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Robert Biedron, un político paciente contra la intolerancia

Hinde Pomeraniec

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PARA LA NACION@hindelita
Domingo 14 de diciembre de 2014
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Robert Biedron, el primer alcalde gay de Polonia
Robert Biedron, el primer alcalde gay de Polonia. Foto: Archivo

El tipo está feliz y sabe que está haciendo historia. La primera medida la anunció el día del triunfo, cuando en la segunda vuelta, con el 57% de los votos y para sorpresa de todos, el representante de la centroizquierda Robert Biedron ganó la elección para alcalde de Slupsk, una ciudad polaca -alguna vez alemana- de casi 100.000 habitantes al borde del Báltico. Esa noche, Biedron (38) advirtió que renunciaba a las tres limusinas que le correspondían y aseguró que va a movilizarse en bicicleta y en transporte público, para estar a tono con la ciudad, una de las más endeudadas de Polonia. Biedron, que parece un actor de cine, es un hombre atractivo y con el don de la palabra. En 2011 fue el primer diputado abiertamente homosexual y ahora acaba de convertirse en el primer alcalde gay de uno de los países más conservadores de Europa y fuertemente católico (90% de la población), donde hasta 2006 estuvo prohibida la Marcha del Orgullo Gay y donde en 2007 una entidad gubernamental intentó prohibir a los Teletubbies porque uno de sus personajes, Tinky Winky (el muñeco violeta, moreno y que lleva una carterita en la mano), confundía a los niños y parecía "promocionar la homosexualidad".

Por entonces, el gobierno polaco era liderado por dos hermanos gemelos del ultraconservador partido Ley y Justicia, Lech y Jaroslav Kaczynski, uno como presidente y otro como premier. Los gemelos eran una especie de reliquia política, venían de la época de Solidaridad, habían sido abogados de los astilleros de Gdansk y de Lech Walesa durante la lucha contra el comunismo. El premier duró poco en el poder; el presidente murió en 2010 en un accidente de avión.

Licenciado en Ciencia Política, miembro fundador y primer presidente de la organización Campaña contra la Homofobia (2001), Biedron fue considerado este año por la revista Polityka uno de los diez mejores legisladores del Sejm, la Cámara de Diputados polaca, donde no pudo imponer las leyes de unión civil para personas de la comunidad LGBT. Él sabe esperar y sabe que los cambios llegan con presiones políticas, pero también con nuevas generaciones. A partir del ingreso en la Unión Europea en 2004, diferentes instancias de la comunidad presionaron tanto al gobierno polaco que la caza de brujas contra los homosexuales fue perdiendo vigor, al tiempo que los jóvenes van imponiendo como anacronismo autoritario todo vestigio de homofobia. En ese contexto cosechó votos Biedron, quien en consonancia con las culturas más modernas de Europa anunció que habrá Internet libre, energía eficiente y que pretende convertir a Slupsk en una ciudad verde.

Biedron está contento, su capacidad les ganó a los prejuicios. Sin embargo, la intolerancia no se va tan pronto del inconsciente colectivo. A tal punto que mientras en Slupsk fueron capaces de elegir a un alcalde homosexual en una campaña en la que ninguno de los siete candidatos usó el tema en contra de Biedron, en Tuszyn, una pequeña localidad del centro del país, los políticos locales vetaron hace unos días a Winnie Pooh como símbolo de un parque de diversiones. Cuestionaron su "dudosa" sexualidad y su vestimenta inapropiada. Fue en esa sesión apasionante y bizarra cuando un consejero, en el colmo de la indignación, señaló que el oso estaba semidesnudo porque es un "hermafrodita". El señor, muy perturbado por su concepción del mundo y la naturaleza, seguramente confundió el término por "andrógino". Da igual: Winnie Pooh fue vetado para nunca más volver.

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