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De la afinidad afectiva a la colaboración artística

Ricardo Piglia, Eduardo Stupía y el músico Luis Nacht son amigos y artífices de la La incertidumbre: un libro-disco objeto que surgió de la relación personal; "la amistad es también una sintonía estética", dice el escritor

Miércoles 25 de febrero de 2015
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LA NACION
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No toda nostalgia nace de una carencia o de una inconclusión. Cada arte está completo en sí mismo: la literatura no necesita el golpe de vista del plano que tiene la pintura; la pintura no necesita el despliegue temporal de la música, y la música tampoco necesita el referente ni los modos de significación de la literatura. Aun así, la historia de cada una de ellas abunda en tentativas -muchas de ellas, como la de Morton Feldman, gloriosas a su manera- de reconciliar lo irreconciliable. Pero hay también otra vía, ya no sostenida en esa competencia, sino en la curiosidad y en las afinidades. Esta vía es la que tomaron Ricardo Piglia, Eduardo Stupía y Luis Nacht en el libro objeto (y disco objeto) que hicieron a seis manos. La incertidumbre, el título, es bastante exacto y tiene algo de programa en la medida en que deja ver que no podía preverse del todo qué pasaría con esa colaboración.

Piglia, Stupía y Nacht se conocen desde hace mucho; en realidad, no los tres juntos, sino el pintor y el músico con el escritor, que es algo así como el vértice de este encuentro: tal vez hacía falta al principio el sentido de la palabra para poder después alejarse de él y de ella. Pero antes que nada está la amistad. "Es también una condición del arte -dice Piglia-. Tengo un defecto, no puedo ser amigo de alguien si no me gusta lo que hace. Así que la amistad es también una sintonía estética." Esta idea encontró una realización muy particular en la colaboración de Piglia con Gerardo Gandini en la ópera La ciudad ausente, pero no es menor con Stupía, con quien ya realizó una muestra conjunta sobre sus diarios en la galería de Jorge Mara, y con Nacht, a quien conoce hace años. "En el caso de Eduardo, admiro su capacidad de desactivar las formas y dejar leves señales e indicios dispersos que permiten imaginar y ver conjuntos en fusión. En La incertidumbre usó el montaje y el collage para sugerir una lejana atmósfera de film noir, hace cine microscópico y onírico. Luis trabaja la improvisación y avanza en experimentos y experiencias musicales cada vez más libres, se instala en la tradición de jazz moderno y la contamina con ecos de música folk y con aires urbanos. Cada vez que lo escucho, me dan ganas de escribir."

Los trabajos de Stupía les van como anillo al dedo a los fragmentos narrativos (o confesionales) de Piglia. Esto ocurre porque la literatura de Piglia y el trabajo de Stupía (en el collage, naturalmente, pero también la pintura) se construyen a partir de la interrupción, y en los casos en que pueden constatarse continuidades son simples interrupciones enmascaradas. Con todo, también aquí en el inicio estuvo la amistad. "Yo tengo un espectro amplio, no obstante lo cual tampoco podría encarar proyectos con artistas a los que no me uniera una afinidad al margen de las cuestiones artísticas -observa Stupía-. A Piglia lo conocí personalmente no hace mucho, gracias a Jorge Mara, pero labramos una relación instantánea. Esa instantaneidad tiene que ver con una zona de confluencia tácita, que se da también en el plano personal. Y, aparte, el universo de gustos de Piglia es bastante afín al mío: el cine y la novela negra, por nombrar dos... Pero si este proyecto funciona es porque Nacht hizo como productor vocacional, él vio lo que podía hacerse. Cruzar la voz grabada de Ricardo con música era algo muy atractivo."

Stupía se refiere al track 8 del CD, con la lectura que Piglia hace de los propios textos que están en el libro. La entonación de Piglia es allí sorprendente por la distancia aséptica con los episodios narrados ("lee como si leyera el texto y no lo que sucede con el texto", observa Stupía) y tiene efectos en lo que Nacht logra musicalmente: habilita una nueva instancia de sentido para el músico. El saxo no constituye un simple acompañamiento; la voz del escritor es en todo caso un primus inter pares.

"Me gusta no haber metido mano directamente. El collage es aquí una amalgama. Me retiro de la apariencia fuerte de la marca manual. Hay una cierta ajenidad que coincide con la neutralidad de la lectura de Ricardo. A diferencia de los diarios, trabajé aquí con un universo de fuentes mucho más acotadas. Aparece hielo, por ejemplo, y pongo la imagen de hielo. Ironizar sobre una similitud que es falsa, ironizar sobre la posibilidad de ilustrar. El collage te induce a una detención y después te expulsa."

La incertidumbre se escapa de todas las formas y abre el espacio para pensar una ilusoria unificación poética de las artes o la posibilidad de que semejante unificación sólo suceda por medio de las diferencias que existen entre ellas (el tiempo en unas y el espacio en otras). "Imagino que la ópera y el cine han postulado esa unidad, son grandes colectivos de artistas que se combinan y trabajan juntos -explica Piglia-. Lo curioso en los dos casos es que se ha logrado un público cautivo que conoce de antemano lo que espera encontrar en esas obras. Las artes del lenguaje, por llamarlas así, es decir, la forma que tiene el lenguaje cotidiano como materia básica, no puede amoldarse o integrarse a otras artes. La vanguardia ha intentado llevar la literatura hacia otros ámbitos, pero sin grandes resultados. Cuando hablamos de vanguardia nos referimos básicamente a imágenes y sonidos. William Burroughs señalaba que los pintores lograron salir de la tela, mientras que los escritores no pudieron salir de la página. La pantalla y las nuevas tecnologías siguen atadas a la lectura lineal, más allá de los cortes y las interferencias que se pueden usar. Tal vez el arte conceptual sea una salida."

Una obra a seis manos

La incertidumbre (Club del Disco/Ultrapop/Cultura Nación)

Los textos de Piglia y los collages de Stupía conviven con las improvisaciones de Nacht, en el libro objeto que se presenta el 6 de marzoa las 18 en el Bellas Artes

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