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Cómo reemplazar el dinero en el siglo XXI

Insertada en la economía colaborativa, la plataforma Bioecon propone originales formas de intercambio

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LA NACION
Sábado 22 de noviembre de 2014
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Jorge González es psicólogo. Pero quien ingrese en el sitio www.bioecon.net/es podrá requerir sus servicios ya no como psicólogo, sino como electricista. "Antes de estudiar psicología trabajé como electricista, gracias a mi formación en la escuela industrial -cuenta Jorge, de 59 años-. Desde que ingresé a Bioecon volví a ofrecer tareas de electricidad. Los puntos que obtengo por los servicios que doy los canjeo dentro de la plataforma por masajes, alimentos, muebles o hierbas aromáticas, por ejemplo."

"La idea de Bioecon es reemplazar el dinero. No utilizar nada que se parezca a una moneda para vehiculizar intercambios, y que la gente se conozca", explica Cecilia Hecht, creadora de esta red social en la que sus casi 800 usuarios -en la Argentina y en países como los Estados Unidos, China o España, entre otros- ofrecen y solicitan servicios y bienes, ya sea a través de un sistema de puntos, el trueque, el uso compartido o, simplemente, regalándolos.

Bioecon se encuentra en sintonía con una modalidad de intercambio en auge en el mundo, y también en la Argentina, denominada economía colaborativa. Marcela Basch, periodista especializada en la materia y editora del portal de noticias El Plan C, plantea un acercamiento sencillo al tema: "Si necesito una escalera de cuatro metros para instalar un ventilador, ¿no sería más lógico conseguirla prestada o alquilada, o incluso comprarla usada que comprarla nueva para después dejarla juntando polvo y ocupando lugar en mi casa por toda la eternidad?"

Clases de yoga a cargo de Ana Romas: ése es el destino de los puntos que obtuvo Lucila Brea en Bioecon
Clases de yoga a cargo de Ana Romas: ése es el destino de los puntos que obtuvo Lucila Brea en Bioecon. Foto: Martín Felipe/AFV

Marcela define la economía colaborativa como todas las formas de producir, intercambiar, comprar, vender, compartir, prestar, alquilar y regalar bienes y servicios de forma directa entre pares. "Esta es hoy una forma alternativa de cubrir necesidades y deseos, por oposición a lo normal impuesto por el mercado, que nos acostumbró a que la respuesta a cualquier necesidad es catalogarse como cliente y salir a comprar aquello que nos hace falta.

"Bioecon propone todo un abanico de opciones alternativas a la compra en el mercado: el regalo o economía del don (alguien con una escalera de más me la regala simplemente), el trueque (alguien me da la escalera a cambio de una raqueta de tenis), el uso compartido de bienes y servicios (alguien me presta la escalera, sin pedir nada a cambio) y una cuarta opción que propone un sistema de puntos para poder darle fluidez a los intercambios (si la persona que puede darme una escalera no está interesada en mi raqueta de tenis, puede obtener puntos a cambio y usarlos para conseguir otra cosa en el sistema). Todas estas posibilidades están en el corazón de la economía colaborativa", afirma Basch.

Para Ángela Mariño, de 60 años, restauradora de antigüedades, "la idea de una economía sin dinero es muy movilizante. Además, Bioecon tiende a que uno salga de su rutina cotidiana y explore sus posibilidades". Ángela no sólo ofrece en la plataforma su know how como restauradora para el reciclado de objetos. "Siempre soñé con tener una panadería y ahora tengo una panadería virtual", dice, y agrega: "En casa tengo un patio y los hijos de mis plantitas van a parar a Bioecon".

¿Por qué cosas canjea los puntos que obtiene Ángela en Bioecon? Ropa, por ejemplo, pero también una lámpara de lava que hoy adorna su mesita de noche.

Reglas de juego

El sistema de puntos de la plataforma posee reglas de juego propias que lo hacen único. "Los puntos se generan por la misma existencia de las personas y por actividad -explica Cecilia-. Cuando alguien crea una cuenta en Bioecon, el sistema genera 20 puntos que la persona puede usar. Luego, al realizar un intercambio, por cada 5 puntos involucrados se generan 2: uno va a la cuenta de quien solicitó el producto, el otro para el que lo ofreció.

"La idea es la abundancia, que el medio de cambio no sea escaso -continúa Cecilia-. Pero al mismo tiempo, lo que llamamos oxidación previene la acumulación de puntos, la fetichización del tipo de cambio, ya que aquí lo importante no es la acumulación, sino la actividad."

Así, a los 60 días de generado determinado número de puntos en un intercambio se oxida el 25%, es decir: desaparece. A los 90 días ocurre lo mismo con el 50% y a los 120 con el 100% de los puntos.

"Lo bueno del sistema de puntos es que es un sistema de ida y vuelta entre las personas que permite superar lo complejo que puede ser a veces el trueque, cuando la otra persona no tiene para ofrecer algo que uno necesita. Así, yo puedo ofrecer un budín a una persona y luego usar esos puntos para adquirir verduras orgánicas de otra", comenta Lucila Brea, actriz de 31 años.

Si bien existe una tabla estimativa de referencia, quienes ofrecen los productos y servicios dentro de Bioecon son los que deciden en cuántos puntos ofrecerlos.

"A diferencia del mercado formal, aquí no hay compra ni venta: son acuerdos de una persona con otra, basados en la confianza. Además, otra diferencia con el mercado formal es que uno puede cambiar todo el tiempo lo que ofrece", explica Cecilia, que actualmente ofrece desde su cuenta comida vegana, pero también asesoramiento vía Skype para proyectos, tertulias en inglés o transporte de logística en bicicleta. Lucila, por su parte, comenzó ofertando ropa que ya no usaba, luego un servicio de lectura para no videntes y personas mayores, y más recientemente su trabajo como actriz y budines sin gluten aptos para celíacos.

"Incluso a veces comparto mi cámara de fotos por unas semanas a cambio de puntos, ya que no la uso todo el tiempo", agrega Lucila, que se confiesa fanática de los masajes que, junto con panes integrales, dulces caseros y ropa, constituye uno de los destinos de los puntos que obtiene en este plataforma.

Para Marcela Basch, plataformas de economía colaborativa como Bioecon "ponen de relieve todas las posibilidades que hay para cubrir necesidades y deseos de bienes y servicios por fuera del circuito tradicional del consumo. Y marcar que todos tenemos algo para ofrecer, producir, dar. Así permite correrse del lugar pasivo del cliente, que sólo tiene derecho a elegir qué consumir y se mide por su bolsillo, para generar identidades más complejas y ricas, donde cada uno cuenta con recursos ilimitados, basados en sus capacidades, imaginación y voluntad. Esto lleva a generar identidades más humanas, más empáticas, que favorecen el intercambio y generan comunidades más solidarias".

Más allá de ser una plataforma de intercambio, concluye Cecilia: "Bioecon tiene que ver con el lenguaje: ver qué nuevo lenguaje, que no sea el del dinero, puede generar otro tipo de vínculos sociales, otra forma de relacionarnos entre la gente y con la naturaleza".

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