Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Poesía oral, o la belleza de la palabra a viva voz

En cuerpo y alma. Poetas jóvenes, muchos de ellos provenientes de los suburbios o de la escena punk, conforman una ascendente corriente artístico-literaria, que promueve la pluralidad y la experimentación en encuentros en los que se hace escuchar una nueva generación y que tienen como protagonistas, entre otros, a Poesía Estéreo y Vicente Luy

SEGUIR
PARA LA NACION
Viernes 27 de febrero de 2015
0

¿De qué nos reímos? Hay unos tipos parados arriba del escenario que están diciendo en octavas no sé qué cosa acerca de su sexualidad. Alguien les está poniendo puntos, como si fuera una pelea de box entre contrincantes que no se tocan. Al final de la noche alguien se va a consagrar vencedor. Es domingo, estamos en La Oreja Negra (Uriarte 1271), y hay cerca de doscientas personas escuchando. Es el Slam de Poesía, uno de los tantos eventos del circuito de Poesía Oral de Buenos Aires, y atrás de estos tipos que hablan de su sexualidad subirán otros que hablarán de otras cosas, y otros que recitarán alejandrinos, y otros que harán sonidos con la garganta y otros que le gritarán a su madre ausente. Pasarán cerca de cincuenta poetas hasta que se elija al campeón del Slam, que gozará de su fama de gueto hasta que al mes, en el siguiente torneo, un nuevo nombre imponga su poética. Y nosotros (porque asistir a una de estas lecturas es asumir el colectivo que se forma) nos reímos. Es el espasmo provocado por la identificación, o el rubor cómico tras la burla. Es el efecto que en general busca el poeta en estos escenarios.

No debiera ser extraño: hace cientos de años, Safo de Mitilene dio a conocer su Oda a Afrodita en algún balcón de Grecia y quienes la escuchaban, probablemente apenados por algún amor idiota, bien podían asentir con fanatismo. O Virgilio recitaba la Eneida y, de boca en boca, sus palabras llegarían hasta las páginas de Wikipedia. No mucho tiempo atrás la Generación Beat se juntaba en los antros de Nueva York y leía poemas obscenos a la luz de la calavera. ¿Qué nos extraña, entonces? La poesía fue siempre la puesta en público de la palabra privada.

"La lectura de poesía en voz baja, tal como la conocemos, es mucho más nueva de lo que pensamos, tendrá doscientos años, antes era siempre en voz alta", dice Sebastián Kirzner, más conocido como Sagrado Sebakis, uno de los máximos exponentes de la movida de poesía oral. En la misma línea, el escritor chileno Alejandro Zambra escribe que el poema "debe romper el circuito de la soledad, aunque no haga más que hablar de esa soledad", y en un ensayo cuenta que se forjó como poeta asistiendo a recitales de poesía suburbanos. Por caso, uno de los textos que los tipos sobre el escenario podrían estar diciendo es el siguiente:

Foto: LA NACION

Yo creo que podría ser poeta porque me gusta vestirme de negro/ y puedo pensar imágenes incongruentes como un marxista dueño de un fideicomiso/ un Porsche con remolque o un pescador en Birkenstocks sorbiendo un capuccino/ con el meñique apuntando al cielo./ He estudiado a los poetas que hacen canción sus líneas/ sin más razón que el hecho de que así se debe hacer,/ enamorados del sonido de sus propias voces/ terminando cada línea con el tono arriba/ siempre cada línea con el tono arriba/ mientras leen, y leen, ¡y leen!

Es uno de los poemas emblema de Poesía Estéreo, escrito por el norteamericano Taylor Mali y adaptado aquí por el dúo que conforman Kirzner y Diego Arbit, hoy por hoy líderes de la movida de poesía oral que se extiende no sólo en la ciudad sino también en el país. Este verano, por ejemplo, el Slam salió de gira por San Rafael, Las Grutas, Mar del Plata y San Marcos Sierras, con una asistencia de miles de personas. Es una invasión ruidosa, que se filtra poco a poco, de centro cultural en centro cultural, siempre atenta a la clausura de tal o la reapertura de tal otro, disgregándose por las calles hasta volverse inabordable.

Es, como Virgilio, como Safo, lo que está saliendo de las bocas de una generación.

"Luego de 2001 hubo una proliferación de ciclos literarios. Había muchas ganas de decir algo pero había poco por decir. El nivel no era muy bueno, las lecturas eran más bien aburridas. Pero se imponía la necesidad de expresarse de una generación. Personas cuyo decir no pasaba ni por la estructura de Garcilaso de la Vega, con quien aprendieron a pensar conceptos poéticos, ni por la tristeza peronista de Alejandra Pizarnik, sino que tenía que ver con algo vital. Algo que se está gestando en este momento y que responde a la actualidad. Y para eso está el Slam, que es una carcasa, un juego competitivo que permite el fluir de ese decir. Mirá: en cinco años el Slam modificó todo el panorama literario joven. Vas hoy a todos los circuitos de poesía y se lee de parado, se lee poniendo el cuerpo en juego. Es raro encontrar hoy poetas que lean sentados con el vaso de agua al lado, cuando era completamente normal hace unos años. Eso lo cambió el Slam, que tiene como regla que se debe leer de pie", dicen a coro Kirzner y Arbit.

Otra de las voces fundamentales del grupo -aunque en términos estrictos, ninguno se considera parte de un grupo o movimiento- es Mariana Bugallo. Más conocida como Mana, explica con sus palabras el fenómeno. "Que haya un aplauso sincero originado porque gustó lo que vos tenías para decir es muy satisfactorio. Porque cuando la poesía oral te conmueve, lo hace desde una fibra que en general no se acostumbra tocar. Por eso la gente cuando viene por primera vez al Slam la flashea, porque se siente conmovida desde un lugar novedoso. Por otro lado, una de las mejores cosas es que empezó a haber público de poesía: podés ver a cincuenta poetas y trescientos tipos en el público, que no son esos poetas. Se inventó un público que no existía, pero que estaba queriendo existir."

Ella también salió a la luz en un slam, tras coronarse campeona involuntaria: "Fui a leer acompañando a un amigo, pero yo no era poeta. Leí algo que había escrito y gané. Y qué sé yo? se sintió lindo, ganar a cualquier cosa se siente lindo".

Poesía non stop

Además del Slam, hay lugares para escuchar a poetas durante toda la semana. Una vez por mes se lleva a cabo el Sucede en el teatro Margarita Xirgu. Allí no sólo se escucha poesía sino también música e intervenciones de todo tipo. Los martes y sábados del año pasado se realizó en el Emergente Bar (Gallo 333) el Circuito Cerrado, otra fecha organizada por Poesía Estéreo e ideal para poetas que quieren mostrarse. Además, ellos mismos realizarán eventos en el Encuentro Federal de la Palabra, donde se realizará el primer Slam nacional, con participantes de todas las provincias.

Los miércoles, Juan Xiet organiza el Rockelin Club de Artistas, también en el Emergente. Y los terceros jueves de cada mes, en el bar El Universal de Palermo (Pasaje Soria 4940), se lleva a cabo el ciclo Tercer Jueves, donde se puede escuchar poesía con menos alboroto y bastante más atención. Organizado por Fernando Bogado (cuya obra completa, Jazmín paraguayo, acaba de ser publicada por la editorial Nulú Bonsai), el ciclo ya lleva más de cincuenta terceros jueves y ha visto pasar a autores de todos los estilos.

Cuenta Bogado: "Al circuito de poesía oral llego motivado por estas dos cosas: el hambre musical que tenía de salir, de mostrar lo que escribía y bancármela (bancarme la recepción, buena o mala); y, por otro lado, por la necesidad de buscar otras voces que estaban en la misma situación que yo: poetas jóvenes, congéneres que escribían como yo, desde las sombras, desde el margen (desde el conurbano, estrictamente), muchos de ellos pertenecientes a la escena under alternativa y punk, y que de a poco iban armando estos espacios para leer".

-¿Se escribe distinto para el formato oral que para la poesía tradicional?

-En principio, todos los poemas parten de la escritura (y, si me apuran, de esa idea de "archiescritura" que atraviesa todas las prácticas, en términos derridianos). Sin embargo, hay poemas que tienen elementos que no se perciben en la lectura silenciosa y sí en la oral. Todo depende de las condiciones materiales en la cual esa poesía es escrita o para la cual esa poesía es pensada: cuando leo, busco captar la atención de todos, y muchas veces eso lo puedo hacer con un poema leído de manera calma y apoyado por el micrófono y otras veces lo consigo leyendo a viva voz y con ese gesto entre punk-rocker y predicador que tengo (o que trato de tener). Pero hay que tener cuidado con eso: insisto en la idea de que lo importante es la escritura, no hay que dejarse comer por la lectura frente a público, porque muchas veces el proceso de fetichización que comienza a darse (en el cual vos te convertís en el "objeto poeta under" y no en un escritor, en un poeta) puede resultar perjudicial para la propia escritura. Cuando alguien comienza a escribir especulando con el efecto sobre el público y empieza a ver que poniendo tal o cual verso en tal o cual lugar logra risas o expresiones de aceptación, ahí ese poeta pierde fuerza y empieza a convertirse en un humorista, en un standapero. La poesía que vale, muchas veces, escribe contra su público, y no a favor de él.

Escondites

En "la casa de los chasquidos", donde todo empezó, se siguen escuchando nuevas propuestas. Tiene el encanto de haber nacido en la clandestinidad de un centro cultural furtivo. De allí salió Juan Francisco Moretti, poeta neurótico que hizo de su pedantería icónica un juego de espejos, donde la poesía y el humor se encuentran sin tanto sarro prosaico, combinando líneas en las que podrían reconocerse tanto a Manrique como a Ginsberg:

"Si trituro todo lo que no es vivir y sigue siendo de día, si me embrutezco los nervios,/ si pongo mis sentidos al servicio de mi cerebro y mi cerebro al servicio de otros en vez de hacer exactamente lo contrario,/ si me trenzo las venas y mezclo café con brea para ajustarme a ser una herramienta maciza empuñada por la voluntad estruendosa y prepotente de la modernidad,/ si me frunzo y me disuelvo y sólo existo en un sentido puramente orgánico,/ entonces y sólo entonces, quizás, pueda acceder a un crédito hipotecario."

-¿Cómo llegás a la poesía oral?

-Por suerte. Entré a bares en noches de poesía oral, vi cosas extraordinarias y seguí asistiendo. Miré videos del slam de varios países. En ciclos locales encontré a poetas deslumbrantes, me pareció que se divertían mucho, incluso (sobre todo) en los textos más conmovedores, cargados de angustia o confusión. Así que quise jugar yo también. Empecé muy tímido, leyendo los poemas que ya tenía, y después escribí cosas específicamente para recitarlas. Y es cierto nomás: es un juego muy divertido, que puede ser muy serio.

-¿Diferencias entre lo oral y lo íntimo?

- Cuando leo un poema en mi casa, un poema de cualquier autoría y estilo, lo hago en voz alta. Lo repito varias veces, juego con el tono, la intención, el ritmo, las pausas, y esas interpretaciones se acumulan y se mezclan, lo intensifican. Un buen poema guarda muchas posibilidades: para saberlo, basta con que releas hoy los versos que te conmovieron hace años. Cuando leo en público, impongo a los oyentes mi propia lectura. El poema oral es mucho más comunicativo, y mucho menos permeable. El autor está ahí captando tu atención, pero también explicando su intención: se sacrifica el enigma por el bien del mensaje. Eso es determinante en el momento de escribir. Son máquinas diferentes. Algunos poemas que me gustan mucho pierden toda la gracia en el traslado a la oralidad.

-¿Qué poetas de los que conocés, de los que te rodeás, digamos, creés que de acá a treinta años pueden ser algunos de los grandes poetas que dejó esta generación?

No sé cuáles van a ser los cánones de trascendencia, y más en un género donde las tendencias duran poco y los talentos se renuevan. Puedo decir que mis hijos van a ver videos del Slam, van a escuchar las obras de Mariana Bugallo y Eric Barenboim, de Poesía Estéreo y Daniela Regert, de Lucas Gutiérrez y Javier Dubra, de Sol Fantín y de Dogo Nauta, de So Sonia y de muchos más, y van a leer libros de Susy Shock, Sebakis, Sebastián Goyeneche y Fernando Bogado. Y van a adorar a algunos y a odiar a otros, y no van a ser los únicos. Digo: esta generación va a dejar muchísimos grandes. Ya veremos cuáles recoge la próxima.

Santos y pecadores

Cada generación tiene sus santos. El de ésta pareciera ser Vicente Luy, loco lindo que deambuló como una sombra fluorescente por el circuito incipiente de la poesía a secas, un atormentado fabuloso que dejó no sólo un puñado enorme de poemas sino además la lección final antes de suicidarse lanzándose por un balcón en Salta, valga la paradoja.

"La poesía es la única ciencia que se ocupa del problema", escribió. Cuentan de él que le gustaba irrumpir en eventos culturales cualesquiera y exigir -con total justicia, por otra parte- que se le hiciera un lugar en el micrófono para hacer su arte un rato. El mensaje finalmente llegó: hoy los eventos como el Slam, el Circuito Cerrado o el Tercer Jueves tienen como única consigna la pluralidad y la experimentación. Todos tienen acceso al micrófono. Así como Luy, sin decirlo, necesitaba el escenario para poner a prueba su obra, los poetas jóvenes de hoy van creando su estética conforme la ponen a prueba.

Susy Shock, por ejemplo, una suerte de Pedro Lemebel porteño, logró que su "Reinvindico mi derecho a ser un monstruo" sea como un himno, como aquel "Hablo por mi diferencia" del chileno. Juan Xiet convirtió en marca de estilo su poética beat, sus versos de cartón de vino y su look marginal. Todos, a fuerza de pararse y decir, lograron su lugar.

Los chicos de Poesía Estéreo son los principales defensores de estas consignas plurales. "El Slam es cero elitista. La gente sabe que puede fallar, porque ésa es la única manera de mejorar. Acá no te vamos a decir qué es poesía y qué no. Hay una idea un poco frígida de que las vanguardias siempre se construyen en oposición a algo, y ésta no. La discusión de qué es poesía y qué no es para gente corta de mente situada en el siglo XIX, o gente que no entendió nada de la sociedad del espectáculo. El Slam es un formato de educación no formal integrador, donde tenés que poner en juego no sólo la literatura, sino también el aparato fonador y el cuerpo, y trabajar todo eso en conjunto con la noción de espacio y la noción de público. Y hay trescientas personas que están ahí para apoyar a los lectores. Tipos que se fanatizan, que tienen sus favoritos. Hay poetas que vienen acá a ganar la copa, y ganar la copa no importa un huevo, no tiene sentido alguno, lo que importa es que escuchaste otras 49 nuevos poéticas distintas de la tuya, entonces mejoraste, y al otro mes mejoraste más, y todo en red. Lo peor que nos pasa hoy es que las políticas fascistas juegan con la desinformación. Si tenés a alguien aislado le podés hacer cualquier cosa, entonces el Slam se conforma de gente que se mueve en red. Hoy se cierran muchos centros culturales, eso no se sabe. Lo mejor es mantenernos juntos y hacer. Siempre hacer. Después se puede criticar, es lo de menos, pero lo importante es que nunca dejemos de hacer. La poesía oral, en ese sentido, es poesía que está viva."

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas