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Contra corriente: remar a pesar de la crisis, el desafío obligado

Los clubes tradicionales de remo atraviesan dificultades económicas sin precedente; buscan ser sustentables y reverdecer un deporte con gran movimiento en el Tigre y que aportó alegrías olímpicas

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LA NACION
Viernes 21 de noviembre de 2014 • 00:12
Foto: AFV
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Roberto Abalo, psiquiatra y padre de la remera olímpica Laura Abalo, dice que el remo es un deporte para nostálgicos porque el bote va siempre para atrás. Es una carrera en retroceso. Broma al margen, la nostalgia domina en buena medida a este noble deporte en la Argentina. Es la idea de que todo tiempo pasado fue mejor, al menos en lo que concierne a la situación de los clubes, varios de ellos fundados en el siglo XIX y afincados en sus orígenes en el Riachuelo, para luego mudarse a las aguas más cristalinas del Tigre. Estas entidades de enorme tradición, elegantes fachadas y que disfrutaron de su esplendor hace unas cuantas décadas hoy padecen una crisis muy profunda. La pasión y la gloria del remo continúan intactas: allí relucen las cuatro medallas en distintos Juegos Olímpicos de Tranquilo Capozzo y Eduardo Guerrero (oro), Alberto Demiddi (plata y bronce) y Horacio Podestá y Julio Curatella (bronce). Pero la preocupación se acrecienta entre estos dirigentes amantes del agua y curtidos por el sol.

Lorena Corengia, vicepresidenta de la Asociación Argentina de Remeros Aficionados (AARA) y delegada del Buenos Aires Rowing Club (1873), reconoce que la situación es muy delicada: "A los clubes les está costando muchísimo soportar su infraestructura. Los gastos mayores provienen del mantenimiento de sus sedes, que son como palacios, y de las cargas sociales de los empleados. El desafío es cómo retener a los socios de las entidades y de qué manera se pueden atraer más adeptos para paliar estas necesidades de base".

Durante el Campeonato Argentino, que concluyó el domingo pasado en la Pista Nacional de Tigre, se reunieron los presidentes de 15 clubes y fijaron tres puntos esenciales para cumplir de aquí a un año. Uno de ellos es, justamente, frenar esa pérdida constante de socios, producto de la coyuntura socioeconómica general y derivada también de un cambio de hábitos de la gente, como la aparición de countries o barrios privados que hoy ofrecen múltiples deportes, incluso actividades náuticas. Otro de los ítems es aunar fuerzas para generar sponsors. "Para que salga adelante el Campeonato Argentino, los doce miembros del consejo directivo no sólo invertimos en tiempo… Aportamos de mil amores, pero no terminamos de administrar miseria. Sería bárbaro captar auspiciantes porque este deporte trae resultados, como ocurrió en los Panamericanos 2011 y en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Quizá tengamos que hacer una autocrítica desde la conducción. Debemos vendernos más y mejor", apunta Corengia.

""Es un deporte caro, no es que salimos con la pelotita bajo el brazo, nos subimos al micro y ya está. Movilizarse implica un gasto", señalan "
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El tercer pilar para abordar esta problemática es descentralizar el remo de Tigre y llevarlo al interior. Un destino interesante es Corrientes, que organiza regatas a Paraguay, Paraná y Santa Fe; una verdadera fiesta con una ciudad entusiasta detrás. Aunque las dificultades están a la orden del día: hay que trasladar numerosos botes con sus trailers. "Es un deporte caro, no es que salimos con la pelotita bajo el brazo, nos subimos al micro y ya está. Movilizarse implica un gasto", apunta Corengia, que sin embargo mantiene un espíritu optimista porque observa una motivación entre las autoridades para promover el cambio.

Remo: un deporte que aportó alegrías olímpicas tiene a sus clubes en crisis por problemas económicos. Foto: LA NACION / Martin Felipe / AFV
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Remo: un deporte que aportó alegrías olímpicas tiene a sus clubes en crisis por problemas económicos. Foto: LA NACION / Martin Felipe / AFV
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Remo: un deporte que aportó alegrías olímpicas tiene a sus clubes en crisis por problemas económicos. Foto: LA NACION / Martin Felipe / AFV
Remo: un deporte que aportó alegrías olímpicas tiene a sus clubes en crisis por problemas económicos. Foto: LA NACION / Martin Felipe / AFV
Remo: un deporte que aportó alegrías olímpicas tiene a sus clubes en crisis por problemas económicos. Foto: LA NACION / Martin Felipe / AFV
Remo: un deporte que aportó alegrías olímpicas tiene a sus clubes en crisis por problemas económicos. Foto: LA NACION / Martin Felipe / AFV
Remo: un deporte que aportó alegrías olímpicas tiene a sus clubes en crisis por problemas económicos. Foto: LA NACION / Martin Felipe / AFV
Remo: un deporte que aportó alegrías olímpicas tiene a sus clubes en crisis por problemas económicos. Foto: LA NACION / Martin Felipe / AFV

"Angustia", es la palabra que utiliza Enzio Peguri para describir el panorama de este deporte que surcó su vida desde muy joven. "Cumplí 50 años como socio del Club Regatas La Marina (1876). Cuando ingresé teníamos cinco mil y pico de socios; hoy andamos cerca de los 700. Además, durante muchos años fuimos la entidad de remo con la flota más grande, unos 500 botes de paseo. Hoy debemos tener en funcionamiento menos de 100, porque los demás están deteriorados, rotos y sin posibilidad de mantenerlos." Peguri empezó a remar en 1964 y recuerda que entonces el club disponía de un buen ingreso de fondos y se podían mantener todas las actividades sin apremios. "Hoy estamos con la soga del cuello –reconoce–. La alternativa consiste en alquilar el salón principal del club y capitalizar carteles de publicidad. Contamos con la ayuda del municipio de Tigre y de la Nación, porque Regatas La Marina fue declarado monumento histórico. Pero para que la entidad sea viable necesitaríamos unos 1500 socios."

Daniel Concilio es tesorero de la AARA y delegado del Club de Remo Teutonia, fundado en 1890. El escenario que grafica es tan acuciante como el de sus colegas: "La situación es terrible, de crisis. Los clubes hacen malabares para poder subsistir. Se está emprendiendo un esfuerzo muy grande con contribuciones, de parte de personas que prestan servicios ad honórem con donaciones, muchas veces hasta para poder pagar las cargas sociales de los empleados". Concilio señala que la subsistencia de un club se basa en la formación de los remeros desde chicos, aquellos que luego integrarán el equipo oficial de competencia de Teutonia. "Bienvenido un adulto que viene a remar y a aprender, pero la base son los jóvenes. A ellos, un mínimo de 30 atletas, hay que ofrecerles una logística e infraestructura que se utiliza todos los días: material flotante, remos, un profesor y un entrenador, lo que trae aparejado un costo importante."

Quizás una excepción sea TBC (Tigre Boat Club), el primer club de remo que decidió instalarse en Tigre (1888) gracias al impulso de remeros ingleses. Juan Pedro Edward, su presidente, comenta: "Dentro del estado general, tenemos que estar agradecidos de vivir una situación equilibrada. Éramos un club muy chico, con lo que la crisis de 2001 nos encontró con una estructura muy pequeña. Sufrimos igual que todos, pero a partir de 2005 comenzamos un plan para volver al remo de competencia, que habíamos abandonado hacía muchísimos años. Eso nos permitió crecer , aumentamos en socios y tenemos un equipo de muy buen nivel". TBC dispone del apoyo de varios sponsors: Banco Ciudad, el municipio de Tigre, la Lotería de la Provincia de Buenos Aires, British Airways y un auspicio de la ciudad de Londres a través de la embajada británica, que solventó algunos viajes a Henley y a otros destinos del mundo para competir. Según Edward, TBC cuenta hoy con 500 socios, entre ellos 60 remeros de la escuela y del equipo oficial del club.

Entre las huellas de un pasado de mayor abundancia en el remo, existe una muy pintoresca: la carpintería que funcionaba en cada galpón de los clubes para la reparación de los botes de paseo. Hoy, varios dirigentes aseguran que el oficio de carpintero desapareció, mientras que la maquinaria correspondiente quedó en desuso. Buena parte de esos botes, hoy percudidos y arrumbados con telarañas, son de procedencia inglesa y de una antigüedad de más de 80 años, casi reliquias. Al ser artesanales, la mano de obra para sacarlos de nuevo a flote requiere mucha inversión. Entonces, no hay personal para la tarea de reconstrucción. Sin embargo, en algunos clubes predomina la figura del "apadrinamiento" de botes para rescatarlos de su ostracismo, reacondicionarlos y ponerlos de nuevo en el agua con recursos económicos propios.

En medio de esta crisis del remo en su más pura esencia, en los últimos años avanzó mucho el remo travesía, en diferentes circuitos a lo largo del Delta y con carreras organizadas por cada club. La diferencia es que son los mismos socios los que se compran los botes, y en varios casos invierten tanto que por poco construyen embarcaciones de carrera. El éxito de esta iniciativa privada quedó patentado con una regata que alcanzó hace poco los 190 inscriptos, una cifra muy grande. Además, Puerto Madero surgió como otro polo de acción, en el marco del programa "El remo vuelve a la ciudad", que captó sobre todo la atención de oficinistas de esa zona y otorgó 5000 carnets en los últimos cinco años. Las escuelas públicas de remo en distintos puntos de Buenos Aires conforman otra de las opciones.

"En medio de esta crisis del remo en su más pura esencia, en los últimos años avanzó mucho el remo travesía, en diferentes circuitos a lo largo del Delta y con carreras organizadas por cada club. "
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El símbolo máximo del remo argentino es la Pista Nacional de Tigre, allí donde se entrena el seleccionado nacional –apoyado económicamente por el Enard– y en el que se realizan las principales regatas. Afectado por la burocracia y los zigzagueos políticos, este canal aliviador del río Reconquista espera desde hace años su cerramiento definitivo para evitar la corriente –que afecta notablemente la práctica deportiva– y sobre todo despejar la basura, que sigue contaminando el agua. Hasta ahora sólo hubo soluciones temporarias: barreras de contención superficiales y el trabajo de recolección incesante de los barcos pluma. María Julia Garisoain, considerada la mejor remera argentina de la historia y vinculada con el Enard, relata cómo fue alterándose el paisaje en relación con los residuos. "Ahora es otra basura. Hace diez años, alrededor del Reconquista había frigoríficos, mataderos y criaderos, entonces encontrabas en la pista animales en su ciclo de putrefacción: chanchos, caballos y pulmones de vaca, además de heladeras. Cuando eliminaron los frigoríficos de la zona, aparecieron los desarmaderos de autos y en el agua empezaron a flotar puertas de coches y carrocerías. Y hoy tenés las villas, que tiran la basura urbana al canal, una recta de 3000 metros. Son millones de botellas y bolsas de plástico que se enganchan en los cables de la pista."

Resultan incontables las anécdotas –ninguna agradable– de los integrantes del seleccionado. "He llegado a ver un hombre muerto, sacado por la Prefectura. Y en una época flotó un caballo dos semanas, todo hinchado. En este país no hay conciencia ecológica, la gente no se da cuenta de lo que tira al río; se piensa que es mágico y que se lleva la basura a otro lado. Ya nos acostumbramos a entrenarnos con agua sucia", se resigna Laura Abalo, medallista panamericana en Guadalajara 2011. Ariel Suárez, 4° en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 en el doble par con Cristian Rosso, habla de los peligros de darse vuelta con el bote: "Te desesperás, sobre todo cuando estás cansado del ejercicio, acumulaste ácido láctico en el cuerpo y no podés respirar. La primera vez que me di vuelta, me hundí, salí a la superficie y me encontré con un perro muerto, que tuve que apartar con la mano".

El equipo nacional está dirigido hoy por el francés Jean Raymond Peltier, contratado por el Enard para que la Argentina suba otro escalón en el concierto mundial. Con una idiosincrasia diferente, el DT se toma su trabajo en nuestro país como un desafío personal, poniéndoles el pecho a todos los problemas: "Lo principal para el remo es una buena pista, y la verdad es que la nuestra está muy mal. Es necesario un análisis bacteriológico del agua, porque no es apta para los atletas. Además, todo se complicó con las últimas inundaciones. Por otro lado, el galpón tiene 40 años y resulta chico, mientras que los vestuarios no son dignos. Tampoco disponemos de la cantidad de botes necesarios, más allá de que hay una flota nueva. En fin, hay un montón de cosas que no están bien", apunta.

Mejores infraestructuras para favorecer el desarrollo deportivo; más federalismo en pos de popularizar la actividad; mayor divulgación del deporte en diferentes niveles y modalidades; una ingeniería más acorde con estos tiempos para levantar la autoestima de los clubes tradicionales. Hay que seguir remando: ése es el reto innegociable.

El tránsito fluvial, otro de los enemigos

El movimiento de embarcaciones creció un 400% los fines de semana. Semejante aumento del tránsito fluvial generó grandes peligros para las embarcaciones a remo, víctimas del oleaje producido por yates de gran porte o lanchas que navegan a velocidades imprudentes. El ingeniero Bernardo Bulgach, del Náutico Hacoaj, luchó muchos años para un proyecto que regulara la convivencia en el Delta. Finalmente, con su aprobación y el apoyo de la Prefectura, ya se está realizando un trabajo de persuasión. "La idea es controlar la velocidad de manera de no hacer olas y asegurar la maniobra, dentro de lo que se denomina el circuito chico del Delta. El objetivo es que las embarcaciones puedan navegar con seguridad y sin riesgos", comenta Bulgach, que se refirió a la próxima etapa: "Están contempladas multas en un futuro que van desde los 1000 pesos. Pero primero buscamos crear conciencia entre los nautas, no queremos empezar por la fuerza".

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