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I love vintage

Una boutique que ofrece ropa usada de primeras marcas internacionales en impecable estado para chicos. Ofrece varios plus: se vende a precios razonables y el modelo de negocio en crecimiento tiene, además, fines solidarios. Para colaborar

Jueves 12 de febrero de 2015
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PARA LA NACION
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Un círculo virtuoso. I Love Vintage es una idea que beneficia a muchos. Reciclado, consumo responsable y solidaridad son sus pilares. Se basa en unos supuestos con los que es fácil coincidir: los chicos crecen muy rápido y dejan la mejor ropa casi nueva.

No siempre nacen en la misma fecha que sus hermanos, por lo que no coinciden los talles de lo heredado con la estación. Cada vez se invierte más en ropa de chicos. I Love Vintage es una boutique de artículos usados de marcas reconocidas para chicos de 0 a 8 años. Polo, Burberrys, Fendy, Bonpoint, Kenzo, Jeanie & Jack, Abercrombie, se lee en sus etiquetas.

La ropa está usada, pero no parece, tanto por su estado, como por el local escondido en una galería de aires franceses de Recoleta (Vicente López 1661, local 16).

Amplio, despojado, percheros luminosos, blanco inmaculado en todas partes y un perfume a limpio. Prendas cuidadosamente elegidas, acondicionadas y con precios accesibles. Todo lo que se compra, tiene devolución: vestido Ralph Lauren 12 meses, $ 220. Vestido Jacadi, también chiquito, $ 280. Camisa Tommy Hilfiger, seis meses, $ 180. Campera Burberrys, para 2 a 3 años, $ 1500.

Hay además zapatos, cunas, cochecitos, libros y todo lo relativo a la maternidad. Prefieren revender marcas internacionales: "Estamos a cuadras de las marcas nacionales. En cambio, la ropa importada es aspiracional pero no está disponible, o es muy cara, y la calidad es muy diferente".

La mejor compra

El diez por ciento de cada venta se dona a Las Tunas, una fundación que trabaja en educación (www.lastunasong.org.ar). Algunas clientas-proveedoras deciden donarle a la ONG el total de su ganancia por lo vendido. Y la ropa que no se vende o no está en condiciones, también se ofrece donarla al Almacén de Ramos Generales de la entidad. Que no es tan coqueto, pero es igual de útil, con precios ínfimos.

Detrás de este proyecto está un matrimonio de profesionales, Valeria Soifer y Federico Caeiro (ella trabaja en el sector energético, él es especialista en ecología). Cansados de la rutina, se lanzaron a un emprendimiento propio. Buscaban una idea buena. "Imaginé un negocio donde alguien se ocupe de elegir exactamente bien las cosas. Y le sirve a todos: a la mamá que compra a buen precio y buena calidad. A la mamá que deja en consignación y recupera algo de lo que invirtió, o vuelve a comprar en talles más grandes. Suma al medioambiente y a la comunidad de Benavídez a la que ayudamos", dice Soifer.

Las clientas más fieles pasan todas las semanas a ver las novedades, dejan lista de pedidos (camisa Polo celeste talle 6, por ejemplo) y son amigas de Verónica Laborde, la que todo lo sabe (es capaz de llamar a una mamá cuando entra un vestidito ideal para Juanita).

Cada proveedora firma un contrato de acuerdo cuando deja su ropa, que debe ser de buenas marcas, en buen estado, con todos los botones, sin agujeros ni manchas. "Buscamos un precio justo, que le cierre al que compra y al que vende", explica Soifer.

No hay números en Argentina, pero Caeiro alerta de la cantidad de ropa que se tira en el mundo: "Toneladas por día. Acá tenemos 12.000 prendas que van a ser reutilizadas. Más de 300 proveedores en consignación".

El negocio prospera, y crece en volumen, aunque el margen de ganancia es chico y tiene un gran trabajo detrás: "Recibimos, seleccionamos, acondicionamos, etiquetamos, lo cargamos en un sistema informático que centraliza toda la información, acordamos el precio y, después de la venta, hacemos la rendición y pago".

De todas formas, hay planes de expansión en un segundo local y piensan lanzar una plataforma de venta online. Una buena idea.

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