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La buena cosecha del clan No-Jazz Collective

Domingo 11 de enero de 2015
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LA NACION
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Más que una rebeldía, la de los músicos agrupados en el No-Jazz Collective fue una manera de encontrar una definición (y no tener que pagar sesiones de terapia grupales) por el hecho de moverse dentro del mundillo jazzístico y tocar en los espacios habitualmente dedicados a este género, pero hacer una música que no necesariamente está vinculada al jazz.

El último año, Marco Sanguinetti salió a tocar toda la experimentación que plasmó en el disco 8. Cirilo Fernández editó No Fear y hacia fines de 2014 Nicolás Sorín y Esteban Sehinkman sacaron a relucir sus novedades discográficas, Monster y La rueda de la fortuna, respectivamente.

El trabajo de Sorín se enmarca en su grupo Octafonic. Mientras que en su trabajo anterior (Cosmopolitan) plasmó una labor que comenzó en los Estados Unidos y que desarrolló durante varios años (de ahí el atractivo eclecticismo musical con originales ironías, matices tímbricos y de lenguajes) el flamante Monster parece contener obras creadas en un período más corto de tiempo. O quizá la producción total haya sido realizada en menor tiempo por eso suena menos llamativo pero más homogéneo. La principal coincidencia entre sus dos álbumes es la opción por la canción, las letras en inglés y la voz un poco procesada, decisión que, hasta el momento, parece inapelable y acertada en la estética elegida por Sorín.

Su nueva criatura es la maduración de un par de elementos que comenzó a utilizar en el disco anterior y que están en la línea de temas como el poderoso "Hey Mike". Corre el riesgo de perder variedad y riqueza de matices respecto del Sorín Octeto que grabó Cosmopolitan. Pero la sonoridad de Octafonic es inglesa y norteamericana al mismo tiempo; de los setenta, noventa y de este siglo; es crujiente en las cuerdas y aterciopelada en los caños. Monster es un disco de rock donde surgen, en buenas dosis, el recrudecimiento de las guitarras, las bases potentes y unas cuantas sutilezas que toman distancia de la rusticidad. Un disco de canciones en inglés, interpretadas con aliados del No-Jazz (Sehinkman, Cirilo Fernández) que invitarán al tarareo, a seguir el ritmo con el pie.

Esteban Sehinkman llamó Pájaro de fuego a su anterior disco (el cuarto de su carrera), nombre con el que actualmente se identifica a su cuarteto, integrado por él, a cargo de la composición de los temas y los teclados, Daniel Pipi Piazzolla en batería, Matías Méndez en bajo y Nicolás Sorín en voz y sintetizadores. Lo mismo que en el caso de Sorín, lo que Sehinkman logra con La rueda de la fortuna es una evolución de su antecesor. Deja un poco de lado lo funky y "bailable" para encarar otra densidad. La rueda de la fortuna es, también, un viaje en el tiempo hacia el pasado.

La pasión vintage de Sehinkman contiene la fascinación de los jazz rockers y de los virtuosos del rock progresivo por los sintetizadores. Retoma esos sonidos, los actualiza y jamás cae en los típicos recursos de la música electrónica para bailar. Siempre elige otros caminos. El trabajo tímbrico de las "chapas" toma, por momentos, un rol protagónico y hace que el compositor sea un poco redundante con ciertas ideas, riffs o secuencias armónicas. En cambio, la originalidad se potencia cuando se asocia a Sorín en canciones como "Látigo", alineada con los proyectos Zorn-Patton, y "Mr. JZ", más cercana al sindicato de Joe. Sin duda, el No-Jazz Collective tiene mucho para decir.

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