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Ideas equivocadas sobre austeridad fiscal y crecimiento

Domingo 18 de enero de 2015
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PARA LA NACION
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Durante años, Paul Krugman, el economista ganador del premio Nobel y columnista de The New York Times, ha presentado un mensaje central: los "austerianos" (como llama a los partidarios de la austeridad fiscal) que están a favor de bajar el déficit han sido engañados. La racionalización fiscal en un entorno de debilidad de la demanda privada conduciría a un alto desempleo crónico.

El Congreso y la Casa Blanca, efectivamente, jugaron la carta austeriana a partir de mediados de 2011. El déficit presupuestario federal ha caído de 8,4% del PBI en 2011 hasta 2,9%, según estimaciones para 2014. Según el Fondo Monetario Internacional, el déficit estructural (a veces llamado "déficit de pleno empleo"), una medida de estímulo fiscal, ha caído de 7,8% del PBI potencial a 4% entre 2011 y 2014.

Krugman ha protestado vigorosamente. Aduce que la reducción del déficit prolongó, e incluso intensificó, lo que reiteradamente llama una "depresión" (o, a veces, una "depresión leve"). Sólo unos tontos como los líderes del Reino Unido (quienes les recuerdan a los tres chiflados) podrían pensar lo contrario.

Sin embargo, en lugar de una nueva recesión o la continuidad de la existente, tenemos que el desempleo en EE. UU. ha bajado de 8,6% en noviembre de 2011, a 5,8% en noviembre de 2014. El crecimiento económico real en 2011 se mantuvo en 1,6%, y el FMI espera que haya sido de 2,2% en todo 2014. El PBI en el tercer trimestre creció a una vigorosa tasa anual de 5%, lo que sugiere que el crecimiento agregado para 2015 estará por encima de 3%.

Ahí quedaron los pronósticos de Krugman. Ni uno solo de sus comentarios en The New York Times durante el primer semestre de 2013, cuando el recorte austeriano del déficit hacía efecto, pronostica una significativa reducción del desempleo, ni que la economía se recuperaría a tasas briosas. Por el contrario, sostuvo que "el desastroso giro hacia la austeridad ha destruido millones de empleos y arruinado muchas vidas". El Congreso ha expuesto a los estadounidenses a la "inminente amenaza de graves daños económicos por los recortes del gasto en el corto plazo". Y advirtió: "Parece que aún falta un largo camino para la recuperación completa y empieza a preocuparme que eso nunca llegue".

Comento todo esto porque Krugman dio una vuelta olímpica en su columna de cierre de 2014 sobre La recuperación de Obama. La recuperación, según Krugman, no llegó a pesar de la austeridad a la cual recriminó por años, sino porque "parece que hemos dejado de apretar las clavijas: el gasto público no aumenta, pero al menos dejó de caer. Y por ello la economía está funcionando mucho mejor". Es una afirmación increíble. El déficit presupuestario se redujo bruscamente y el desempleo cayó. Sin embargo, Krugman ahora dice que todo resultó como él lo predijo.

De hecho, él ha estado combinando dos ideas diferentes, como si ambas fueran componentes de un pensamiento "progresista". Por un lado, ha sido la "conciencia de un liberal", centrándose correctamente en la forma en que el gobierno puede combatir la pobreza, la mala salud, la degradación medioambiental, la creciente desigualdad y otros malestares sociales. Admiro ese lado de la escritura de Krugman y, como afirmé en mi libro El precio de la civilización, coincido con él.

Por otro lado, Krugman asumió inexplicablemente la responsabilidad de la cruda gestión de la demanda agregada, haciendo parecer que favorecer grandes déficits presupuestarios es también parte de la economía progresista. Los déficits no aumentaron lo suficiente en 2009 para eludir el elevado desempleo -insistió- y caían a una velocidad peligrosa después de 2010.

Obviamente, las tendencias recientes en el empleo y la actividad generan dudas sobre el diagnóstico macroeconómico de Krugman (pero no sobre su política progresista). Las mismas tendencias han sido aparentes en el Reino Unido, donde el gobierno del primer ministro David Cameron recortó el déficit estructural desde 8,4% del PBI potencial en 2010 a 4,1% en 2014, mientras que el desempleo cayó de 7,9%, cuando Cameron asumió, a 6%.

Para ser claro, creo que sí necesitamos que el gasto gubernamental represente un mayor porcentaje del PBI -en educación, infraestructura, energía con bajas emisiones de dióxido de carbono, investigación y desarrollo, y beneficios para las familias con bajos ingresos. Pero debemos pagarlo con mayores impuestos sobre los ingresos, la riqueza y el dióxido de carbono, y con el cobro de futuros peajes en nuevas infraestructuras. Necesitamos conciencia liberal, pero sin déficits crónicos. No hay nada de progresista en un gran déficit presupuestario y una creciente relación entre deuda y PBI.

Krugman es un gran teórico económico y un gran polemista. Pero debe reemplazar su sombrero polémico con el analítico y reflexionar más sobre la experiencia reciente: los recortes del déficit acompañados por la recuperación y la creación de empleos. Ésta debiera ser una ocasión para que reconsidere su antiguo mantra en vez de clamar por la reivindicación de ideas que las tendencias recientes parecen contradecir.

Proyect Syndicate 2015

El autor es director del Instituto de la Tierraen la Universidad de Columbia

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