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Hallan asesinada a Daiana, la chica desaparecida en Palermo

Su cadáver apareció dentro de una bolsa, casi sin ropas, en un descampado; había ido el viernes a una supuesta entrevista de trabajo y se iba a encontrar con una amiga, pero nunca llegó

Martes 17 de marzo de 2015
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LA NACION
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Daiana Ayelén García, de 19 años, le dijo el viernes a su familia que iría a una entrevista por un trabajo en Palermo. Salió de su casa en el barrio porteño de Villa General Mitre, pero nunca regresó. Tampoco se encontró a cenar con una amiga, como había arreglado. Las horas desesperadas de la incertidumbre por la desaparición terminaron de la peor manera cuando sus familiares reconocieron el cadáver de la chica en la morgue de Lomas de Zamora. Había sido hallada el sábado, asfixiada dentro de una bolsa y semidesnuda, a la vera de una ruta en la localidad bonaerense de Llavallol.

Daiana salió el viernes a las 19.30 de su casa, situada en Juan Agustín García al 1800. A las 20 tenía una entrevista en Cabrera y Dorrego, según le dijo a su madre. Le contó que el tío de un amigo le propondría un trabajo para atender en un local de ropa. No estudiaba, hacía tiempo que buscaba un trabajo y así lo hizo saber en las redes sociales. En los alrededores del supuesto punto de encuentro no hay comercios de vestimenta, sólo bares y viviendas particulares, según comprobó LA NACION.

"Estaba preocupada por la plata, para ayudar a su familia", recordó su amigo Franco Pizani, de 21 años, a LA NACION. Alrededor de las 14 de ese viernes, Daiana también le contó a él que a las 20 tenía pactada "una reunión" laboral, sin darle más detalles.

Al salir, invitó por Whatsapp a su amiga Paula a comer; ella le dijo que no, pero Daiana insistió: "Yo te pago, invito yo". A Paula le pareció raro, como si le quisiera contar algo. Se iban a encontrar en un local de comidas rápidas de la avenida San Martín y Álvarez Jonte. A las 21.15 fue el último contacto: "Llego antes. Voy en auto", le escribió Daiana. No dijo con quién iba y no llegó a la cita.

La familia García radicó la denuncia por la desaparición a primera hora del sábado en la seccional 41». Los amigos comenzaron a movilizarse. Los conocidos del grupo scout de la Parroquia de la Visitación, en Flores, se agruparon en la esquina de Dorrego y Cabrera para intentar dar con datos sobre la chica.

Nadie podía imaginar que a esa misma hora del sábado, y a más de 30 kilómetros de allí, vecinos de la zona fabril de Llavallol hallaban una bolsa arpillera con un cuerpo de mujer en su interior, a la vera de la ruta 4 y el cruce con Libres del Sur.

El cuerpo sólo llevaba puesta una remera blanca y sandalias con plataforma. Debajo de la cintura estaba desnudo. Tenía en la parte izquierda baja del abdomen un tatuaje con un signo y una frase.

Finalmente, y tras ser citado por la justicia de Lomas de Zamora, con jurisdicción en Llavallol, el padre de Daiana, Marcelo, reconoció que esa chica muerta era su hija. Según los estudios forenses preliminares, la joven, amante del baile, murió por asfixia -tenía una media dentro de la cavidad bucal- y no presentaba lesiones de arma blanca ni de fuego. Además, según informó la agencia de noticias Télam, los primeros indicios determinaron que la joven no había sido asesinada en el descampado en el que apareció, sino que su cuerpo fue arrojado desde un rodado. Un testigo dijo haber visto por la zona una sospechosa camioneta 4x4 con vidrios polarizados.

Los investigadores no encontraron ni el teléfono celular ni la mochila marrón con los que Daiana -según relató Karina, su madre- salió con destino a la supuesta entrevista laboral. Para echar luz sobre este punto, los peritos informáticos analizaban los últimos movimientos de Daiana en las redes sociales y el registro de la tarjeta SUBE. También rastreaban cámaras de seguridad en los distintos puntos donde se habría movilizado la víctima.

El barrio donde vivía la víctima quedó ayer atrapado por el silencio del estupor. Sólo algunos vecinos salieron a la puerta. "¿Apareció muerta?", era la frase que resonaba entre los habitantes de Juan Agustín García al 1800. Enseguida, los lamentos y pedidos de justicia.

Franco Pizani fue uno de los pocos amigos que se acercaron a la casa para acompañar a la madre de Daiana, aunque no estaba. "Todavía no lo puedo creer. Era una persona maravillosa. No le hacía mal a nadie. Sólo quería trabajar", dijo a LA NACION.

Pese a que el contacto asiduo con la víctima sólo era a través de Facebook, Franco y Daiana eran cercanos. "Unas semanas atrás, Dai me pidió consejos porque dijo que había visto cosas raras en el muro de Cristian, el chico con quien salía. Luego se separó de él", agregó al ser consultado sobre la situación sentimental de la chica. Según Pizani, la pareja quedó en buena relación al terminar el noviazgo.

Otra víctima ?de la violencia

Daiana A. García

Víctima

Foto: Archivo / Daiana Ayelén García

Tenía 19 años y vivía con sus padres en el barrio de Villa General Mitre; no estudiaba, pero buscaba un trabajo permanente

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