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Basura digital: Agbogbloshie, la otra cara del desarrollo tecnológico

En un barrio de Accra, la capital de Ghana, está uno de los vertederos de desechos electrónicos más grandes del mundo, adonde llegan toneladas de desperdicios desde países desarrollados; para la nación africana, el negocio del reciclado genera millones de dólares

Jueves 05 de marzo de 2015
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LA NACION
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ACCRA, GHANA.-El chico de la boina se seca con una mano las gotas de sudor que le corren por la cara, mientras con la otra agita una barra metálica con la que remueve una enfurecida bola de fuego. De las llamas nace un denso humo negro. No el humo putrefacto de la quema de los residuos de la ciudad, sino un humo espeso, químico, que emana de una maraña de cables abrazados por las llamas.

Por detrás de la cortina gris se asoma la figura de dos, cinco, doce jóvenes camuflados. Unos intentan encender los restos de algo que alguna vez se pareció a una computadora, otros remueven alguna que otra tímida fogata y el resto mira cautivado el serpenteo de las llamas.

"Me dedico a quemar cables para obtener cobre", cuenta Abdurahim, mientras se acomoda la boina desteñida por el humo. De 25 años, se pasó los últimos diez derritiendo cables en Agbogbloshie, un barrio de Accra, la capital de Ghana, que en los últimos años se convirtió en el vertedero de desechos electrónicos más grande de África.

Aquí, en este cementerio electrónico que cubre un área del tamaño de 11 canchas de fútbol, además de quemarse cables, se amontonan pilas de monitores, computadoras, teclados, impresoras, televisores, reproductores VHS y los restos de un sinfín de artilugios irreconocibles. Chatarra proveniente en su mayoría de países desarrollados que es clasificada para luego ser descuartizada para la extracción de metales valiosos, como cobre, aluminio, hierro y oro.

" Según la ONU, anualmente se generan unos 50 millones de toneladas de basura electrónica, y la producción sigue en aumento "

"Nos dedicamos a comprar desechos para desmantelarlos y quitarles las piezas valiosas", dice Yussif Mahama, el vicepresidente de la Asociación de Distribuidores de Chatarra de Gran Accra. Y es que, para hacerse una idea, el 10% del metal dorado de todo el mundo se usa en la fabricación de aparatos electrónicos.

En 2013 se vendieron en el mundo casi 50 millones de televisores planos, 300 millones de computadoras y 2000 millones de celulares. Una producción que acerca el desarrollo a cada vez más personas alrededor del planeta, pero que también responde a un consumo exacerbado que implica consecuencias tan tangibles como el problema de la basura digital. Según la ONU, anualmente se generan unos 50 millones de toneladas de basura electrónica, y la producción sigue en aumento.

Con el fin de asegurar el adecuado reciclaje de estos aparatos, en Europa cada producto incluye en su precio una tasa de reciclaje por el que se recaudan unos 4000 millones de euros al año. Sin embargo, se calcula que por lo menos dos tercios de los residuos nunca llegan a una planta de reciclaje homologada. Esto se debe a que el costo de hacerlo en Europa es mucho mayor que el de exportarlos. Mientras que reciclar una computadora en Alemania cuesta 3,5 euros y un monitor en Francia, 5, enviar una pieza en un contenedor en Ghana no cuesta más de 1,5 euros.

Por ese motivo, con el fin de proteger a los países subdesarrollados, desde 1989 la exportación de desechos peligrosos está prohibida. Todos los países menos Estados Unidos -responsable de la producción de 9,5 millones de toneladas anuales-, Afganistán y Haití ratificaron el Convenio de Basilea sobre el control de los movimientos transfronterizos de los desechos peligrosos.

Pero, a pesar de la prohibición, los países desarrollados recurren a las donaciones y a la excusa de la reducción de la brecha digital para deshacerse de sus viejas computadoras. De esta manera, basura proveniente de Estados Unidos, Gran Bretaña, Bélgica, Holanda y España, entre otros países, llena cada mes unos 600 contenedores que llegan al puerto de Tema, el más grande de Ghana.

" Con el fin de proteger a los países subdesarrollados, desde 1989 la exportación de desechos peligrosos está prohibida "

"A los países europeos, a Estados Unidos o a Japón no les importa enviar sus residuos afuera con tal de que estén lejos", denuncia Cosima Dannoritzer, la directora de cine alemana y autora de La tragedia electrónica, un documental estrenado el año pasado con el que trata de cerrar el círculo iniciado en Comprar, tirar, comprar, que aborda los efectos de la obsolescencia programada. "Es como barrer y esconder el polvo debajo la alfombra. Con la diferencia de que esta alfombra está en nuestra casa: es nuestro planeta."

En su nuevo documental, Dannoritzer muestra los residuos electrónicos que se generan, su reciclaje ilegal y su tráfico desde Europa y Estados Unidos hasta vertederos de Ghana y China a través del rastreo de los dispositivos electrónicos encontrados en Agbogbloshie, un lugar que define como "apocalíptico".

La cantidad de residuos que llegan a África se duplicó en los últimos tiempos, dice la documentalista, que calcula que el tráfico ilegal de la basura mueve ya más dinero que el de la droga. Además, la propia basura se convirtió en una metáfora de la humanidad, según ella. "Somos lo que tiramos. La basura es el retrato más fiel de las personas. De aquí a unos siglos, los arqueólogos del futuro se toparán con montañas de basura, mucha de ella electrónica", dice.

Por el momento, el enorme volumen de basura que llega al puerto de Accra supera ampliamente la capacidad de las autoridades aduaneras y termina inundando los vertederos locales. Según una estimación, entre el 25% y el 75% de los bienes exportados a África como productos de segunda mano no son reutilizables. Y, como consecuencia, "alrededor del año 2000, cuando el material inutilizable empezó a acumularse, se creó el basural de Agbogbloshie", recuerda Yussif.

Pero para que el negocio de la basura digital fuera viable hacía falta otro componente: la mano de obra barata. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), hacia 2002 más de la mitad de la fuerza laboral urbana en el África subsahariana se dedicaba al sector informal. Esto se debió, según un informe de Martin Oteen-Ababio para el African Studies Quarterly, a las políticas adoptadas por Ghana desde 1983, luego de años de declive económico que culminaron con la liberalización del comercio. La privatización de las empresas estatales, la eliminación de los subsidios y la austeridad fomentaron aún más el desempleo formal y la sociedad pasó a depender de las "industrias de supervivencia".

" La cantidad de residuos que llegan a África se duplicó en los últimos tiempos, dice Cosima Dannoritzer, que calcula que el tráfico ilegal de la basura mueve ya más dinero que el de la droga "

Según el estudio de Oteng-Ababio, en Ghana la recuperación de metales valiosos genera a los trabajadores ingresos de unos 3,5 dólares por día, casi dos veces y medio el ingreso de un trabajador informal medio. Éste es el motivo por el que miles de personas se vieron atraídas por el negocio de la basura electrónica. Y si bien es difícil determinar el número exacto debido a la falta de registros, según Yussif, ahora unas 3000 personas trabajan en Agbogbloshie.

Lo que sí se sabe es que el 90% de los recicladores llegan a Accra (en el sur del país, donde la población es mayoritariamente cristiana) provenientes del norte musulmán, la parte más subdesarrollada y azotada desde hace años por la violencia étnica. "Con el conflicto llegó mucha gente, y nosotros fuimos quienes empezamos a organizarlos", cuenta Joseph Odartey Lamptey, delegado de la Autoridad Nacional de Jóvenes de Accra. Al principio, los jóvenes se dedicaban a comprar metales, pero no entraban al vertedero; en cambio, con el tiempo empezaron a dedicarse a la recuperación de metales, explica.

Éste es el caso de Sam Sandow (32), que se pasa el día en su taller de chapa desarmando todo tipo de electrodomésticos. Sentado sobre la carcasa de un monitor, hora tras hora repite el mismo movimiento. Elige la pieza entre una montaña de chatarra, la afirma sobre el suelo de tierra y la aprieta con las piernas, para luego, con una maza, golpearla hasta separar la pieza valiosa.

"Me dedico a desmantelar aparatos. Lo que saco de aluminio y cobre, o a veces si recupero alguna tarjeta madre, se lo vendo a los comerciantes de basura", explica Sam desde el alero de su taller, uno de los cientos que conforman el complejo entramado de pasadizos de Agbogbloshie.

" Según el estudio de Oteng-Ababio, en Ghana la recuperación de metales valiosos genera a los trabajadores ingresos de unos 3,5 dólares por día, casi dos veces y medio el ingreso de un trabajador informal medio "

Si bien Sam sobrevive gracias a su trabajo, también se queja de las malas condiciones del lugar. "Aquí está todo sucio, hay chatarra por todas partes y la basura bloqueó la corriente de agua de la laguna", dice. Sin embargo, lo más grave son las quemas en el descampado que comienza donde terminan las casetas de chapa. "Allí están todo el día quemando cables, y eso no es bueno para la gente", agrega.

Jóvenes

Aunque gran parte de los trabajadores que se ocupan del desmantelamiento son hombres adultos, quienes se dedican a la quema de cables son adolescentes y chicos. De hecho, un 40% de los trabajadores son chicos de hasta cinco años enviados por sus padres para que los ayuden económicamente. Viven en Agbogbloshie, que tiene unos 40.000 habitantes. En su mayoría van a la escuela por la mañana y por la tarde trabajan recolectando trozos de metal o arrastrando carros repletos de basura digital por 1,5 dólares por día, con lo que ayudan a sus familias.

Los metales recuperados los venden a intermediarios, que, a su vez, los revenden a empresas que los exportan a países asiáticos, como China. Y es que la basura digital, una industria global de siete billones de dólares, juega en Ghana un papel fundamental al dar empleo indirectamente a unas 30.000 personas, y aporta por año entre 105 y 268 millones de dólares al país. Este negocio, sin embargo, también llevó a la aparición de entidades dinámicas con vínculos entre la economía formal e informal. Un negocio que beneficia a unos 200.000 ghaneses, pero que, sin embargo, tiene graves consecuencias para los trabajadores y para el medio ambiente.

En algunas zonas de Agbogbloshie la concentración de plomo en el suelo llega a superar 1000 veces la tolerada y la contaminación de aguas subterráneas y del aire provocaron la desaparición de la biodiversidad. "Estamos arruinando el medio ambiente. Por eso pedimos al gobierno y a las organizaciones que nos ayuden para no seguir contaminando", pide Sam. Sin embargo, su mayor preocupación se centra en las incineraciones.

A la destrucción del medio ambiente se suma la continua exposición de los trabajadores a sustancias tóxicas como el mercurio, los retardantes de llama bromados o el cadmio, mediante la inhalación de humos. La acumulación de estas sustancias en el cuerpo puede producir a mediano y largo plazo enfermedades que a menudo son irreversibles. Desde dolores de cabeza, tos, erupciones y quemaduras hasta enfermedades respiratorias, abortos involuntarios, problemas reproductivos y diferentes tipos de cáncer.

" La basura digital, una industria global de siete billones de dólares, juega en Ghana un papel fundamental al dar empleo indirectamente a unas 30.000 personas, y aporta por año entre 105 y 268 millones de dólares al país "

Con el fin de mejorar las condiciones de trabajo en Agbogbloshie, un grupo de jóvenes creó el proyecto Plataforma de Creadores del Espacio de Agbogbloshie (QAMP, por sus siglas en inglés). "Buscamos transformar el terreno en una especie de comunidad de jóvenes emprendedores", dice DK Osseo-Asare, uno de los fundadores de la organización. Para ello, QAMP hace talleres para hablar con los jóvenes sobre su trabajo y sus aspiraciones con el fin de conectarlos como comunidad, ayudarlos a crear una estrategia a futuro y colaborar en los aspectos técnicos.

"La realidad es que sí hay problemas de polución, y de hecho los jóvenes están muriendo -afirma este arquitecto norteamericano-ghanés-. Pero a la vez estas personas están ayudando a sus familias."

De hecho hay aldeas enteras en el norte del país que viven gracias a Agbogbloshie, y se está llevando el desarrollo a zonas remotas de Ghana. "Por lo tanto, el problema tiene una doble lectura, su lado bueno y su lado malo", añade DK Osseo-Asare.

A pesar del enorme impacto del negocio de la basura digital en la sociedad ghanesa, hasta el momento el Parlamento no aprobó una ley que regule su importación. Pero para Atiemo Sampson Manukure, investigador del Centro de Investigación de Química Nuclear y Medio Ambiente, no es sólo un problema de Ghana. "Si la Unión Europea aplicara sus protocolos, el problema no existiría, pero los países desarrollados no tienen interés en resolverlo debido a los altos costos. Por lo tanto, Ghana sola no podrá hacer mucho", advierte.

" A la destrucción del medio ambiente se suma la continua exposición de los trabajadores a sustancias tóxicas como el mercurio, los retardantes de llama bromados o el cadmio, mediante la inhalación de humos "

Mientras tanto, la tierra cubierta de restos plásticos y metálicos en el descampado de Agbogbloshie está cada vez más negra, más contaminada, más inerte. Sólo sobreviven las vacas solitarias que aparecen y desaparecen entre las nubes de humo en busca de una bocanada de oxígeno y los chicos que cargan carcasas de monitores repletas de cables para encender la siguiente hoguera.

Las llamas que Abdurahim domaba con su barra metálica hasta hace un momento se extinguieron y la nube negra se convirtió en una serena neblina. El recubrimiento plástico de los cables se consumió y detrás de una capa de hollín se asoma ahora el rojizo metálico del cobre, el metal por el cual Abdurahim y tantos otros jóvenes dejan la vida día a día.

"Cada mañana cuando me levanto me duele el pecho", dice, mientras se acomoda la boina desteñida. Y tras tomarle el peso al metal, agrega: "Es peligroso estar aquí. En el futuro me gustaría cambiar de trabajo". Luego junta la maraña de hilos de cobre, los acomoda dentro de una mochila y se pierde entre la niebla.

Ghana, destino de la basura electrónica

50

Millones de toneladas

Fue la cantidad de basura electrónica que se produjo en 2013 en todo el mundo, equivalente a unos siete kilos por habitante

11

Canchas de fútbol

Es el área aproximada que cubre el vertedero de desechos electrónicos de Agbogbloshie, en Accra

3,5

Dólares

Es lo que gana por día un trabajador en Agbogbloshie, casi dos veces y medio el ingreso de un empleado informal medio en Ghana

Población: 25.900.000

Superficie: 238.535 km2

PBI: US$ 48.100 millones

Pobreza: 24,2%

Ghana se convirtió en uno de los países que reciben más desechos electrónicos de naciones desarrolladas; la industria de la basura digital le aporta por año entre US$ 105 y 268 millones

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