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La voz de la esperanza de la minoría yazidi

Única legisladora de esa minoría en Irak, desde su banca en el Parlamento busca frenar la persecución del grupo Estado Islámico contra miles de mujeres y chicos yazidis

Viernes 12 de diciembre de 2014
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LA NACION
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Sus gritos retumbaban en cada esquina del Parlamento iraquí. La desesperación, la impotencia y el dolor quebraban su voz. Vian Dakhil, la única legisladora yazidi del país, trataba de traducir en palabras, ante cientos de legisladores que la escuchaban impávidos, sus sensaciones sobre la violenta persecución del grupo Estado Islámico (EI) a su gente. "Hoy los yazidis están siendo masacrados. ¡Sálvennos! ¡Detengan esta masacre!", suplicó, entre lágrimas.

El 3 de agosto pasado, los jihadistas de EI lanzaron una cruenta ofensiva contra los 500.000 yazidis -de origen étnico kurdo y religión sincretista- concentrados en el Sinjar, en el noroeste de Irak. Espantados ante la posibilidad de que los decapitaran, violaran a sus mujeres y vendieran a sus chicos, los yazidis subieron la montaña, donde las temperaturas superaban los 50 grados, sin agua ni comida.

Dos días después, el 5 de agosto, en Bagdad, el drama de esa minoría encontró su voz más potente en Dakhil (43 años), legisladora del Partido Democrático del Kurdistán (PDK), que se distingue en el Parlamento por su vestimenta occidental.

"En las últimas 48 horas, 30.000 familias han sido cercadas en las montañas de Sinjar. Sin agua. Sin comida. Se están muriendo. Setenta bebes murieron de sed y asfixia. Cincuenta personas mayores murieron por el deterioro. Nuestras mujeres están siendo tomadas como esclavas y vendidas", denunció Dakhil en su discurso ante el Parlamento, que terminó cuando se desvaneció porque el llanto le había quitado todas sus fuerzas. Recién en ese momento sus colegas se dieron vuelta para mirarla.

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Millones de personas en todo el mundo siguieron con más atención que los legisladores ese desgarrador discurso a través de YouTube. Una de ellas fue el presidente norteamericano, Barack Obama . "Esta semana, una persona iraquí lloró ante el mundo y dijo: «Nadie está viniendo a ayudar». Bueno, hoy Estados Unidos está yendo a ayudar", señaló el mandatario dos días después, al anunciar el inicio de los bombardeos sobre objetivos del grupo jihadista en Irak.

Con la intervención de las potencias, el acoso a los yazidis cedió, pero dejó un dramático balance: 7000 muertos, 4000 secuestrados y unas 700 personas que aún viven en el monte Sinjar, a la espera de ser evacuadas.

Detrás de esos números se esconde una cruda realidad: mujeres y chicas secuestradas, obligadas a convertirse al islam, tomadas como esclavas, vendidas por dinero o armas y obligadas a casarse. Mientras tanto, los que siguen en la montaña temen la llegada de un invierno gélido, que deberán pasar sólo con los víveres que les llegan a través de helicópteros que reparten ayuda humanitaria.

El 12 de agosto pasado, uno de esos helicópteros, donde viajaba Dakhil, se precipitó en el Kurdistán. El piloto murió en el acto y, según los primeros reportes, la legisladora yazidi tampoco había sobrevivido. Pero eso no era cierto. y en un país lleno de tabúes Dakhil decidió desmentirlo al subir a Facebook fotos que la mostraban en el hospital con una fractura en la pierna izquierda, con cables en todo el cuerpo y vestida sólo con una bata.

Ese accidente le dio un nuevo impulso a Dakhil. Decidió transformar su casa en Erbil, donde recibe a chicas yazidis, "en un centro donde las mujeres que escaparon puedan tener acceso a psicólogos y reconstruir su vida".

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"La violación es una temática tabú en nuestra sociedad, como en muchas otras, y si las víctimas son todavía chicas, no hablan y esto las matará, las comerá por dentro", explicó recientemente a la revista Paris Match.

Detrás de esta iniciativa, Dakhil tiene un proyecto aún mayor. Resignada, después de decenas de ataques contra los yazidis en Irak, su tierra natal, quiere conseguir un refugio para su comunidad en el exterior. "Es hora de irnos y dejar de aferrarnos a una tierra que se niega a aferrarse a nosotros", dijo en una entrevista televisiva.

Mientras tanto, la parlamentaria sigue aprovechando su repentina fama para hacer conocer el drama de su gente y exigir la liberación de los rehenes de EI, como hizo hace dos meses, cuando recibió el premio Anna Politkovskaya de la organización Reach all Women in War.

"Es un placer para cualquiera ser honrado con un premio, pero es raro que una persona yazidi pueda sentirse feliz desde el fondo de su corazón cuando nuestras chicas, mujeres y chicos están en cautiverio como rehenes de la organización más peligrosa del mundo", dijo en su discurso de agradecimiento.

"Muchas veces me pregunto: ¿estamos realmente en el tercer milenio? ¿O estamos viviendo en la Edad Media, una época en que la ley de la selva reina y el fuerte hace lo que les plazca a los débiles?", se cuestionó Dakhil, que no duda en mostrarle sus dientes a EI, la fiera más peligrosa de su país.

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