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El Marsellés

Ezequiel Fernández Moores

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PARA LA NACION
Miércoles 01 de abril de 2015 • 07:29
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Su nombre apareció en boletas de las elecciones departamentales del domingo pasado en Marsella. Los hinchas lo ovacionaron ayer cuando asomó en la práctica. Como en los últimos partidos, le cantaron "Bielsa no se va". Y mostraron carteles que decían "San Marcelo de Marsella". Pero Marcelo Bielsa, DT con fama de inflexible, afronta la recta final que puede coronarlo campeón en Francia con su Olympique de Marsella, en inesperada etapa de "autogestión". Después de tres empates y una derrota, sus métodos de trabajo, admitió Bielsa, "generaron rechazo, hastío y cansancio" en el plantel. Habló luego de "autogestión", lo que vio como "un signo de madurez y de crecimiento" del grupo. Y, por último, aceptó que revisó "consignas", incluyó "opiniones" de los jugadores en sus decisiones e hizo "concesiones que debilitan" su posición. Me cuentan desde Francia que fue él mismo quien pidió al plantel que criticara abiertamente su trabajo. El equipo reaccionó con dos goleadas y un empate. Reabrió el optimismo para el duelo del domingo ante el poderoso PSG, líder a dos puntos. Y Bielsa , en rigor, no hizo más que seguir siendo fiel a sí mismo.

Años atrás, en Chile, cuando Marsella ni figuraba en sus planes, Bielsa, sin prensa a la vista, hablaba de liderazgo. "El liderazgo -decía- es liberar al grupo, a los jugadores, en determinados momentos. Más que obedecido, el líder busca ser interpretado. Es la única forma de que su liderazgo sea duradero y se mantenga incluso cuando ya se ha perdido el poder". Fueron charlas en escuelas y universidades. Las empresas pagaban un mínimo de 5000 dólares, que Bielsa destinaba a la construcción de un hotel de concentración para las selecciones menores de Chile. Tras llevar a La Roja hasta octavos de final del Mundial 2010, Bielsa cumplió su palabra y dejó a la selección por un polémico cambio a las autoridades del fútbol chileno. Sus informes técnicos-tácticos "aparecieron flotando" en el Río Maipo, en las cercanías de Santiago. Parte de ese material, y una compilación de las charlas que ofreció por todo el territorio chileno, reviven ahora en Marcelo Bielsa. Los 11 caminos al gol (Sudamericana), un libro que aparecerá esta semana en Buenos Aires. Es un Bielsa "sin filtro. Un maestro -dice Eduardo Rojas, periodista y ex dirigente, autor del libro- descubierto en la intimidad del salón de clases, que enseña con la timidez del que sabe demasiado y no se guarda nada".

El método Bielsa habla en 190 páginas de liderazgo, pero también de ética, táctica, técnica, gol, desmarcación, presión, remate al segundo palo, libertad, disciplina, estilo, sistemas, entrenamiento, formación, hinchas, empresarios y periodismo. Bielsa acepta que "los jugadores no son máquinas" y asegura que odia "la mecanización". Pero dice que en la recuperación de la pelota "se va forjando la identidad moral y la fortaleza anímica del grupo" y enumera "17 estaciones" de cómo recuperar. Decodifica también 11 formas de definición y 36 formas posibles de pase. Y que así como hay "elegidos" ("por eso me llamo Bielsa y no Ricardo Bochini") también hay un ejercicio del pase que bautizó "la Orellana", por Fabián Orellana, jugador de la selección chilena. "La pido antes y la recibo después, porque si la recibo antes, como tiene pocos kilos, le van a pegar. Es la naturaleza la que te enseña. Éste es un acto de sobrevivencia. Los que menos tienen caminan siempre mirando el suelo esperanzados en encontrar alguna moneda. Esto es lo mismo. Es admirable la cultura, una forma de la cultura extraordinaria. Porque la cultura de los que tienen -dice Bielsa- es distinta a la cultura de los que no la tienen."

En 2015, cuando el OM entró en un período crítico tras una primera rueda formidable, durante la que Bielsa sólo cosechaba elogios, el DT argentino confrontó con la prensa. A un periodista que cuestionaba problemas de definición le recordó que en el costado derecho de la tabla de posiciones figura la cantidad de goles y que Marsella era el equipo que más tenía en todo el campeonato. A otro, preocupado porque no ponía al brasileño Doria, que había costado 5 millones de euros, le apuntó que no entendía "nada del oficio" del DT si pensaba, y así informaba, que un futbolista debía jugar "porque fue pagado mucho dinero". "Nosotros no pensamos nada, sólo hacemos las preguntas", le respondió el periodista. "En eso -la siguió Bielsa- estoy de acuerdo, en el enunciado de la pregunta denota que no hay pensamiento". El libro de Rojas refleja el fastidio de Bielsa con la prensa "amarillista" que "fogonea" para provocar enfrentamientos, que "inventa" noticias si el protagonista no habla, que no educa, sino que "juega con la emoción de la gente" y que escribe sin precisar fuentes y usando el potencial. Algo que, afirma, "no permiten los grandes periódicos del mundo. El arma de los periodistas es la palabra escrita. Mi arma es la palabra hablada. Yo uso cincuenta frases para redondear una idea y explicarla con propiedad. Después, ustedes tienen que sintetizar eso en una línea, y yo -dice Bielsa- me aterrorizo, quizá, porque no sé escribir. Prefiero que nadie me conozca a que me conozcan equivocadamente".

En otra de sus charlas, puesto a elegir una virtud, Bielsa elige: "Adaptarse a la exigencia, no desmoronarse, no quebrarse, persistir a pesar de la adversidad, enfrentar las dificultades sin pervertirse, pudiendo ser siempre el mismo; estar dispuesto a poner en riesgo lo que poseo, aceptar el reto, el desafío, el cambio, el riesgo, tolerar los picos de dolor, saber sufrir". Elige también el prestigio a la popularidad, los hechos a las palabras, la construcción a la meta, la discreción al exhibicionismo, el miedo a la confianza, el orden a la espontaneidad, lo intuitivo aún más que el conocimiento. Dice que tiene poca tolerancia ante el indiferente. Que los jugadores deben ser confiables para sus compañeros. Los pases a dos toques excepto la pared. La presión simultánea. Que en la victoria arriesga cambios. Y en la derrota observa. Que el DT debe aceptar la diversidad. Y armonizar, no dividir. Que la disciplina tiene pocas reglas y el perdón mejora a todos. Que la solidaridad entre los mejores y los débiles hace a la fortaleza del grupo y es innegociable. Que el 4-3-3, o el dibujo que sea, más que fútbol, es geometría e infografía de TV. Que su obsesión es atacar y que para defender "corremos todos". Que "todo lo que suceda por debajo del que manda es responsabilidad del que manda". Que él lee y copia. Que lo importante "es no disfrazarse de lo que uno no es". Y que nunca es bueno "asociar el mensaje al éxito. Porque el éxito es deformante y el que escucha -dice Bielsa- está tironeado. "No sabe si responder a los valores que se proponen o al éxito que consiguió el victorioso de turno".

Admira en otra charla la competitividad del jugador argentino, pero cuestiona que sea producto del "miedo a perder", porque, lamenta, en la Argentina "es más importante haber humillado a otro que haber ganado". Y Bielsa nos dice que ama al fútbol. Lo ama cuando dice que "no hay nada que una más a un entrenador con su futbolista que lo que él haga por su jugador. Y eso, gracias a Dios, no es oficio. Exige querer verdaderamente al futbolista". El fútbol, nos dice Bielsa, "puede prescindir de todo", menos del "escudo". Porque el escudo "es el que emociona" y porque "el fútbol es de la gente". Bielsa en estado puro. Guste o no su fútbol, gane o no el domingo al PSG, será difícil encontrar otro Bielsa, un DT más hincha que los hinchas. "¿No notan que el mundo del fútbol cada vez se parece menos al aficionado y más al empresario?", pregunta en una de sus charlas. Y enumera las virtudes que aprendió con el deporte: "Aprendí que la generosidad era mejor que la indiferencia, aprendí el valor de la significación del coraje, aprendí la importancia del esfuerzo y aprendí lo trascendente de la rebeldía. Yo -afirma- no soy sólo un apasionado del fútbol, soy un apasionado en todo". El último capítulo que publica el Marsella en su página web, en una serie que sigue fecha a fecha la lucha por el título, Bielsa despide a sus jugadores antes del último 4-0 en cancha de Lens: "Hay que comérselos vivos desde el primer minuto -grita a sus jugadores-. ¡No les damos respiro!"

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