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La economía depende de la ética, aunque no parezca

Tener una ética consolidada con principios filosóficos muy sólidos es condición necesaria, aunque no suficiente, para ser candidato a ocupar la primera magistratura del país

PARA LA NACION
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Orlando J. Ferreres
Miércoles 18 de febrero de 2015 • 03:12
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La economía ha pasado a un segundo plano por los acontecimientos políticos que han abarcado casi toda la vida nacional desde el inicio de 2015. Las cifras actuales de recesión de -2,6% y de inflación anual del 35%, con lo que pueden implicar para la vida de muchos argentinos, han ocupado un pequeño lugar en las noticias y sólo en las páginas interiores de los diarios.

La discusión sobre los temas éticos (o sobre su ausencia, es decir la corrupción) está predominando sobre los intereses cotidianos de la economía. También las definiciones de estrategia de país a largo plazo, en la que nos han ido haciendo pertenecer gradualmente -para que no haya mucha resistencia- al bloque Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador y algunos cercanos a Irán, además de Rusia, China y otros bastantes alejados de Estados Unidos y de los países occidentales se sienten como que no están aceptadas por la sociedad. Sino que fueron adoptadas por poca gente con poder, muy ideologizados, y se requiere dar marcha atrás para tomar distancia y repensarlas. Estos temas están generando mucho más conflicto de lo esperado por los grupos en el poder.

Por otro lado, el problema de falta de ejemplaridad en las primeras figuras del país es también un hecho que entró a afectar a los ciudadanos. La disminución de sus imágenes positivas así lo indica. Esta reducción actual es adicional a otras condiciones negativas que la afectan como la inseguridad y la inflación.

"El problema de falta de ejemplaridad en las primeras figuras del país es también un hecho que entró a afectar a los ciudadanos "
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Si bien a la población parece no preocuparle, y tampoco lo exigen formalmente nuestras leyes, se requiere una moral sólida de las primeras figuras del país para sostener el interés general y no caer en la apropiación privada del poder con objetivos y visión parcial del bien común. Teniendo el poder de decisión, la tentación es muy grande y sólo fuertes principios morales pueden guiarnos a hacer lo correcto. Este es el principal problema que hemos tenido desde 1930 y aún antes: no sólo el dinero desviado por la corrupción sino, peor, mucho peor aún, las decisiones equivocadas, muy alejadas del óptimo económico, para favorecer al que paga por una decisión corrupta, ineficiente. La decadencia relativa respecto de otros países es la consecuencia.

En la Discusión de Baviera entre el filósofo Jürgen Habermas y el teólogo Joseph Ratzinger, luego Papa, del 19 de enero de 2004, sobre los fundamentos prepolíticos del Estado Moderno, se puede vislumbrar que la democracia se basa en consensos, los que van cambiando con el paso del tiempo, pero se requieren fundamentos desde afuera de la política para las cuestiones morales de todo Estado. El título de la ponencia de Habermas, "¿Fundamentos prepolíticos del Estado democrático de derecho?, entre signos de interrogación, ya es un indicador de que para él la ética y los valores requieren fundamentos desde otros ámbitos como pueden ser los valores que indica la religión- ejemplo, los diez mandamientos o las enseñanzas del budismo y confucionismo-.

Requerimos fundamentar filosóficamente nuestro accionar político para recién pasar a las decisiones económicas compatibles en un todo consistente con el bien común de la sociedad. Todo esto pensando para que dure en el largo plazo y no sólo en el día a día o en el corto plazo, como es el modus operandi del populismo.

"Requerimos fundamentar filosóficamente nuestro accionar político para recién pasar a las decisiones económicas compatibles en un todo consistente con el bien común de la sociedad "
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En definitiva, tener una ética consolidada con principios filosóficos muy sólidos es condición necesaria, aunque no suficiente, para ser candidato a ocupar la primera magistratura del país. También es fundamental tener un buen diseño político de instituciones y capacidad de gestión en equipo. Es decir, ser capaz de hacer que las cosas ocurran. O sea, primero la ética, después la economía, si bien a muchos no les parece que sea así e incluso afirman que puede haber un presidente sin valores, que se base sólo en la gestión.

Si no contamos con una ética sólida y una excelente capacidad de acción, sólo viviremos de esperanza en esperanza, pero seguiremos decayendo como en los últimos 70 años, con tantas esperanzas frustradas. Ya es hora de cambiar de tendencia y las elecciones de 2015 son una oportunidad, aunque haya muchos que descreen que se pueda llegar a un cambio importante en esta oportunidad. Sin embargo, ese cambio es posible y hay que luchar por él. No ocurre solo, tampoco lo hacen "los otros".

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