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Museo embalado: tesoros del arte asiático, lejos de los ojos del público

El año que viene cumplirá medio siglo, pero está cerrado desde 2001: el Museo Nacional de Arte Oriental espera en las sombras su renacimiento y sólo puede ser visitado virtualmente

Sábado 06 de diciembre de 2014
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LA NACION
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Foto: Emiliano Lasalvia

Al traspasar la puerta, invaden al visitante en tropel las ideas: una mezcla confusa de conjeturas, sentimientos, interrogantes... Un rápido vistazo registra Budas de bronce sentados en la clásica posición padmasana dentro de una vitrina, a poquísimos centímetros de otra en la que dos primoroso perros de porcelana verde china posan para nadie. Un poquito más allá un paño negro deja adivinar otra figura humana. Casi sin pensarlo, el visitante se acerca, corre la tela y descubre la sonrisa eternizada en piedra en una cabeza shivaita echa en la India en el siglo XIII.

No se trata de imitaciones, sino, al menos en gran parte, de piezas originales. No es un depósito ni un local comercial. Si bien es difícil de creer, se trata de un museo embalado; un museo nacional que tiene 3100 piezas de las milenarias culturas orientales, tres empleados dependientes del Ministerio de Cultura y un cargo vacante de director.

Es el Museo Nacional de Arte Oriental (MNAO), que el año que viene cumplirá medio siglo desde su creación y catorce años desde que se mantiene cerrado al público. Sí, así como se lee: el MNAO sigue funcionando sin acceso de público. La situación se remonta a enero de 2001 luego de una decisión del área de Cultura cuyas razones nunca salieron a la luz. También vieron poco la luz, en esta casi década y media, las valiosas piezas de su patrimonio. Fue sólo para las pocas veces que se logró organizar una muestra en alguna embajada o en otras salas del Museo de Arte Decorativo, que hospeda, en su elegante sede de Palermo, al de Arte Oriental. Allí, en el primer piso del palacete Errázuriz Alvear, en Avenida del Libertador al 1900, el Museo de Arte Oriental está, según personal del de Arte Decorativo, "ocupando espacio".

En tanto, se mantiene la incomprensible decisión de no disponer de un espacio adecuado para la exhibición del acervo cultural, los empleados del MNAO no perdieron el tiempo. Fueron los primeros en responder a la convocatoria oficial para digitalizar el patrimonio y también para completarlo en versión digital.

Por eso, el MNAO se puede visitar, sí, pero sólo en el espacio virtual de las Colecciones Nacionales Argentinas (Conar), del Ministerio de Cultura de la Nación, donde está gran parte del patrimonio museístico: http://conar.senip.gob.ar.

A través de otra grieta virtual, ofrecida en este caso por la red social Facebook, se coló la comunicación entre el público y el personal del museo. Creado hace poco menos de dos años, el muro del MNAO alcanzó hace pocos días los 5000 seguidores. Allí el público hace preguntas, difunde actividades culturales vinculadas al mundo oriental y acompaña a los empleados en su pesar por no poder atenderlos personalmente. Por su parte, ellos aprovechan ese espacio para difundir la cultura oriental por intermedio de las fotos y descripciones de las obras guardadas bajo llave.

Los que corren con ventaja son los investigadores, que, enviados por alguna embajada o institución, pueden acceder a la observación y el estudio de las piezas. Fue el caso, el año pasado, de Amaury Rodríguez, un cubano que vive en México y trabaja en los Estados Unidos y Europa especializado en estampas japonesas. Según el personal del MNAO, al ver las imágenes en tela, Rodríguez murmuró que eran mejores que las que tiene el Museo del Prado. En comunicación con LA NACION desde Kyoto, Japón, donde por estos días Rodríguez se encuentra trabajando, dijo que la del MNAO en Buenos Aires "es una colección muy interesante, con la que estamos justo ahora trabajando para documentarla completamente y poder pensar en una exhibición".

Foto: Emiliano Lasalvia

La de las estampas japonesas es una de las muestras que están preparadas a la espera de un lugar adecuado. Otra de las muestras que se proyectan es sobre piezas de la India. Una de las más entusiastas con ese proyecto es Paula Savón, licenciada en estudios orientales a cargo de la cátedra de historia del arte y cultural oriental en la carrera Gestión del Arte en la Universidad del Salvador. Entre los valiosos objetos que expondrían hay una colección de pinturas en miniaturas rajput de la escuela Mewar, del siglo XVIII-XIX, y esculturas como una base de columna de la dinastía Pala, de los siglos VIII-XIII.

"En este momento tenemos cinco propuestas de muestras que no tenemos dónde hacer. Dos están siendo pedidas por embajadas y tres son por iniciativa nuestra", reveló a LA NACION Carmen "Menchu" Schiavon, presidenta de la Asociación de Amigos del MNAO. Para Menchu, como todos la llaman, la reapertura del museo es "una cuestión personal". Es sobrina de Ricardo Schiavon, uno de los coleccionistas que más impulsaron la creación de este museo y al que enriqueció con valiosas piezas de su propia colección."Mi meta es que mis nietos y los nietos de todos puedan disfrutar lo que nosotros hemos disfrutado en mi casa, porque todas las piezas fueron donadas para ser vistas y no para estar encerradas en cajas", sigue la mujer, quien desde hace cuatro años, cuando asumió la Asociación de Amigos, comenzó a pedir a las autoridades de Cultura la reapertura del MNAO.

Cuando Teresa Parodi asumió, Schiavon les mandó cartas a ella y a todos los funcionarios de su ministerio. Le respondió la directora de Patrimonio y Museos, Araceli Bellotta. "Fue la primera vez en tantos años que recibí una invitación para dialogar durante una hora y media sobre la situación y perspectivas del museo. Noté a Bellota muy comprometida y tengo esperanzas de que esta vez se pueda concretar el traslado a un lugar definitivo", dijo Schiavon. LA NACION quiso conocer el parecer de la funcionaria, pero no fue posible. No respondió a los pedidos de entrevista realizados durante esta semana.

En busca de un hogar

Desde que abrió, en agosto de 1966, si bien había sido creado un año antes, el MNAO está "de manera provisoria" en el primer piso del palacio Errázuriz Alvear. Primero ocupó cuatro habitaciones y, luego que se cerró al público, fue reducido a tres.

El derrotero que vivió incluyó otro episodio novelesco. Desaparecieron y reaparecieron 519 de sus piezas. En 2001, a poco de ser intervenido, se abrió una investigación judicial para hallar esas obras denunciadas como "desaparecidas". Al poco tiempo, 456 de ellas "aparecieron" y, para que no queden dudas, se las exhibió en enero de 2003 en una muestra titulada "Desapariciones y apariciones". Según se registró, habría habido un "problema de inventario" por el que se dieron por perdidas y luego se hallaron allí mismo junto al resto del patrimonio.

Alberto Bellucci, director del Museo de Arte Decorativo desde más de dos décadas, fue designado interventor del MNAO por aquellos años de crisis. "Es muy difícil saber qué pasó con las piezas faltantes y en qué período desaparecieron. Había mucho desorden en la forma de trabajo. Algunas seguramente se deterioraron por el hacinamiento en que estaban. Y otras, en fin, siendo tan pequeñas…", dijo sobre la desaparición de esas piezas

Bellucci había sucedido al último director contratado –Osvaldo Svanascini, que se desempeñó entre 1996 y 2000– y fue reemplazado por otro interventor, que se mantuvo en su cargo hasta 2007, y luego por Alejandra Siquier, que pidió licencia y no regresó, por lo que el MNAO se encuentra actualmente acéfalo y el propio Bellucci tiene la delegación de la firma de despacho para los trámites administrativos.

Foto: Emiliano Lasalvia

"¡Es una barbaridad que el museo esté cerrado al público desde hace tantos años sin ninguna resolución que así lo establezca!", se sorprende todavía Irma Arias Duval, miembro honoraria de la Federación Argentina de Asociación de amigos de Museos (Fadam), frente a la que representa al Oriental. Arias Duval, que integra la Asociación de Amigos del MNAO desde 1972, agregó: "La oportunidad para reabrirlo hoy es excelente por la injerencia que están teniendo las relaciones comerciales con los países orientales y que se podrían complementar perfectamente con un intercambio cultural a través de un museo".

Hasta el momento, los tres empleados conviven su jornada laboral con las colecciones de piedras de la India y de monedas de China, entre otras miles. En tanto, Anush Katchadjian se encarga de documentar y registrar, junto con Patricia Rodríguez, los movimientos de las piezas, su limpieza y su relevamiento anual; el arquitecto Luis Zo tiene a cargo la tarea de mantenerlo y conservarlo.

"Lugar faltó siempre. Cuando se hacían exhibiciones poníamos en depósitos las piezas que no se mostrarían y luego se intercambiaban", dijo Zo, quien, con los materiales a los que tuvo alcance y con virtuosismo y paciencia propios de la cultural oriental que protege, ha ido confeccionando cajas y contenedores especiales para que cada pieza no sea dañada al ser movida de lugar. Como es el caso de la "cunita" que le hizo a una langosta hecha en marfil de tamaño natural y originaria del siglo XIX en Japón. Luis la sacó del cajón de manzanas en el que la mantenían para hacerla reposar dentro de una caja plástica de archivo común a la que le colocó una acolchada espuma de polietileno recortada según la forma de la langosta, de su cuerpo y patas, que están talladas independientemente y ensambladas de manera tal que se puedan apreciar sus articulaciones.

Los proyectos para trasladar el patrimonio del MNAO y abrirlo en otro espacio fueron varios a lo largo de los años. La mayoría de ellos llegó a elegir un edificio y a difundir la noticia del traslado del patrimonio como un hecho inevitable e inminente. En ese trajín se vieron involucrados edificios históricos como el de Riobamba al 985

991, que ahora aloja a la Casa Nacional del Bicentenario. Ese inmueble fue "concedido en forma definitiva" para el Museo de Arte Oriental por un decreto del ex presidente de la Nación Carlos Menem, en julio de 1996, y en respuesta a una solicitud de la Asociación de Amigos del Museo de Arte Oriental.

Durante la gestión presidencial de Fernando de la Rúa, se impulsó ese proyecto, y el arquitecto Luis Caffarini, un incansable colaborador del museo, diseñó una remodelación de cuatro pisos y una azotea según modernos conceptos museísticos de ingreso de luz y conservación de las piezas. Para fines de 1999, esas refacciones estaban en ciernes y sus planos se incluyeron en un catálogo del museo impreso en ese mes. Exactamente un año después, se dispuso el cierre al público del museo, que funcionaba en el de Arte Decorativo, y se frenaron las obras en el edificio de Riobamba, que ya se habían concretado en un 70 por ciento.

Foto: Emiliano Lasalvia

Después se habló de un edificio en Callao al 400 y, luego, en otro intento frustrado a mediados de 2004, se anunció con bombos y platillos la reapertura del museo en el inmueble donde funcionaba el Banco de la Nación en la ciudad de Rosario. Para esto el entonces secretario de Cultura de la Nación, Torcuato Di Tella, llegó a firmar en presencia del presidente Néstor Kirchner un contrato de comodato sin plazo con la entonces titular del Banco Nación, Felisa Micheli. En ese momento, se dijo que "en un mediano plazo" se trasladarían las piezas del acervo artístico del organismo a un edificio bancario que, si bien estaba en condiciones, había que hacerle reformas. En declaraciones a la prensa, los funcionarios de Cultura anunciaban la inauguración en la sede bancaria durante el primer semestre de 2005. No se concretó. Los años que siguieron se mencionó el viejo Correo Central, que está siendo refaccionado para fines culturales; el segundo piso del palacete sobre la avenida Alvear donde funcionan oficinas del Ministerio de Cultura, y también se aludió, como posible sede, a la casa de Lucio Mansilla, en Belgrano.

El patrimonio actual se formó gracias a múltiples donaciones de coleccionistas particulares, entre los que figuran los valiosos legados de Torre Bertuccci y Ricardo Schiavon. Además, también hubo donaciones de los gobiernos de China, la India y Turquía, y de embajadas, entre otras, de Tailandia, Indonesia y Malasia, el legado Rubén Vela.

Otro historiador apasionado por el arte oriental, Julio Sánchez, destacó "la labor de la Asociación de Amigos de un museo fantasma que funciona gracias al amor, el esfuerzo y poco dinero de mucha gente", como "el restaurador Osvaldo Grimaldi, que ha trabajado siempre con mucha dedicación". En cuanto al acervo del MNAO, Sánchez recordó haber visto "piezas maravillosas, como, por ejemplo, los instrumentos musicales tibetanos y tantos otros". También reconoció "calcos de piezas más importantes".

Sánchez insistió en la necesidad de contar con un espacio adecuado para el museo. Y no por razones puramente estéticas. "Si este tipo de piezas no se contextualizan bien pueden pasar por objetos exóticos para nosotros, que tenemos una sensibilidad diferente con todo lo que sea de Oriente. Es decir, lo que para ellos es arte sagrado, porque revela el resplandor de la divinidad, para nosotros no es más que arte oriental en general."

UN DESTINO INCIERTO

Los empleados pasan su jornada laboral rodeados por joyas de la India, China y Japón. Son en total 3100 piezas que incluyen Budas, porcelanas y estampas. Según el personal del Museo de Arte Decorativo, que hace las veces de temporario hospedaje, los objetos orientales no hacen más que "ocupar espacio", mientras esperan, pacientes, un nuevo destino

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