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Ritmo preciso y humor potente

Viernes 05 de diciembre de 2014
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PARA LA NACION
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Epicrisis / Libro: Laura Coton / Intérpretes: Eva Adonaylo, Laura Cali / Escenografía y vestuario: Julieta Ascar / Iluminación: Pablo Vaiana / Maquillaje: Elena Sapino / Asistente de dirección: Juan Pablo Sedano / Dirección: Edgardo Millán / Sala: ElKafka, Lambaré 866 / Funciones: sábados, a las 23 / Duración: 55 minutos / Nuestra opinión: muy buena.

Dos mujeres, Diana y Minerva, comparten un espacio sombrío. La habitación de una clínica donde están internados el ex marido de una y el padre de la otra, dos hombres mayores con severos problemas de salud. Apenas pueden comunicarse con ellos, aunque las conversaciones entre ellas resultan muy entretenidas y hasta disparatadas.

Minerva es un ser impiadoso con su progenitor y cansada ya de sostenerlo, prefiere verlo morir antes que seguir atendiéndolo. Diana, por interés, opta por estar al lado de su ex pareja, aunque su necesidad real es encontrar otro hombre y llevar una vida más relajada.

La pieza de Laura Coton posee una estructura creativa, diálogos ingeniosos y unos personajes muy bien diseñados. Un contrapunto interesante entre dos criaturas muy diferentes, pero que, finalmente, parecerían complementarse. Unas conductas absurdas que se fortalecen mientras la acción avanza, sobre todo porque el equipo creativo encontró un camino ideal para dar forma a esta representación.

La dirección de Edgardo Millán es muy ajustada. Se apoya en las capacidades actorales de sus intérpretes y extrae de cada una recursos muy potentes. El ritmo es muy preciso y, en más de una oportunidad, la sorpresa se apodera de la atención del espectador permitiéndole ingresar a un campo donde el humor se impone con fuerza.

Diana (Eva Adonaylo) tiene el exacto perfil de una mujer mayor, un tanto perdida por causa de sus desventuras. Aislada de la realidad, prefiere jugar a ser juvenil, ingenua. Minerva (Laura Cali) no puede enfrentar su propia realidad. Es tan terrenal que se asfixia. Su expresividad se torna violenta y no puede contenerla.

Las intérpretes dan vida a este mundo con una naturalidad asombrosa. En sus actuaciones hay mucha verdad. Adhieren a ese juego con una gran libertad y construyen un drama muy vital.

La escenógrafa y vestuarista Julieta Ascar sintetiza con pocos trazos ese ámbito hospitalario con una belleza singular. Dentro de ese marco, el patetismo de esas mujeres se agudiza y hasta parecen figuras extraídas de un cómic.

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