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Memorias culinarias de una escritora con buen gusto

El recetario de Marguerite Yourcenar sorprende primero como una curiosidad literaria y, también, como reflejo de la biografía de la autora, una mujer de todos los días

Domingo 01 de marzo de 2015
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LA NACION
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Se levantaba a las 8.30 y acompañaba el café de la mañana -especiado con un grano de cardamomo- con un english muffin con manteca y mermelada. En Petit Plaisance, la casa de Mount Desert Island, al este de los Estados Unidos, se comía en la cocina. Vegetales, trigo y especias. Muchos dulces. A las tres comidas diarias se agregaba, dos o tres veces por semana, el té de las cinco. Marguerite preparaba las recetas que anotaba a mano, mecanografiaba, recortaba y atesoraba en un estante con libros allí, cerca de las teteras y los fuegos. Grace, su compañera de vida, hacía las compras, recolectaba las hierbas del huerto, picaba ingredientes y lavaba todo. Disfrutaban con amigos los sabores. Celebraban las fiestas. Compartían el gusto por lo sencillo. Elogiaban la lentitud.

Así de cotidiana es la protagonista de La mano de Marguerite Yourcenar (Del Nuevo Extremo), trabajo de la chilena Sonia Montecino y la francesa Michèle Sarde: una novedad que sorprende por la revelación del placer y hábito culinario de la autora de Memorias de Adriano, aspecto inédito que tiene en este volumen -menudo y cálido- un abordaje tan interesante como accesible. Cada especialista en su ensayo, que anteceden al recetario comentado que cierra el volumen, desgrana la vida y los talentos de un ser cosmopolita que desde que nació en Bruselas, en 1903, amó las vacas lecheras. Su madre, belga, murió ese junio, días después de dar a luz. A las semanas, no más, Marguerite crecía junto con su padre, el francés Michel Crayencour, en el castillo Mont Noir de su dura abuela paterna. "Me alimenté bien, pero de otro modo. Hacia la edad de diez años aprendí a comer carne «para ser como todos», pero seguí rechazando todo cadáver de animal salvaje y toda criatura alada. Luego, cansada de esta guerra, acepté la carne de ave y el pescado. Cuarenta años más tarde, indignada ante la matanza de animales, volví al camino que había seguido en la infancia."

"Vegetariana" y "expatriada" es la cocina de esta inesperada Yourcenar, al decir de las autoras. Antropóloga, Montecino habla de esta mujer, que por supuesto superó la idea de la cocina como espacio de opresión, desde el punto de vista de la alimentación, del collage de escrituras culinarias y de los contenidos de las recetas. En cambio, Sarde, biógrafa (suyo es el estudio Marguerite Yourcenar: la pasión y sus máscaras, 1998), interpreta con un profundo conocimiento las huellas de la vida y la obra de la escritora en el recetario que ella misma encontró en la biblioteca de la Universidad de Harvard mientras examinaba la correspondencia que más tarde se publicaría como Cartas a sus amigos.

De la afinidad entre la lengua que habla y la lengua que degusta, la mano que escribe y la que cocina, trata este libro. "Yourcenar no tenía ninguna intención de construir un recetario cuando envió a la biblioteca aquellas hojas sueltas con sus recetas predilectas, que usaba para sus comidas íntimas -cuenta Sarde a LA NACION-. Nosotras las compilamos dándoles una función de transmisión. Sin embargo, el hecho de que las haya incluido entre los documentos que consideró dignos de archivar en Harvard indica que consciente o inconscientemente los consideraba válidas trazas."

-¿Prepararon ustedes algunas propuestas del recetario de la escritora?

Montecino: -No sólo nosotras; también en el restaurante Le Flaubert, en Santiago, se inspiraron en sus recetas, y cuando salió el libro, hubo un menú con reminiscencias de las de Yourcenar. Nos gustan mucho las sopas frías, la masa de pizza y las trenzas de especias.

Sarde: -Para mí, que comparto con Yourcenar el hecho de haber sido una francesa residente en Estados Unidos por muchos años, esta cocina cosmopolita me resulta muy familiar. Sigo preparando el suflé de queso, pilar de la cocina francesa. Y me encantan los scones con el té de la tarde, y usar en las preparaciones las hierbas del jardín.

-Es muy valioso el testimonio inédito de Joan Howard que citan en el libro.

Sarde: -Joan Howard es una de las personas que estuvieron más cerca de la escritora en los últimos años de su vida y tras la muerte de Grace. Era una joven estudiante estadounidense que preparaba su tesis de doctorado sobre la obra de Yourcenar, y hablaba muy bien francés. Marguerite la invitó a pasar varios veranos en su casa de Maine y cocinó para ambas. La conocí personalmente, le pregunté por los platos, y muy generosamente fue a consultar el diario de aquellas estadas, donde había registrado en detalle la vida cotidiana. Nadie le había pedido antes que se expresara sobre esta experiencia. Hoy, Joan Howard forma parte del Trust Yourcenar, que vela por la memoria de la escritora y la conservación de su casa.

-¿Concibieron este libro como un aporte para los seguidores de Yourcenar o como una curiosidad atractiva para el lector en general?

Montecino: -Concebimos este libro para los lectores en general, para los amantes de la obra de Marguerite, y también para los cocineros que pueden rastrear y conocer allí los nexos indisolubles entre gastronomía y biografía. Sin duda, hay que saber cocinar para hacer sus recetas, pero es delicioso pensar en sus gustos, seguir sus preferencias; es un nuevo modo de acercarse a la autora [desde lo sensible]. Comprendemos que no todos los lectores manejan el arte culinario, pero si despertamos su curiosidad, será un buen logro en relación con la multidimensionalidad de la existencia de una escritora, y de modo amplio de cualquier ser humano.

Sarde: -Para el lector de la obra de Yourcenar, esta Yourcenar que cocina es una sorpresa. Se ha dicho a menudo que escribía como un hombre y, tal vez, sea una de las razones de que fuera aceptada en la Academia Francesa; fue la primera mujer en ingresar en esa institución. Esta faceta desmitifica el "monumento", "feminiza" y, paradójicamente, humaniza a la autora y su obra. Este cuaderno reconstituido, que refleja una ética del mundo y de los otros, una actitud ecologista, de preocupación no sólo por los animales, sino por todas las criaturas vivas, puede ser una inspiración que lleve no sólo a cocinar, sino también a pensar de manera diferente.

-¿Por dónde discurrieron hasta encontrar el enfoque de "la mano"?

Montecino: -La noción de "la mano" nos surgió cuando reflexionamos sobre la escritura y la cocina como oficios que implican la mano en el sentido corporal y simbólico. Se puede hablar de la buena mano en la escritura como en la preparación de platos y, de ese modo, quisimos conjuntar la imagen de Marguerite como literata, pero también como una mujer que sabía vivir y prodigar a los demás sus preparaciones. Letras y platos se confeccionan con la mano y ello nos guió para construir el sustrato del texto.

-¿Harvard sigue siendo la cuna de sus tesoros?

Sarde: -Ciertamente. Y el viaje a Harvard que deben hacer los investigadores les da un carácter de "tesoro escondido" a esos archivos. Vale la pena recordar, fuera de la notable traducción de Memorias de Adriano firmada por Cortázar, que Yourcenar se interesaba mucho en Borges, y hay correspondencia con Victoria Ocampo y Silvia Barón Supervielle.

-¿Qué creen que hay en la cápsula Yourcenar 2037, que se abrirá a los 50 años de su muerte?

Sarde: -Es el gran misterio que nos reservó Marguerite. Sólo se sabe que en esa parte oculta del tesoro figura su correspondencia íntima con Grace Frick en los años 30 y un texto titulado Sources I. Curiosamente, la continuación, Sources II, no estaba oculta y pudimos publicarla. En cuanto al resto, podemos soñar? ¿cuadernos de notas, fragmentos de diarios íntimos, cartas, quizá fotos..?

Un tesoro que sale a la luz

Montecino y Sarde encontraron en la Universidad de Harvard los papeles que registran la pasión de Yourcenar por la cocina

Escrituras con sabor

La preocupación culinaria de Colette se inscribe en varias de sus obras

Pablo Neruda escribió una "Oda al caldillo de congrio"

Julian Barnes cuenta en El perfeccionista en la cocina sus experiencias entre sartenes y cazuelas

Las espirituosas le dieron letra a Kingsley Amis para Sobrebeber.

De sor Juana Inés de la Cruz es el famoso Libro de cocina del siglo XVII La preocupación culinaria de Colette se inscribe en varias de sus obras

Panecillo de pascua

Ingredientes

1 paquete de levadura seca

1 taza de agua bien tibia (110 a 115°C)

2 cucharadas de azúcar

2 1/4 tazas de harina

1 cucharadita de sal

1 cucharadita de canela

1/4 cucharadita de nuez moscada

1 huevo

2 cucharadas de grasa

1/2 taza de grosellas

1/4 taza de ralladura de cítricos

Paso a paso:

En un bol, disolver la levadura en agua bien temperada. Incorporar el azúcar, la mitad de la harina, la sal y las especias. Revolver con una cuchara hasta que la mezcla esté suave. Agregar el huevo y la grasa. Incorporar la harina restante, las grosellas y la ralladura. Limpiar los bordes del bol y cubrir con un paño. Dejar leudar en un lugar tibio (29°C) hasta que doble su volumen, 30 minutos aproximadamente. Aplastar la masa y, con una cuchara, llenar los moldes engrasados para muffin hasta la mitad. Dejar leudar en un lugar tibio hasta que la masa alcance el borde de los moldes, 20 a 30 minutos. Calentar el horno a 200°C (modo caliente). Hornear de 15 a 20 minutos. Dibujar una cruz sobre cada uno con el glaseado blanco y rápido

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