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Chile se estremece de punta a punta por desastres naturales

Desde inundaciones en el Norte hasta incendios en el Sur, los últimos días dejaron decenas de muertos, ciudades anegadas y bosques arrasados

Domingo 05 de abril de 2015
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PARA LA NACION
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SANTIAGO, Chile.- De las catástrofes más comunes en el mundo, en Chile pueden ocurrir todas y en el último año llegaron una tras otra: incendio, terremoto, sequía, erupción, inundación y alud. Sólo parece quedar la remota posibilidad de que un meteorito impacte en Santiago o que un tornado viaje por primera vez hasta allá para arrasarla.

En los últimos 15 días, Chile tuvo cuatro grandes desastres. El peor fue en el norte del país e incluyó una ola de cinco metros que vino del desierto más árido del mundo y dejó dividida en dos a la ciudad de Chañaral.

Hubo por lo menos seis aluviones en diferentes poblados, cerca de 25 personas perdieron la vida, se teme por más de 100 desaparecidos y se contaron 29.741 damnificados y 21.800 viviendas dañadas.

Sucedió lo de siempre. Está en los archivos y también en los manuales de la Oficina Nacional de Emergencia (Onemi): las lluvias y nevadas del verano causan "aluviones y desbordes de cauces e inundaciones que impactan localidades del altiplano y precordillera". También los valles y el litoral del Norte Grande.

En una noche llovió en Atacama lo que suele llover en un año. El agua se llevó casas, calles, puentes y camiones en las localidades de Copiapó, Tierra Amarilla y Paipote, entre otras. Ahora viene algo que el gobierno ya repitió tres veces en menos de un año: contar muertos y reconstruir (primero un incendio en Valparaíso, luego un terremoto en Iquique y ahora el temporal en el Norte).

El mismo día del aguacero en el norte del país, en el Sur el volcán Villarrica quedó al borde de su segunda erupción en el mes. En la misma región de la Araucanía, uno solo de los 21 incendios activos en el país pulverizó 6204 hectáreas de bosque en la reserva nacional China. En la misma semana, después de siete años de sequía, el gobierno lanzó el plan nacional para combatirla y ayudar a 170 comunas bajo emergencia agrícola.

Entre tanto desastre natural, llegó el derrame de petróleo de un pesquero que encalló en la isla Alejandro Selkirk, parecía un rasguño.

En Chile van 413 erupciones volcánicas desde el siglo XVI, el 53% de los tsunamis del mundo se origina en sus costas y dos de los cinco terremotos más potentes del planeta tuvieron epicentro al sur de Santiago. Hay que sumar el derretimiento de los glaciares, donde está la mayor reserva de agua dulce del mundo; los terremotos blancos, que ocurren cuando la nieve se acumula por semanas y meses; la escasez hídrica y los incendios forestales, que son cada vez más destructivos.

"Necesitamos una Onemi más musculosa", dijo Michelle Bachelet en la última semana, viendo la calamidad del Norte. "Chile requiere un ministerio de Emergencias y Catástrofes Naturales", proclamó Alejandro Navarro, vicepresidente del Senado. Y agregó: "En 20 años el fisco desembolsó más de 200 millones de dólares en promedio al año a causa de estos desastres. El monto nos sitúa como el país que más gasta al año en emergencias de América latina".

No se trata de vivir pensando que en cualquier momento se abrirá la tierra y se hundirá todo entre los Andes y el Pacífico, pero quien tiene su casa en una ciudad costera debería saber que, si tiembla y no se puede mantener en pie, tiene 15 minutos para huir antes de que llegue el tsunami.

En Chile se está en permanente emergencia, reconstrucción o simulacro. Sólo en los últimos cuatro años se movilizaron seis millones de personas en ejercicios preventivos. Eso ocurre porque, en 2005, el gobierno firmó el marco de acción de Hyogo, en el que se comprometió a reducir considerablemente las pérdidas en los desastres. Por eso también la readecuación de la Onemi en 2010.

Jonathan Barton, investigador y director del Centro de Desarrollo Urbano Sustentable de la Universidad Católica, explicó, sin embargo, que esas medidas "aún están enfocadas en la parte posdesastre". "La prevención requiere mucha más dedicación e inversión. Un país como Chile no puede estar esperando que la población reaccione bien y aporte alimentos. Esto es del Estado, no estamos hablando de un país pobre", dijo.

¿Es posible cambiar? Barton dice que sí. Por ejemplo, la tragedia del Norte afectó a comunidades de unas 6000 personas cuyas ciudades "no tienen planes reguladores, con evaluación de riesgo y metodologías adecuadas". Recomienda también "descentralizar recursos para emergencias, crear una agencia que tenga un rol político fuerte e implementar en las cuencas más estaciones meteorológicas, para actuar con anticipación".

También hay ciudades en lugares de alto riesgo, como Chaitén, que debió ser relocalizada tras la erupción del volcán del mismo nombre en 2008. Barton no es partidario de esos traslados, porque la gente siempre vuelve. Sugiere, en cambio, excluir ciertas zonas de edificación, pero eso requiere planificación y, subraya, una toma de conciencia.

Bachelet visitó Atacama

La presidenta chilena, Michelle Bachelet, visitó ayer la golpeada región de Atacama. "Estamos aquí con ustedes, estamos desde el principio, y vamos a reconstruir" la zona, respondió Bachelet a un poblador de Diego de Almagro que le detalló la destrucción que provocó la catástrofe en su vivienda. "Duele ver mi casa en el estado que quedó, presidenta (...) necesito que nos den una solución", dijo el hombre de mediana edad, entre sollozos, a Bachelet, que respondió con un abrazo.

La mandataria escuchó cada uno de los pedidos y recibió muestras de apoyo de los afectados por la catástrofe, para después visitar un puesto de atención médica.

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