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María Medici: "Lo mío es arte para usar"

Arquitecta, escultora, maestra de joyeros. María Medici hace escuela desde hace 14 años. Hoy inaugura Urbano, una muestra de su talento para enseñar y diseñar joyas personales

Jueves 23 de octubre de 2014
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LA NACION
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Probar e innovar con materiales y técnicas es su debilidad o, más bien, su fortaleza. Crea piezas de joyería que prefiere sean para usar, y terminan siendo objetos de culto. Pensadas, construidas minuciosamente, un arte que desarrolla desde hace décadas. Original, tan contemporánea como creativa, María Medici da forma a sus ideas y siempre busca sacar lo mejor de cada uno, tanto de ella como de sus alumnos y hasta de sus clientas, que terminan siendo sus fans; no quedan fuera de su onda ya que genera mucha empatía: abre su tienda de Niceto Vega al 4600, junto a su atelier-escuela, en un horario reducido al antojo (por la mañana) de quienes conocen su trabajo y saben que lo suyo está más cerca del arte, pero ponible.

–Desde que estás en la Argentina cambió mucho la idea que se tiene de la joyería.

–Sí, regresé hace 15 años de Europa y el diseño de joyas era incipiente. Ahora la joyería tiene un lugar, con propuestas diversas. Hay escuelas y talleres de importantes creativos.

–Hiciste escuela.

–No sólo yo. Hay varios talleres y maestros, y eso es bueno. Me encanta que se identifique el trabajo de mis alumnos como de la escuela de Medici o que me digan María nos abrió la cabeza; eso es lo que pretendía con la escuela, ayudar a pensar, a crear algo personal. Desde que regresé de Europa tenía idea de abrir una escuela diferente, que no sólo se enseñen técnicas, sino que se basara en la creatividad; que el diseño fuera el eje. Y en eso estoy desde hace 14 años. Incentivar ideas, acompañarlas, darles forma con técnicas, producirlas, ese es el objetivo. Dar clases es como un artista en el teatro, trato de sostener el ambiente creativo con buena onda. Contener, estimular, jugar...

–Te dedicás a full.

–Me gusta estar, es un proceso de aprendizaje para mí también. Y siempre me sumo a hacer algo. El tercer año de cursada de la escuela consiste en preparar piezas para exponer.

–¿El proyecto de este año?

–Urbano, que se inaugura hoy en Autoría Buenos Aires (Suipacha 1025) por 15 días. Y representa aquello de lo urbano que más le gustó a cada alumno, lo que le llama la atención o atrae: las baldosas de las veredas y sus cortes, la trama que generan los solados; las cortinas de los locales cerradas, que generan líneas y módulos; las casas derrumbadas, de las que quedan restos de lo que fueron livings, cocinas, escaleras; las superposiciones que se ven en una ciudad, etcétera, imágenes a partir de las cuales los alumnos representaron su idea de lo urbano.

–¿Y la tuya?

–Viví en cinco ciudades e hice una síntesis de mi vida: en Buenos Aires, Argel, Bilbao, Madrid y París. Trabajé sobre los planos de las ciudades. Y Buenos Aires resulta para mí como un cuadrado, Argel es un zigzag sobre un monte, en Bilbao vas de un lado a otro, como siguiendo un círculo; representé el Madrid de los Austrias, y París es un caracol. Y las hice joyas en un material nuevo, resultado de una aleación que pruebo desde hace años: hilos de cobre, estaño y un poco de plata, tejidos en un telar sui géneris, de textura sedosa, sobre una estructura de alpaca.

–Tu joyería siempre es muy pensada, reflexiva.

–Ni mi colección más comercial deja de ser muy pensada; siempre de alguna manera tiene que ver con mi historia. Una vivencia lleva a pensar una idea que se puede materializar y llevar puesta, mostrar con el cuerpo. Aun sin premeditarlo, muchas piezas tienen que ver conmigo, con lo que me pasa, con lo que veo o siento. La colección Silvestre representó a esas florcitas blancas y fucsias que crecen en los jardines de las casas del Delta, como la mía; los pájaros llevan y traen semillas que germinan y en plantines de los que crecen esas flores. Samurai incluía petos y piezas importantes que remitían a las armaduras samurái; representaba a mujeres valientes que llevan adelante sus proyectos y sueños.

–¿Cómo pasaste de la arquitectura a la joyería?

–Antes de estudiar Arquitectura en la UBA conocí a la artista plástica Mireya Baglietto con quien aprendí. En Bilbao también trabajé en el taller de unos escultores. Una galerista vio mis piezas y me llamó a exponer con Agustín Ibarrola, un temor que se convirtió en orgullo, todo un desafío del que salí airosa, feliz. A los pocos meses me invitó a participar de una muestra de joyas de autor de artistas plásticos y volví a aceptar el reto. Entonces, en los 80, era una disciplina poco desarrollada y resultó un boom. Trabajé muchísimo y lo logré, terminé instalando una empresa en Madrid y trabajando en Luxemburgo, Bélgica. Alemania, Francia... La arquitectura es una carrera de diseño, en joyería no hacés más que cambiar a una escala más amable; todo termina más a mano. Es una idea abstracta que se convierte en objeto usable. Para mí, la joyería siempre tiene que ser usable.

–¿Te queda tiempo para hacer otras cosas?

–Sigo estudiando filosofía. Y ahora estoy haciendo un curso de edición de video para digitalizar obras. Me imagino una expo donde la gente pueda probarse joyas en forma digital... Te aviso si lo logro.

OBJETO QUERIDO. "Este es un cuarzo redondo, que me regaló un vendedor de piedras turco que estaba en las calles de Madrid. Él creía en la energía de la piedras. Me fascina la belleza de las gemas y su composición por azar. Desde entonces, hace 34 años, es mi amuleto".

Urbano, la muestra colectiva de joyería contemporánea en la que, junto con Medici, participan Melisa Levin, Carina Altman, Marina Narbaitz, Rosana Herbel, Adriana Fossati, Daniela Di Candia, Elena Gradel y Adriana Guelfi, podrá verse hasta el jueves 6 de noviembre, de lunes a viernes, de 10 a 20, y los sábados, de 10 a 18; www.mariamedici.blogspot.com, www.autoriabsas.com.ar

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