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Magnífica creación de Mauricio Kartun

Domingo 19 de octubre de 2014
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PARA LA NACION
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TERRENAL. PEQUEÑO MISTERIO ÁCRATA / Autor y director: Mauricio Kartun / Intérpretes: Claudio Da Passano, Claudio Martínez Bel, Claudio Rissi / Escenografía y vestuario: Gabriela A. Fernández / Iluminación: Leandra Rodríguez / Diseño sonoro: Eliana Liuni/ Asistencia de escenografía y vestuario: María Laura Voskian/ Asistencia de dirección: Alan Darling/ Teatro del Pueblo, Av. Roque Sáenz Peña 943 / Funciones: viernes, a las 21; sábados, a las 21 30; domingos, a las 20/ Duración: 90 minutos.

Nuestra opinión: excelente.

Dos hombres habitan un terreno que, siguiendo una intuición poco feliz, adquirió el padre en tiempos de cierta bonanza. Crecieron en el desamparo y abandonados por el progenitor, quien un día se fue del lugar con la intención de encontrar una vida mejor.

Los muchachos, Caín y Abel, son unos tarambanas que se las rebuscan siguiendo unos ideales muy opuestos. Caín produce morrones y esa tarea le ha permitido desarrollar un pensamiento que sigue ciertas reglas mercantilistas. Tal es su confianza en los negocios que vive convencido de la nobleza de su actitud frente a la vida.

Abel, por el contrario, solo sabe escarbar la tierra y sacar de ella algunos gusanos que venderá como carnada a los pescadores que van al Tigris. Su existencia es un tanto infeliz, aunque se las arregla para sostenerse. La inesperada llegada de Tatita (el padre) provocará cierto alboroto entre los hermanos. El desenlace despertará seguras reflexiones en el espectador.

En lo formal, ésta sería una muy apretada síntesis del mundo que Kartun expone en escena a través de su último texto. No es un texto menor. Por el contrario, es de una notable riqueza. Su estructura, su lenguaje, indican que hay allí una elaboración muy minuciosa. Y no solo a la hora de encontrar los parlamentos exactos para cada personaje; también, en la construcción de las múltiples metáforas que irá engarzando, hasta dar forma a una historia conmovedora. Con cierto dolor señala cuestiones inherentes a la construcción del ser nacional y lo hace con un nivel poético admirable.

El misterio bíblico de Caín y Abel es el disparador de esta gran obra. Y el autor, con mucha inteligencia, se las arregla para cargar su material dramático de varias citas escapadas también de la Biblia y transformarlas en un material de juego exquisito.

En tanto director, Kartun moldea a sus personajes de forma muy atractiva. Da Passano (Abel) y Martínez Bel (Caín) conforman un dúo cómico muy interesante. Manejan el viejo humor de balneario con una comodidad notable. Payasos desolados que siguen rutinas aprendidas a la fuerza y por eso carecen de virtuosismo. El ingreso a la acción de Rissi (Tatita) es sumamente potente. Un gaucho pirata que habla con un acento, por momentos riojano y en otros santiagueño. Se ve obligado a poner orden dentro de una familia aniquilada por la falta de una guía segura. La que él mismo no supo imponer, en definitiva.

Los tres intérpretes logran, desde el cuerpo, hacer trascender este texto con una claridad notoria. En la forma de decir, en el mínimo gesto, siempre hay un guiño al espectador. Y ese guiño se transforma en un llamado de atención que encontrará muchas resonancias, a la hora de pensarnos como habitantes de una desolada Argentina.

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