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En el cierre del sínodo, el Papa pidió no temerle al cambio

Llamó a responder con coraje a los "nuevos desafíos"; en la beatificación de Pablo VI se encontró con Benedicto XVI
Elisabetta Piqué
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20 de octubre de 2014  

ROMA.- Con la presencia del papa emérito Benedicto XVI y ante 70.000 fieles que llenaron la Plaza San Pedro para asistir a la beatificación de Pablo VI, Francisco clausuró ayer su primer sínodo extraordinario sobre los desafíos de la familia con un fuerte llamado a no tenerles miedo a las novedades y a responder "con coraje" a los desafíos de hoy.

"¡Dios no les teme a las novedades! Por eso continuamente nos sorprende, mostrándonos y llevándonos por caminos impensados", dijo el Papa en su homilía, que pareció aludir así a los temores al cambio que quedaron reflejados en el sínodo. En la asamblea de dos semanas concluida anteayer, en efecto, a la hora de votar el documento final -de carácter meramente consultivo y que servirá de base para ulteriores debates en los episcopados de todo el mundo en vista de otro sínodo, el año próximo-, una minoría de cardenales y obispos conservadores votaron en contra de eventuales aperturas hacia los divorciados vueltos a casar y hacia las parejas homosexuales.

En un sermón que giró alrededor de la frase "dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios", que Jesús les dice a los fariseos y que calificó de "irónica y genial", Francisco recordó que "Dios ama las novedades". "Dar a Dios lo que es de Dios significa estar dispuesto a hacer su voluntad y dedicarle nuestra vida y colaborar con su reino de misericordia, de amor y de paz", explicó.

Acto seguido, consideró que todo eso se había visto durante el sínodo extraordinario de obispos, donde hubo un debate abierto y sin tapujos. "Fue una gran experiencia, en la que hemos vivido la sinodalidad y la colegialidad, y hemos sentido la fuerza del Espíritu Santo que guía y renueva sin cesar a la Iglesia, llamada, con premura, a hacerse cargo de las heridas abiertas y a devolver la esperanza a tantas personas que la han perdido", dijo, al recordar que habrá un segundo sínodo en 2015. El Papa tomará decisiones concretas sobre temas que hacen a la familia después de este segundo sínodo.

En el sermón, que pronunció luego de declarar nuevo beato a Giovanni Battista Montini, Francisco también exaltó la figura de Pablo VI, "gran timonel" del Concilio Vaticano II, que abrió la Iglesia Católica al mundo moderno.

Es más, citó textualmente las palabras con las que Pablo VI instituyó el sínodo de los obispos, hace 49 años: "Después de haber observado atentamente los signos de los tiempos, nos esforzamos por adaptar los métodos de apostolado a las múltiples necesidades de nuestro tiempo y a las nuevas condiciones de la sociedad".

"Contemplando a este gran papa, a este cristiano comprometido, a este apóstol incansable, ante Dios hoy no podemos más que decir una palabra tan sencilla como sincera e importante: gracias. Gracias a nuestro querido y amado papa Pablo VI. Gracias por tu humilde y profético testimonio de amor a Cristo y a su Iglesia", dijo, provocando aplausos entre la multitud.

Francisco también destacó que "es en la humildad que resplandece la grandeza del beato Pablo VI que, en el momento en que estaba surgiendo una sociedad secularizada y hostil, supo conducir con sabiduría y con visión de futuro -y quizás en solitario- el timón de la barca de Pedro sin perder nunca la alegría y la fe en el Señor".

"Pablo VI supo de verdad dar a Dios lo que es de Dios dedicando toda su vida a la «sagrada, solemne y grave tarea de continuar en el tiempo y extender en la tierra la misión de Cristo», amando a la Iglesia y guiando a la Iglesia para que sea «al mismo tiempo madre amorosa de todos los hombres y dispensadora de salvación»", concluyó.

En una jornada de sol y clima casi veraniego, concelebraron la misa de clausura del sínodo cardenales, patriarcas, arzobispos, obispos y presbíteros miembros del sínodo. Como ya había ocurrido el 27 de abril pasado, durante la doble canonización de Juan Pablo II y Juan XXIII, asistió a la ceremonia Benedicto XVI, papa emérito, que fue designado cardenal por Pablo VI.

Un fuerte aplauso estalló en la Plaza San Pedro cuando las pantallas gigantes mostraron a Francisco saludando a su predecesor, sonriente, al principio y al final de la ceremonia.

Fiel a su estilo, Jorge Bergoglio saludó a los padres sinodales presentes. Y luego, a una multitud colorida y festiva, formada por gente de todo el mundo.

Una fallida operación

Algunos cardenales opuestos a eventuales aperturas a homosexuales y divorciados vueltos a casar habrían tratado de involucrar a Benedicto XVI, papa emérito, en una operación contra Francisco que, sin embargo, habría fracasado, según escribió ayer La Repubblica.

Los opositores querían que Joseph Ratzinger se pusiera de su lado antes de que comenzara el sínodo. Pero, fiel a su sucesor, éste se habría negado. "Yo no soy el Papa, no se dirijan a mí para esas cosas", les habría dicho a los opositores Benedicto XVI, que también le habría enviado una carta a Francisco para contarle lo sucedido.

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