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Daniel Cerezo: “La peor pobreza es la incapacidad de proyectarse”

El gerente de Cultura y Felicidad de la empresa Páez dice que hoy los jóvenes buscan ser escuchados y sentirse parte –nunca un recurso– en su lugar de trabajo

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LA NACION
Domingo 15 de febrero de 2015
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Apenas estaba dejando atrás su infancia cuando empezó a ser conocido como "el profe" de música del barrio pobre donde vivía. Fue entonces, luego de que lo convencieron de que podía enseñar lo que de otras personas generosas había aprendido, cuando llegó a una conclusión que parece guiarlo ahora en sus acciones: "Descubrí que la peor pobreza es la incapacidad que tiene uno para proyectarse".

Daniel Cerezo tiene 31 años, es psicólogo social y está a cargo de la Gerencia de Cultura y Felicidad de la firma fabricante de alpargatas con diseño Páez. Es un cargo que no le ofrece la oportunidad de compartir charlas con pares de otras firmas (es que no los tiene) pero que sí le permite, según lo que cuenta, tratar de mejorar la calidad de vida de las personas, desde un lugar diferente al que lo hacía en su adolescencia.

Cerezo recibe a LA NACION en la sala de esparcimiento, donde el metegol y la mesa de ping pong comparten espacio con una pequeña exposición de calzados de estilo tan informal y distendido como el de este gerente. Su lugar habitual de trabajo está en el piso de abajo, donde las computadoras están dispuestas de tal forma que no se diferencia el cargo de cada empleado (o bien, como dirá varias veces Cerezo, de "cada integrante de la comunidad Páez").

¿Cómo llegó a ser él parte de esta firma?Cuando era muy chico, su padre trajo a la familia desde San Juan. Le habían prometido trabajo y vivienda, pero eso de la casa no se cumplió y terminaron usurpando un terreno. Lo peor llegó poco después: con 38 años, el jefe de hogar falleció. La pasión por la música acercó a Cerezo, a sus 10 años, a la Fundación Crear Vale la Pena, donde fue alumno, docente, coordinador y director ejecutivo. Luego pasó por varias ONG y, entre otras actividades, dio charlas a presos. "En 2010, en una charla que dábamos cuatro jóvenes de 27 años, estaba Tomás Pando, creador junto a dos socios de Páez", recuerda. Tras escucharlo, el emprendedor lo quiso en su equipo. "Me dijo que así como habían innovado en el producto, querían innovar en la forma de trabajar", cuenta. Tras estar tres años y medio en la gerencia de Capital Humano, estrenó el espacio laboral que ahora ocupa.

–¿Cuál es la función de la Gerencia de Cultura y Felicidad?

–Un punto clave de mi responsabilidad es mantener una cultura de amistad; ser flexibles al mismo tiempo lograr que las personas sean responsables. Uno de los grandes conflictos es que cuando las pymes crecen, pierden su cultura de familiaridad, de amistad.

–¿Qué cosas concretas se hacen?

–Nosotros vemos a cualquier miembro de la comunidad en sus tres ámbitos: profesional, personal y social. Llamamos a cada uno por su nombre, yo los conozco. Tenemos, por ejemplo, el programa Abrí tu bocho: cada tres meses viene alguien a dar una charla para inspirar desde la experiencia; tenemos otro programa que se llama Educándonos, para que todos tengan por lo menos el secundario terminado. En el aspecto social, la idea es que la persona sea formada en la parte más solidaria, porque ahí es donde creemos que está la felicidad.

–¿Y qué es la felicidad?

–La felicidad pasa por entender que formás parte de algo y que ese algo te permite ser quien sos. En Páez creemos que la felicidad pasa por cómo se transita esos tres ámbitos: profesional, personal y social. Queremos lograr que el clima laboral sea confortable, que las personas se sientan parte de esta comunidad, que tengan voz y voto. Acá hay personas que no son un número; cada uno es responsable de su tarea, no hay ficheros. Es muy difícil, cuesta mucho crear el balance del empleo feliz y el empleo eficiente. Damos beneficios como tres semanas de vacaciones a los dos años de trabajar, licencias de 15 días para quienes son padres y el pago de la mitad del sueldo a las madres que extienden la licencia de tres meses a tres más.

–Hay cuestiones en las empresas, como los conflictos en las relaciones personales o la disconformidad con salarios u otra cuestión. ¿Cómo entra ahí en juego el rol de esta gerencia?

–La mayor parte de mi tiempo invertido en Páez es en la escucha profunda. Hablo con todas las personas. Conozco a los 30 operarios de la fábrica [la empresa tiene en total 71 empleados entre la parte administrativa, los locales propios y la planta]. Tuvimos, por ejemplo, el caso de un pibe que cada vez que llovía no venía a trabajar; fui a hablar para ver qué pasaba y me dijo que si llovía no podía salir del barrio; ese día lo acompañé a su casa y era increíble ver desde qué lugar él llegaba al trabajo, era como él decía... Entonces le dijimos que cuando pasara eso, se llevara laburo extra para hacer en su casa. Además, desde nuestro programa Construyendo Comunidad, ahora estamos pensando en elegir cada año la casa de un operario que esté en dificultades, para ayudarlo; por un lado, hablando con bancos; por el otro, proponiendo una vez al año un voluntariado para ir y colaborar en la construcción de la vivienda. A eso llamamos felicidad: cuando se siente que hay otros y que se puede ayudar; es la felicidad porque me hace bien hacerle bien a otros. Como empresa, otra misión de Paéz es acompañar a emprendedores.

–¿Creés replicable el modelo de la Gerencia de Felicidad?

–¡Sí! Estoy convencido de que las empresas tienen que llegar a esto. La Generación Y exige que haya cambios. Está el tema de las cuatro P de recursos humanos: ¿Por qué estás en una empresa? Las respuestas son poder, prestigio, plata o placer. Antes, prácticamente 60% respondía por prestigio, 20% por plata y el resto se dividía entre placer y poder. Eso cambió. Ahora la idea es: "Trabajo en una empresa donde me escuchan, donde siento que formo parte".

–Hoy decías que la peor pobreza es la incapacidad de proyectarse, ¿cómo te proyectás hoy?

–Acá queremos seguir innovando en lo que tenga que ver con mejorar la calidad de vida de las personas. Yo jamás me olvido de dónde vengo, Estoy también en la Fundación Creer Hacer, que trabaja para crear puentes entre el sector público, el privado y el social; acompañamos a empresas que empiezan a tener conciencia social y generamos proyectos para jóvenes que viven en las villas, pero también llaman desde barrios privados, para hablarles a jóvenes con conflictos. Existen múltiples pobrezas, y quien se cree que por ocupar una gerencia o estar en tal lado tiene más derechos que otros, es una persona pobre. En todos lados hay carencias tremendas.

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