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Trama marciana

Las chanchas, de Félix Bruzzone, transcurre en un extraño mundo en el que el peso de la historia aparece diluido

Jueves 06 de noviembre de 2014
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PARA LA NACION
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En Las chanchas nada es lo que parece." La frase de contratapa, repetida en no pocas novelas argentinas, postula al menos dos hipótesis: que lo real se vuelve sospechoso e inaprehensible; que ver -conocer- es interpretar. Si las cosas son y pueden no serlo, hay un riesgo continuo. El origen de esa idea puede rastrearse en la opinión de Félix Bruzzone acerca de la identidad. La identidad, afirma, siempre es un problema, tanto si no se tiene a los padres como si se los tiene, "porque siempre hay cosas que no están dichas, hay silencios".

Bruzzone es hijo de desaparecidos y decidió, como escritor, llenar el vacío originario con las verdades que le da la literatura y jugar con sus posibilidades desde lo no convencional y delirante. La orfandad, la identidad, el doble, el hijo o la hija desaparecida que puede ser alguien que recién se conoce son algunos de los temas recurrentes en sus historias,también presentes en Las chanchas.La novela transcurre en un lugar que, aunque muy parecido a la Tierra, se llama Marte. Allí conviven terrícolas (suponemos) y marcianos, que son una especie rara, subalterna, sin voz; se la pasan trepados a los árboles, forman parte del paisaje de la novela -junto con los conejos y son objeto de burla a través de chistes que los estigmatizan como nosotros hacemos con los gallegos. Laubicación de la acción en un mundo marciano contamina subliminalmente la trama y le otorga un aire de rareza que actúa en sordina a lo largo de la historia.

Dos adolescentes jugadoras de jockey, Lara y Mara, escapando de unos hombres que quieren secuestrarlas, le piden ayuda a Andy, que está en la puerta de su casa sacando la basura. Él las deja pasar y cuando llega Romina, su mujer, las esconde en el estudio para que ella no sospeche nada raro. Comienzan a pasar los días, las chicas parecen divertidas y cómodas en esa situación; Andy no resuelve nada y recurre a su amigo Gordini, que será su cómplice; Romina intuye que algo raro ocurre pero no llega a descubrir qué. Las chicas están secuestradas pero nadie sabe la finalidad. El caso tiene un interés mediático, hay marchas encabezadas por Romina a las cuales asisten también las secuestradas sin que nadie las reconozca (aquí funcionan dos subtextos: "Wakefield", de Nathaniel Hawthorne y los relatos de los secuestrados en la ESMA que eran sacados a pasear en auto durante los festejos del mundial de fútbol de 1978).

La trama continúa de modo aleatorio e inesperado, efecto de la desidia, la pereza, la indolencia y el automatismo de los personajes, que carecen de motivaciones y "no son mala gente, son un poco idiotas". La excepción es Romina, personaje trasplantado de la primera novela de Bruzzone: Los topos (2008). Hay gratuidad en las acciones, en la violencia, en las decisiones.

La novela se estructura en tres partes, cada una con un narrador, una voz y una visión diferentes (Andy, Mara y Romina). La visión general es sesgada. Cada personaje ve pocas cosas y está en su mundo; lo que ve es lo que interpreta y no coincide con lo que los otros perciben (los marcianos, por ejemplo, no aparecen en el relato de Mara). Esto genera un desplazamiento de las situaciones que desarticula la trama en prismas que ofrecen representaciones diferentes, incluso discordantes. Pero tampoco importa: en Las chanchas ya no hay peso de la historia, son los hechos inmediatos y sus derivas lo que interesa.

Las chanchas

Félix Bruzzone

Random House

224 páginas

$ 149

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