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Liu Ming, el médico del Papa

El monje atendió al Sumo Pontífice cuando era arzobispo; en 2013 viajó al Vaticano

Lunes 09 de febrero de 2015
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Liu Ming es una de las personalidades de la colectividad china en Buenos Aires que sus connacionales no dudan en destacar. Formado como monje taoísta en la provincia de Nanjing, llegó a la Argentina en 2002 para ejercer la medicina tradicional de su país y, en pocos años, logró un gran hito: ser el médico oriental del papa Francisco.

Ming tiene hoy 48 años y realiza acupuntura y masajes chinos en un consultorio de Belgrano, cerca del Barrio Chino. Una serie de boxes separados por cortinas pesadas y un ambiente en el que predominan los biombos y la música oriental enmarcaron la charla con LA NACION, que se realizó en voz muy suave para no alterar a los pacientes. "A Jorge Bergoglio lo atendí en la Catedral entre 2004 y 2012. Era muy simpático. Luego viajé una vez a verlo al Vaticano, en octubre de 2013. Ahora él está en el camino de Dios y los males del cuerpo parecen no importar", recordó Liu, que también lidera una escuela de tai chi.

"Siempre le decía al Papa que yo era un médico pequeño atendiendo a un gran médico. Porque hay tres niveles de medicina: la que cura enfermedades, la que cura personas y la que cura países", explicó.

Sobre su escritorio asomaba una planilla que registraba las visitas de otro personaje muy conocido, ligado a la política porteña y que Ming pide no mencionar para no violar la confidencialidad entre médico y paciente. Es que Ming admite que asiste a varios famosos del mundo de la política y del espectáculo.

Cuando recién llegó al país, trabajó en las provincias de Catamarca, Santiago del Estero y Tucumán. Luego se radicó en la Capital. "Las disciplinas chinas, a diferencia de las de la cultura occidental, trabajan hacia el interior de las personas. Tenemos una naturaleza externa y otra interna, la vida es el intercambio de ambas. Los médicos chinos procuramos entender el cuerpo, pero también lo invisible, para solucionar los problemas", describió.

Según Ming, la Argentina tiene una energía muy especial por su ubicación respecto del eje de la Tierra; "una doble energía", le gusta decir. Por eso eligió venir aquí. "Hay una planta en China que sólo florece en primavera. Cultivada acá, florece dos veces: en septiembre, pero también en otoño", ejemplificó.

Con los seres humanos sucedería algo similar. "Tienen a Maradona, a Messi, al papa Francisco...", reflexionó, antes de despedirse.

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