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Empresas de bien público

Son emprendimientos en los que el foco está puesto en el impacto social y ambiental, pero que siguen la lógica del mercado y son un negocio sustentable

Sábado 01 de noviembre de 2014
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PARA LA NACION
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Se trata de cambiar la "o" por la "y". Ésa es la meta de algunas empresas que, sin descuidar el negocio y su sustentabilidad, tienen como objetivo primordial maximizar el impacto social y ambiental. No son organizaciones sociales, ni programas gubernamentales o de responsabilidad social empresaria; se trata de emprendimientos con un modelo de gestión que desde la lógica del mercado buscan resolver problemas sociales y ambientales. "Estas empresas son sistemas productivos sostenibles en lo económico, social y ambiental, cuyo fin es empoderar y promover el bienestar de comunidades postergadas y resolver dilemas de cuidado de la naturaleza", explica Paula Cardenau, una de las fundadoras de Njambre, la primera aceleradora de emprendimientos de este tipo en el país, que desde hace un año opera en Rosario, Mendoza y Buenos Aires, y se asocia con emprendedores para poner en marcha y gestionar este tipo de negocios.

Si bien el objetivo primordial de estas empresas no es repartir dividendos, sí es necesario que sean negocio y produzcan ganancias. "Buscamos un modelo híbrido porque que sea negocio garantiza que el emprendimiento perdure y que el modelo sea escalable", apunta Cardenau, y agrega: "Proponemos una nueva forma de organización y una nueva forma de generar riqueza en su sentido más amplio: económico, social, ambiental, cultural. Creamos bienes públicos".

Quizás el caso más representativo de este tipo de empresas sea MamaGrande, un emprendimiento que logró concretar un negocio sustentable utilizando los efluentes cloacales de la ciudad de Totoras, en Santa Fe, para producir materia prima. Pero además del negocio, los efluentes cloacales quedan en condiciones de volver al ecosistema. "Estamos transformando una planta de tratamiento de efluentes en una fábrica de productos de alto valor agregado. Transformamos un desperdicio que tiene un impacto fuertemente negativo en plástico biodegradable y en unmontón de subproductos. Pero también estamos trabajando con comunidades vulnerables para poder ingresarlas dentro del sistema laboral y a su vez limpiar agua", afirma Sebastián Lagorio, director de la empresa. El proyecto surgió hace tres años, y luego de meses de estudios y pruebas, lograron transformar los efluentes cloacales en nutrientes para unas plantas capaces de convertir la mitad de su peso seco en azúcar.

Al fermentar el azúcar, se puede obtener ácido láctico, necesario para fabricar el plástico biodegradable (PLA), que entre otras cosas se utiliza en empaques alimenticios y se cotiza a unos 1200 dólares por tonelada. "Nosotros generamos una cadena de valor de la nada, revertimos el gasto de sanear aguas y lo convertimos en ganancia. Y mientras planeamos tener nuestra propia planta para crear PLA, la idea es exportar el material producido. Ya tenemos preacordada la venta de toda la producción de ácido láctico de 2015", comenta, orgulloso, Lagorio. El proyecto, además de ser sustentable desde lo económico y ambiental, también tuvo un fuerte componente de innovación. "Hasta ahora, el PLA se venía produciendo con maíz o caña de azúcar, lo que implica producir alimentos para fines no comestibles, además del alto costo de los cultivos. Por otro lado, Europa limitó la utilización de campos con este destino y exige que no sean transgénicos, lo que obligó a las empresas del sector a buscar alternativas", explica, aunque agrega: "Nosotros no inventamos nada, sólo lo combinamos de otra manera y maximizamos lo que ya existía". Ahora el desafío es llevar esta iniciativa a otras ciudades, sobre todo en el Norte, donde se siente la falta de agua y trabajo. "Recuperar el agua es vital y además podemos generar puestos de trabajo. Aspiramos a incorporar unas 40 personas el año próximo", sostiene Lagorio.

Tecnología inclusiva

Con la idea de generar oportunidades de trabajo y empoderar a jóvenes y mujeres en situación de vulnerabilidad con muy bajas posibilidades de acceder al mercado laboral, nació Arbusta, que tiene como finalidad brindar servicios digitales al mundo corporativo y a los gobiernos.

Valiéndose del modelo de outsourcing o tercerización de servicios que utilizan muchas empresas, Arbusta ofrece testeos de calidad de software, manejo de redes sociales, transcripción y digitalización de contenidos, y subtitulados y closed captions de video, entre otros.

"Hacia afuera, somos una empresa más, como cualquier otra. El desafío de Arbusta es puertas adentro", afirma Bárbara Prajs, una de las responsables del proyecto. Y esto se debe a que la organización capacita a sus trabajadores y los acompaña en los comienzos para que puedan realizar sus tareas satisfactoriamente.

"Nosotros capacitamos y ofrecemos trabajo. Ésa es la principal diferencia con las organizaciones sociales: muchas capacitan, pero pocas ofrecen trabajo. Luego a la gente le cuesta mucho insertarse en el mercado laboral", explica Prajs.

Por eso, ellos trabajan con organizaciones como La Juanita, en Buenos Aires, y San Pantaleón, en Rosario, donde formaron los "nodos productivos". Allí capacitan, pero también trabajan. También tienen un tercer nodo en Parque Patricios y próximamente abrirán dos más.

En poco más de un año de trabajo –arrancaron en abril de 2013–, han logrado darles empleo a unas 25 personas que atienden una cartera de más de 16 clientes, entre los que se cuentan Mercado Libre, el gobierno de la ciudad de Buenos Aires, la provincia de Santa Fe y el iAE de la Universidad Austral, entre otros. Sin embargo, unas de las principales trabas que encuentran para seguir expandiéndose son los prejuicios. "Mucha gente duda de la calidad, creen que porque trabajamos con gente vulnerable no podemos ofrecer un buen servicio. Pero no es así, tenemos un equipo de gestión detrás del proyecto para garantizar que podemos cumplir en tiempo, forma y calidad. Finalmente, la gente se sorprende", manifiesta firmemente Prajs.

Desde Arbusta sostienen que el trabajo es el motor para generar cambios en todos los aspectos de la vida de las personas y por eso su meta es ampliar su cartera de clientes para poder crear así más oportunidades laborales. "Para nosotros es una satisfacción enorme cuando vemos que alguno de los jóvenes que trabajan con nosotros se deciden a estudiar, por ejemplo, sistemas. Porque al final se trata de darles una oportunidad en la vida, como la que muchos de nosotros tuvimos", concluye.

Salud para todos

El sistema de salud en la Argentina dista de ser inclusivo. Sin una obra social o una prepaga, el destino parece ser hacer largas colas en los hospitales y centros de salud estatales, que suelen estar sobrepasados.

Como una alternativa a esa realidad, y para brindar servicios de atención médica de calidad a un costo muy bajo para personas de bajos recursos, nació en 2005 el Sistema Ser en Jujuy. "Suplimos al hospital en el primer nivel de atención: consultorio, análisis, ecografías, mamografías y odontología, básicamente. Somos la puerta de entrada para que la gente tenga acceso a la salud", explica Irene Gronda, una de las fundadoras de este proyecto que es utilizado por más de 60.000 personas que sólo pagan 30 pesos al año.

Sus fundadores definen Ser como un "facilitador entre los médicos y la comunidad a un precio justo", pero no se trata de una obra social ni una medicina prepaga. "Nosotros lo que hacemos es evitar la intermediación. Pactamos con los médicos y con los especialistas que hacen estudios y análisis ponerlos en nuestra cartilla a cambio de un precio preferencial para nuestros socios, que ellos pagan en el momento de atenderse", explica Gronda. El precio pactado con los profesionales es un 20% menos que el arancel que les paga la obra social provincial. "Para los médicos es beneficioso porque lo cobran en el momento, de la mano de la gente que atienden. No hay bonos ni papeles. Y para los pacientes es la posibilidad de acceder y pagar un precio preferencial, mucho menor que si accedieran de manera particular", continúa Gronda. Más de 40 profesionales atienden a los socios de este proyecto, al que mensualmente se suma un promedio de 600 personas, en su mayoría de muy bajos recursos. Sin embargo, y más allá del impacto social que tiene el proyecto, la incógnitaes su sustentabilidad. ¿Puede mantenerse con una cuota anual de 30 pesos? "Somos una fundación, con lo cual tenemos algunas exenciones de impuestos, pero al ser solamente intermediarios no tenemos una estructura grande, sólo dos empleados. Pero, además, acordamos convenios con algunas empresas mineras de la zona y un centro ginecológico, Cegin, donde atendemos a los socios y cobramos la consulta. Allí tenemos14 empleados y cuatro médicos. Ésa es otra manera de financiarnos porque no aceptamos donaciones", aclara Gronda. Actualmente, Ser es estudiado en ámbitos universitarios empresariales como una empresa social exitosa y ha sido replicado por el premio Nobel de la Paz Muhammad Yunus, en Caldas, Colombia.

El impacto

"Quienes sostienen la economía son las pequeñas y medianas empresas, y en ese marco, las llamadas empresas con impacto social o los negocios inclusivos son una propuesta que sirve", afirma Yuliana Álvarez Giraldo, del Espacio de Negocios Inclusivos de la Universidad Di Tella. La entidad presentó el año pasado el "Primer Relevamiento de Actores de Negocios Inclusivos", donde identificaron 76 proyectos en el país, que contribuyen a mejorar la calidad de vida de más de 120.000 personas en situación de vulnerabilidad.

"La gran mayoría de los negocios inclusivos tienden a trabajar incorporando personas en situación de vulnerabilidad en su cadena de valor, es decir que generan empleo o trabajo ya sea a través de la figura de socio, proveedor o empleado", explica. Según el estudio, la mayor parte de los emprendimientos se encuentran en el sector de servicios (54%) y sus actividades económicas están relacionadas con el medio ambiente, la gastronomía, los servicios financieros y microcréditos, y la salud.

Si bien los datos pueden estar desactualizados por la inflación, según el estudio, el 40% de las organizaciones facturaban más de $ 1 millón; un 29% entre $ 1 y $ 5 millones anuales, y entre sus trabajadores, la mayoría tenían ingresos que oscilaban entre $ 1200 y $ 4000. Pero más allá de las cifras, todos coinciden en que lo importante aquí es el cambio de paradigma. "Básicamente este tipo de negocios están cambiando el concepto de éxito y beneficios. Y la gran diferencia es que para estas empresas maximizar las ganancias económicas es el medio, no el fin", concluye la investigadora.

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