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Turismo y generación de basura

La mayor cantidad de residuos que dejan tras de sí los viajeros en vacaciones debe ser prevenida desde la gestión y desde la educación de las comunidades

Lunes 23 de marzo de 2015
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El crecimiento del turismo en lugares emblemáticos guarda una relación directa con la mayor generación de residuos. Es sabido, un turista produce hasta dos veces más basura que un residente. Los réditos económicos que brinda una mayor afluencia de público sin el correspondiente correlato en un proceso de planificación, adecuación de infraestructura y educación a la comunidad deja a la vista sus efectos, especialmente en el verano, y desvaloriza el sitio.

Paradójicamente al mismo tiempo que los lugares turísticos sufren la contaminación del entorno, los turistas demandan espacios limpios: más del 70 por ciento de los visitantes considera que la contaminación, especialmente debida a la basura, es el aspecto ambiental más importante por resolver.

En el norte argentino, en Tilcara, sitio de gran belleza natural y cultural, la basura aún no está sujeta a ningún proceso de disposición: ni se separan ni se valorizan sus componentes. Es posible ver residuos agrupados junto a los caminos o en las orillas de los ríos. El agua se encarga de alejarlos del lugar de su generación y distribuirlos en sus cursos. En Salta, algo más de 200 personas se reunieron para limpiar las costas del dique Cabra Corral, donde se extrajeron más de 25 toneladas de basura. Los turistas que visitan el área abandonan lo que consumen o incluso arrojan desechos en el lago o depositan la basura en sus orillas.

En Mendoza, en la deslumbrante zona del Cañón del Atuel es posible ver la zona contaminada con residuos no degradables esparcidos. Es fácil reconocer botellas plásticas, envases de vidrio, envoltura de alimentos, pañales y desechos orgánicos causantes de mal olor. En Mar del Plata, camiones recolectores retiran diariamente los residuos en las playas, pese a que es conocido que la basura en entornos marinos constituye una grave amenaza para nuestras costas y el océano.

También lamentablemente los costados de rutas y caminos se han convertido en vertederos de basura, muchas veces en bolsas que el paso del tiempo o los animales rompen y esparcen por doquier.

Es cierto que algunas acciones positivas son esperanzadoras: en la provincia de Neuquén, en la zona de los lagos, un grupo de voluntarios de organizaciones no gubernamentales decidieron agruparse para brindar información y capacitar a los visitantes en el cuidado del ambiente. La iniciativa contempla la entrega de guías informativas, con sugerencias para cuidar el entorno y prevenir incendios, y bolsas ecológicas para que los visitantes puedan guardar sus residuos y entregarlos a la salida de los lugares turísticos para su correcta disposición. El proyecto promueve así la participación de la comunidad y busca comprometer a los jóvenes en la implementación de actitudes en favor de la naturaleza. En Chubut, con la finalidad de dar solución a la vieja problemática de residuos, con la ayuda de fondos internacionales, se logró construir un relleno sanitario y plantas de separación donde se gestionan los residuos de cinco municipios de importancia para el turismo: Trelew, Madryn, Rawson, Gaiman y Dolavon. En Esquel ya se cuenta con un relleno sanitario donde se tratan los residuos de la ciudad de Esquel, Trevelin y los generados en el propio Parque Nacional Los Alerces; incluso se cuenta con un relleno sanitario para atender las necesidades de cinco municipios cercanos a la ruta 40: Gobernador Costa, Tecka, José de San Martín, Río Pico y la comuna Atilio Viglione. Se trata de mejoras que comienzan a contrarrestar aquello de que en la Patagonia los residuos terminan donde termina el viento.

Son muchos los factores que colaboran con la generación de basura, y su reducción requiere disminuir la cantidad de residuos con destino a su disposición final y promover métodos adecuados para su valorización. Los residuos son tales en la medida en que no sepamos aprovecharlos para otro destino que no sea su disposición. Claro que es necesario que el Estado ponga en marcha sistemas que aseguren una gestión integrada de los desechos, de modo que su generación no impacte en el ambiente y en la calidad de vida de las comunidades. En la temporada de turismo en muchos sitios atractivos se produce un colapso de residuos, pero es pertinente reconocer que en mucho se debe a la ausencia de educación de no pocos visitantes que arrojan los desechos más sorprendentes en las playas, en las costas de los ríos o lagos sin ningún miramiento. En algunos casos, cabe reconocer, la ausencia de contenedores ayuda a que este fenómeno sea aún peor.

Por eso una adecuada gestión no solamente responde a un problema de infraestructura, sino a la necesidad de adecuadas campañas de concientización: la colocación de contenedores de residuos apropiados con carteles indicativos es una acción de poco costo que colabora rápidamente con el ordenamiento de un tema tan sensible, en los que se resalte, por ejemplo, que lanzar colillas de cigarrillos encendidas o dejar botellas de vidrio al sol (cuyo reflejo puede provocar fuego) pueden ser medidas mínimas para evitar daños mayores. Las empresas turísticas tienen la posibilidad de colaborar de modo eficiente con la prevención y, por lo tanto, poseen una cuota de responsabilidad en la materia.

En estos días de mucho turismo por fines de semana largos, sería muy auspicioso que las autoridades pudieran instalar más recipientes para depositar los residuos que se generen, de modo de que su disposición sea más ordenada, que se aumentaran los carteles que ordenen y prevengan la contaminación, y que los turistas tuvieran conciencia de que arrojar envases o residuos en lugares no indicados contribuye a la desvalorización de los sitios más apreciados.

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