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El poder oculto de Jaime Stiusso, el señor de los espías

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PARA LA NACION
Jueves 18 de diciembre de 2014
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Se puede cambiar al jefe y al subjefe, ¿pero cambia eso a la Secretaría de Inteligencia? Oscar Parrilli, el nuevo Señor Cinco, debe de estar comprobando en estas horas que ciertas cosas no se modifican por decreto: para empezar, al poder real de un organismo casi indescifrable.

La Secretaría de Inteligencia es un sitio misterioso para todos menos para un puñado de personas. Y el que sabe gobierna. Y el que sabe más que nadie se llama Antonio Horacio Stiles. Es un hombre de 61 años. Es ingeniero. Es fanático de la tecnología. Es padre. Es divorciado. Ha viajado por el mundo y ha forjado una leyenda sobre sí mismo que lo ata al miedo y la fascinación que genera en los demás. Es conocido por su apodo de guerra: Jaime Stiusso. Y la gran pregunta de este tiempo de cambios es sobre su futuro. ¿Sigue Jaime en la Secretaría? ¿Se irá realmente? ¿Se jubilará? Hasta ayer, esas preguntas no tenían respuesta. Un cerco informativo bloqueó cualquier pista seria sobre su futuro. ¿Por qué? Porque nadie sabe si se puede gobernar la Secretaría sin él. Al menos de manera pacífica. O por un año entero, que es lo que falta para que Cristina deje el poder.

El secreto de Jaime es que sabe más que nadie sobre los hombres y mujeres del poder. O sobre el poder mismo, tal vez. Sobre la voracidad de los gobernantes, sobre los pedidos que le han hecho. Jaime trabaja en el espionaje oficial desde hace 42 años. Ingresó a la SIDE en diciembre de 1972 y pasó del tímido lugar de chico de los mandados hasta convertirse en el director general de Operaciones, el cargo más importante detrás del jefe y del subjefe. En todo este tiempo aprendió a pinchar teléfonos, a intervenir computadoras. En este tiempo espió, se infiltró en marchas, hizo seguimientos de personas, montó operaciones contra los enemigos políticos de turno, investigó a bandas de narcos y de secuestradores. En este tiempo también se obsesionó con el atentado a la AMIA, sobrevivió a mil internas, se hizo aliados y enemigos en el Poder Judicial y en las policías de todo el país. Pero hay más, mucho más: en este tiempo, Jaime se convirtió en el enlace de la Secretaría con los servicios secretos del mundo, especialmente con la CIA y el Mossad, sus protectores. Y finalmente: en este tiempo -42 años-, Jaime acumuló carpetas, información, fotos, datos, secretos de los hombres del poder. A pedido de cada gobernante. Y también sobre cada uno de ellos.

El ex presidente Néstor Kirchner y el ahora saliente jefe de la Secretaría de Inteligencia Héctor Icazuriaga
El ex presidente Néstor Kirchner y el ahora saliente jefe de la Secretaría de Inteligencia Héctor Icazuriaga. Foto: Archivo

¿Puede Cristina echarlo con la misma facilidad con la que se desprendió de Héctor Icazuriaga y Francisco Larcher, los viejos jefes de La Casa? Hasta ayer, no había respuesta oficial. Trascendió apenas que podían "castigarlo" quitándole el cargo de director. Como si el título fuera lo importante.

Jaime tiene dos oficinas. Una más o menos oficial, en la sede del edificio central de la Secretaría, con vista a Puerto Madero, cercana a la que hoy empezó a conocer su nuevo jefe, Parrilli. Allí hace de director de Operaciones, saluda amablemente a sus visitas, es correcto con quien quiere serlo, ejerce la diplomacia. Pero también tiene otra oficina, por el barrio de Once, en una de las bases secretas. Es allí donde guarda lo que los demás temen. Ésa es su guarida; allí está el verdadero Jaime. Cuesta imaginarlo juntando sus fotos y sus gorritas y sus diplomas y saludando a sus empleados como quien se jubila de una empresa cualquiera. Cuesta verlo irse así como así. Días atrás, en una entrevista notable en la revista Noticias, declaró que le faltaban cuatro años para llegar a la edad de jubilarse. ¿Qué opina Cristina?

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