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Las mujeres se ganan un lugar en el mundo de la programación

Cuatro historias de vida que muestran cómo está cambiando el ambiente, tradicionalmente reservado a los hombres, del desarrollo de software

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PARA LA NACION
Sábado 03 de enero de 2015
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"Mi abuela Carmen Lloret de Malnis fue la primera contadora pública nacional de la provincia de Mendoza, y cuando quiso entrar a trabajar en un banco, en los años 40, le dijeron que no podían tomarla como empleada jerárquica porque las mujeres estaban limitadas a cumplir roles administrativos. Disconforme con la situación, escribió una carta al banco para explicar por qué las mujeres eran tan aptas como los hombres, y distribuyó varias copias que aún tenemos guardadas. Uno de mis primeros empleos fue como líder de proyecto en un banco, y en mi primer día de trabajo mi familia se emocionó mucho porque estaba cumpliendo con el sueño trunco de mi abuela", relata con orgullo Mónica Colombo, ingeniera en sistemas que trabaja como QA Director en Belatrix, una empresa argentina dedicada al desarrollo de software.

Pero dentro del mundo de la programación las mujeres son minoría. Mariela Lanza, ingeniera de sistemas de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires, opina: "Es fundamental que desde edades tempranas las niñas sueñen con ser profesionales técnicos". Ella ingresó en IBM Argentina hace 6 años como programadora Java y fue escalando posiciones hasta su actual rol de team leader del equipo de Silvergate. Además forma parte de la subcomunidad de mujeres técnicas de esta corporación, donde organizan charlas internas y acciones con la comunidad. "Algunos de nuestros objetivos son incentivar a las niñas para que estudien carreras técnicas y reclutar a las mujeres más calificadas que están en el mercado", detalla.

Cecilia Ivana Argüello Merlin es la única mujer en un grupo de unas 40 personas. "Al principio fue una experiencia shockeante, pero siempre me sentí muy cómoda porque mis compañeros son muy respetuosos. Lo peor de todo es tener que escuchar hablar de fútbol todo el tiempo, en especial los lunes", se ríe esta ingeniera en informática de la UADE que trabaja en la empresa OCA como desarrolladora en lenguaje .NET y analista funcional. Según ella, el momento más difícil que tiene que atravesar una profesional es la entrevista laboral. "En esa situación los hombres corren con ventaja por el prejuicio de que la programación es algo más bien masculino."

Cecilia Mariani, gerenta de ingeniería de producto del Centro de Desarrollo de Software que Intel tiene en Córdoba
Cecilia Mariani, gerenta de ingeniería de producto del Centro de Desarrollo de Software que Intel tiene en Córdoba. Foto: LA NACION

Desde otro ángulo, Cecilia Mariani, gerenta de ingeniería de producto para consumidores en el Centro de Desarrollo de Software que Intel tiene en Córdoba, explica que en su equipo de trabajo hay un 15% mujeres y un 85% de hombres, por eso ella cuando tiene que contratar empleados intenta incorporar más mujeres "porque los grupos más balanceados son los que alcanzan mejores resultados". Con 40 años recién cumplidos esta ingeniera considera que las mujeres aportan mucho valor a un equipo de trabajo porque son más estéticas, detallistas y tienen una mirada distinta de la de los hombres. Sin embargo, reconoce que reclutar programadoras es una tarea difícil porque muchas egresadas abandonan sus carreras profesionales para abocarse a la maternidad. "Si bien es cierto que es difícil conseguir un puesto part-time como programadora, la realidad es que muchas veces se puede trabajar desde la casa, lo que permite organizar mejor la vida familiar", cuenta.

Las entrevistadas coinciden en que jamás han sido discriminadas por su género al momento de conseguir trabajo o ejercerlo. Tampoco mencionan diferencias en el salario con respecto a sus pares hombres ni han experimentado situaciones laborales incómodas. "Todo ha cambiado mucho desde los tiempos de mi abuela a la actualidad. Incluso cuando yo era estudiante universitaria juntamos firmas para remover de sus puestos a aquellos profesores que consideraban que nosotras no teníamos las aptitudes necesarias para ser ingenieras", se sincera Colombo.

Según datos provistos por las universidades, las mujeres aún son minoría en las carreras vinculadas con la informática. Por ejemplo, alrededor del 5% de las personas que egresan de la carrera de ingeniería informática en el Instituto Tecnológico de Buenos Aires son mujeres, mientras que representan el 20% de los que egresan como ingenieros en informática en la Universidad de Palermo. "Si se consideran los egresados de los últimos 10 años, el porcentaje de alumnas que concluyen sus estudios llega al 15%", ilustra Julián Rousselot, director de la ingeniería en informática de UADE.

"A través de los años las mujeres nos hemos hecho un lugar dentro del mundo laboral al demostrar que podemos hacer bien la cosas, porque lo más importante es el profesionalismo de la persona, no su condición o género", opina la ejecutiva de Intel. A propósito, Lanza tiene dos patentes en su haber. "Si ponemos el caso de una historia clínica, con estas soluciones que desarrollé, un municipio puede acceder a datos sobre prevalencia de enfermedades pero sin conocer el nombre y apellido de cada paciente, mientras que los sanatorios podrían conocer todos los datos sobre su paciente, y así sucesivamente para que la información esté resguardada, pero al mismo tiempo disponible según quien las necesite y con qué objetivo", cuenta desde el teléfono inalámbrico de su casa de Tandil, en donde vive y trabaja reportando a otra mujer, que reside en los Estados Unidos, que a su vez también tiene una jefa.

A las entrevistadas se las escucha hablar con entusiasmo, porque destacan que detrás de la programación está la capacidad de crear y resolver problemas, y esto es lo que más les gusta. Como sintetiza Argüello Merlin, que conoció esta disciplina desde chica porque su padre es analista de sistemas, "muchas no estudian la carrera por falta de información, porque si supieran que programar es desarrollar soluciones tecnológicas para facilitarles la vida a las personas, y que no es tan difícil como parece, habría más ingenieras ejerciendo esta profesión tan apasionante".

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