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Sergi López: "Los argentinos son muy inspiradores"

El catalán regresó para presentar Non solum en Timbre 4 y en abril rodará un film

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PARA LA NACION
Sábado 31 de enero de 2015
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Es notable cómo Sergi López se multiplica en escena para llevar adelante el auténtico tour de force de Non solum. En este espectáculo del ciclo Temporada Alta, que se inició esta semana y cerrará el 8 de febrero en Timbre 4 (México 3554), el experimentado actor catalán asume con destreza y eficacia distintas personalidades para responder a una única pregunta, sencilla y al mismo tiempo inquietante: "¿Qué está pasando aquí?". López termina cada función (ya lleva hechas más de 600 en distintos escenarios) exhausto, pero feliz. Aquí, en Buenos Aires, esa alegría tuvo motivaciones evidentes: una sala llena, mucha gente aplaudiendo de pie y fechas agregadas debido a la febril demanda (hay todavía dos más: hoy, a las 23.15, y mañana, a las 21). "Es la segunda obra que hago con Jorge Picó -comenta-. Con la otra, 30/40 Livingstone, ya estuve en Timbre 4 el año pasado. Los dos son trabajos que revelan nuestro interés por un teatro bastante desnudo. Con el uso de la luz y los movimientos del cuerpo del actor, creemos que un espectador ya puede imaginar. Así que escapamos deliberadamente a la escenografía cargada y a todo lo que suene explícito". Es cierto: con apenas una pequeña tarima, López se las compone para divertir y emocionar a lo largo de una hora y media con un unipersonal austero y atípico que él mismo define como "más difícil de explicar que de ver".

-¿Hubo un disparador inicial?

-Estuve más de tres años sin hacer teatro, y cuando sentí la necesidad de volver, no tenía claro qué hacer. Sabía más que nada lo que no quería: una historia convencional con un personaje al que le van ocurriendo cosas. Entonces apareció la idea de investigar un terreno más onírico. Nos imaginamos a un actor que sale del escenario, toma un brebaje extraño y queda poseído. Aunque no entiendas todo lo que dice, puede resultar interesante...

-¿La construcción del espectáculo fue a través de improvisaciones en la etapa de ensayo?

-Sí, fui improvisando y escribimos con Jorge a partir de esas improvisaciones. Creo que sin ese sistema nunca se nos hubieran ocurrido algunas cosas que pasan en la obra.

-¿Y seguís improvisando en cada función?

-Mucho menos. Ya es un espectáculo bastante cerrado.

-Se está haciendo costumbre verte en la Argentina: viniste el año pasado, estás ahora y volvés en abril.

-Sí, en abril estaré en la Patagonia filmando con un director catalán, Marc Recha. Siempre que vengo a la Argentina me lo paso muy bien. Y también fue un placer trabajar con Federico Luppi (en la película Lisboa) y con Marcelo Piñeyro (en Ismael) cuando me ha tocado. Son gente talentosa y entrañable. Los argentinos son muy inspiradores. Este país tiene grandes artistas y un gran público. Basta con ver lo que significa el teatro aquí. Ya la primera vez que vine, para acompañar el estreno de una película francesa, quedé muy impresionado: ¡todos sabían mucho del cine francés! En España estamos más cerca y sabemos bastante menos. La verdad, me provocan una sana envidia.

-Hablando de España, es conocida tu posición a favor de la independencia de Cataluña. ¿Cuáles son los argumentos más fuertes?

-Tengo conciencia de formar parte del pueblo catalán. Lo natural es que cada pueblo que lo pida pueda autogobernarse. Pienso que en la Argentina esto debería entenderse bien, luego de la experiencia con la corona española. Ustedes quieren ser argentinos, no españoles. A mí me pasa lo mismo con Cataluña.

Cincuenta películas

Sergi López saltó a la fama internacional gracias a su papel en Harry, un amigo que te quiere bien (1999), una muy buena película de Dominik Moll que fue presentada en Cannes, igual que Western (1997), de Manuel Poirier. A pesar de haber actuado en medio centenar de películas, López asegura que llegó a la profesión casi por casualidad: "La secretaria del lugar donde estudié actuación en París me avisó de un casting para un actor con acento español. Fui y me encontré con un jovencito tímido, sencillo, de cabello largo, que me filmó un buen rato. Cuando terminó, le dije «¿Y tú qué haces en la película, ayudas?». Me respondió sin inmutarse: «Soy el director». Era Manuel Poirier, el cineasta con el que más veces he trabajado en mi carrera".

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