencia para marcar si una casa está abandonada o si sus dueños salieron de vacaciones. Jorge, que vive en la calle Gregorio Aráoz Alfaro, en Caballito, comentó: "Yo no sé si en el medio de esta colección de grafitis que fueron apareciendo hay códigos de inseguridad...".

Este tipo de garabatos cortos, como si se tratara de firmas, se adueñaron del paisaje urbano de la ciudad. Y se pueden encontrar en señales de tránsito, cestos de basura, cajas de los semáforos, postes de iluminación, persianas y hasta en las paradas de colectivos.

El plan para erradicarlos

Primer paso

El gobierno porteño puso en marcha un plan en Recoleta para tapar los grafitis en edificios públicos y privados

En acción

El equipo ya limpió 1100 viviendas y comercios. Utilizan una pintura especial antigrafitis

El objetivo

La intención es repintar las viviendas grafitadas las veces que sea necesario

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