Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

"Tengo casi 38 años y sigo jugando en un equipo de elite; es una situación inmejorable"

Un Manu Ginóbili mucho menos ambicioso y con prioridades distintas habla de la que puede ser su última temporada en la NBA

Martes 07 de abril de 2015
0

SAN ANTONIO (De un enviado especial).- Las paredes del centro de prensa de los Spurs tienen cuadros con imágenes de cada jugador. En ellos todos están ejecutando una acción, el de Manu, está en el centro del lugar, pero su foto es la de un grito, un festejo de esos que él graba con el alma. Con 38 años todavía representa la sangre de este equipo. Es el espíritu, el cerebro, aunque siente que ya no el músculo. Y desandar las sensaciones de esta temporada se conducen en cada frase al cierre de su carrera. Sin decirlo directamente, porque jamás dirá algo apresurado o de lo que se pueda arrepentir, pero queda poco. Porque cambiaron muchas cosas. Entre ellas, su mentalidad. Lo hace saber con señales directas.

-Se acercan los playoffs y empezaron a tomar otra forma como equipo. ¿Qué cosas hacen para provocar el cambio?

-No hay ningún secreto en lo que pasó. Empezamos a jugar mejor, sumamos confianza, hay más jugadores jugando bien y comenzamos a hacer las cosas más responsablemente y por más tiempo. Creo que en las últimas dos semanas, después de ese partido increíble que perdimos contra New York, parece que mejoramos y estamos tomando forma del equipo que queremos ser. Así que está bueno, es un poco tarde en la temporada, pero llegó. Estamos peleando por estar cerca de los tres primeros. Se terminó encausando la cosa.

"Me encantaría mantener el sueño, pero ya no me da el cuero"
"Me encantaría mantener el sueño, pero ya no me da el cuero".

- ¿Se puede lograr la estabilidad en los playoffs? ¿Se puede hacer el clic ahí?

- Los playoffs son una historia distinta, totalmente nueva, no significa nada de lo que hiciste antes. Seguro que vamos a empezar con desventaja deportiva, hasta incluso, no sería descabellado quedar afuera. Todos somos optimistas y creemos que podemos llegar lejos, pero también se puede quedar eliminado enseguida y ahí no hay tiempo de nada. El año pasado se habló del básquetbol que jugamos y de la maravilla de nuestro juego, pero lo real es que estuvimos cerca de quedar afuera en primera ronda (N. de la R.: superaron a Dallas en el séptimo juego). En el Oeste todo puede pasar. Hay que estar tranquilos y estar concentrados cuando cuenta, porque si no te volvés a casa.

- No hay candidatos claros y parece que cualquiera se puede quedar con todo, ¿alimenta un poco la confianza?

- Está clarísimo que está para cualquiera. De la misma manera que Golden State fue más que todos durante la temporada, porque están afiladísimos y porque están por un momento de confianza superlativo. Pero así y todo es una zona en la que ellos no tienen tanta experiencia. Hay que ver qué pasa en playoffs. Definitivamente fueron el mejor equipo. Pero en una serie de definición, con la gente de tu lado, con todo perfecto, no la metés, no te entra una, el rival está inspirado, quedás 0-1 y cambia todo. Los 65 partidos que ganaste antes no sirven de nada. Nos ha pasado a nosotros de ser número uno y quedar afuera. Así que todo esto sirve para acomodarse bien y tener la ventaja de la localía, pero no mucho más.

- ¿Cómo te estás sintiendo después de ese esguince?

- Tuve un par de semanas complicadas, primero con el virus, que me apuré a volver, jugué 8 minutos y me caía a pedazos. Después me esguincé, pero fueron apenas 8 días y acá estoy tratando de sentirme bien. Estoy sano, tengo los dolores habituales para esta edad y por la época de la temporada. Pero no me puedo quejar.

- Ese "no me puedo quejar", ¿es porque lo que estás haciendo está dentro de lo que te propusiste para esta temporada?

- Sí. Tuve momentos alto y otros no tantos. Pero ahora estoy concentrado en mi cabeza, trato de disfrutar el camino, no sólo la llegada. Diciembre me costó muchísimo, el viaje del rodeo también. No me sobrepuse fácil a eso. De todas formas trato de apegarme cada vez más a esa filosofía nueva que tengo, que es tratar de disfrutar más el día a día y no dominarme por el resultado. La verdad es que por momentos no lo logré hacerlo porque fueron muchos años de vivir a otro ritmo, pero ahora estoy bien otra vez. Ahora la temporada se estabiliza, el calendario es más amigable, no hay tantos viajes.. Encontré un mejor balance.

- ¿Cuándo se dio ese cambio del que hablás?

- Después de la temporada esa que perdimos (en 2013 ante Miami). Me dije, hago ese cambio o me voy y me dedico a otra cosa. No podía estar sufriendo de esa manera. La pasé mal, primero por las lesiones, y después porque no podía sentirme bien cuando el equipo más lo necesitaba. Me quemó la cabeza eso. Por eso dije, o cambio o me dedico a otra cosa porque ya no es saludable.

- ¿Eso te afectaba en todos lados?

- La pasaba mal en general, por tener esa presión en mi cabeza. No es que llegaba a mi casa y seguía amargado, pero sí me afectaba todo eso. Decidí que me afectara lo menos posible. Por momentos en esta temporada lo puede manejar, por otros momentos no, pero en líneas generales estoy más distendido, desdramatizo mucho más. Me parece que eso sucede también cuando uno llega a esta edad. Hay un poco de madurez y uno piensa: tengo casi 38 años, sigo jugando en un equipo de elite; es una situación inmejorable. Y empiezo a aceptar que no puedo jugar como en 2008 o similar, pero eso no quita que pueda disfrutar el día. Ahí es donde cambié un poco.

- A veces se te ve un poco más molesto con los árbitros, ¿estás más cansado?, ¿te cuesta manejarlo más que antes?

- No noto diferencias. Siempre fui calentón y temperamental. Trato de disfrutar, pero ojo, dentro de un partido si pierdo tres pelotas seguidas me caliento como una pipa. Enseguida me desespero. Pero cuando vuelvo al banco me sereno, charlo con un compañero, bajo las pulsaciones. Antes me duraba el fastidio uno o dos días. Pero en líneas generales estoy más tranquilo.

- Ese control, ¿Lo trabajás solo?

- Sí, me convenzo.

- No sos muy amigo de los psicólogos.

- Me va la psicología. Hace rato que no lo hago, hace casi tres años. Cuando voy a Bahía lo hago un poco, pero no es por eso que puedo controlar situaciones en el juego. No es que me analizo constantemente. O charlo el tema. Lo que me hace tomar las determinaciones que ahora tomo, es porque sé que se termina. Y cada uno que se retiró me dice: disfrutalo, jugá un año más. Y bueno, llevo 19 años haciendo esto y si no es a fin de temporada será la otra. Y se acaba y después no viene más.

- Contaste alguna vez que cuando eras chico te mirabas a un espejo y te retabas cuando no hacías bien las cosas o te felicitabas cuando estaba bien tu producción. Después de 19 años, ¿cómo te regulás?

- Termina el partido y me voy a casa más tranquilo si jugué bien o si se tuve un partido sólido y logro hacer lo que se espera de mí. Si en un partido hago dos puntos y pierdo cinco pelotas, no me vuelvo tan contento, pero tampoco soy tan crítico. Me digo que burro que fui, cómo pude haber jugado así, pero ya está. A los 10 segundos veo a mis hijos, comparto con ellos, los llevo a dormir y estoy en otra. Me permito equivocarme y me permito patearla. Como le pasa a muchos. Bueno, antes eso no lo hacía.

- ¿Y cómo se controlan las emociones en los momentos de definición? No son para cualquiera en la NBA.

- Ahora sucede mucho menos que antes. Hubo un período de cinco años en los que sabía que iba a suceder, estaba feliz por eso y lo tomaba con orgullo. Hasta me creía bueno con eso, me sentía importante. Ahora ya pasa mucho menos, hoy en el equipo soy más generador de juego, trato de darle movimiento a la pelota, que todos se sientan bien.

- Usas más la cabeza que el físico.

- Si claro.. Pero también es verdad que me tengo menos confianza que antes. Hace tres años, si no me la daban me calentaba o me fastidiaba. Es que antes sentía mentalmente que lo iba a ganar el partido. Ahora es como que me digo: si me toca, trato de hacer lo mejor que pueda las cosas. No tengo la convicción que tenía antes.

Manu se sobresalta y frena de golpe la charla con un grito. "¡No te puedo creer! ¡Es un alacrán! Estaba en tu zapatilla", bromea. Y enseguida aclara: "No, lo vi en la alfombra". Un asistente comenta: "Dicen que es buena suerte". Manu retruca en medio de una carcajada: "¡La suerte la tenés si no te agarra!". En un rato la charla vuelve a encausarse, y las risas se detienen.

- Me decías que no estás tan confiado, pero en la última final contra Miami fuiste hacia adentro y le enterraste la pelota a Chris Bosh..

- Sí, pero no era la última pelota de un partido. Es otra cosa. Cuando estoy dentro de la cancha uno quiere hacer cosas que no debería. Pero el hecho de tener la pelota en el último momento y decir: quiero la pelota y voy a hacer que esto sucede, ya no es igual que hace años.

- En esta etapa de tu carrera, se da una particularidad que Messina y Popovich, tus padres deportivos, están juntos en el banco, ¿Qué implica para vos eso?

- Es muy raro. Ahora es algo más normal porque ya llevamos ocho meses juntos. Pero es sin duda algo muy especial y único. Tengo un gran respeto y aprecio por ambos. Creo que Ettore fue el que me transformó en un gran jugador. Siempre digo que yo jugaba bien, era vistoso, con una faja, una volcada, o lo que sea. Pero quien me transformó en un muy buen jugador de equipo fue él. A la fuerza, pero así y todo siempre tuvimos una muy buena relación. Siempre le demostré ese respeto y él me lo demostró a mí. Que estemos compartiendo equipo está muy bueno. Hablamos mucho y estamos en permanente contacto. Y bueno con Pop, por ahí durante la temporada es más difícil estar tan conectados, porque cada uno está inmerso en lo suyo. Pero cuando termina todo, solemos tener charlas más personales, en especial cuando vamos a comer. Ahí surge naturalmente ese aprecio mutuo.

- Cuando frenás un segundo a pesar todo lo que hiciste en 19 años de carrera, lo que lograste, ¿es más de lo que esperas o estaba dentro de tus expectativas?

- Definitivamente es más. Nadie puede pensar semejantes cosas. Ni siquiera llegar a jugar tantos años en la NBA. Me acuerdo que cuando arrancaba en esto, cuando me convertía en profesional, la expectativa que tenía era jugar hasta los 33 o 34. Tal vez jugar en Europa. No sé, esos eran mis objetivos. Y bueno, con 38 años por cumplir, me miro en un equipo como San Antonio, en un grupo de elite, que compite siempre... Está claro que es mucho más de lo que podía soñar. Es superador todo. Pero se van dando cosas de apoco, te vas sintiendo bien, lográs un objetivo, te planteas otro, le agregás algo más a tu juego y una cosa lleva a la otra. Está claro que es mucho más de lo que podía haber llegado a soñar.

- Así como Bahía Blanca es tu casa, ¿San Antonio qué es?

- Es el lugar que me dio la chance de desarrollar todo mi juego y al mismo tiempo hacerme sentir muy, pero muy cómodo a mí y a mí familia. Es el lugar donde nacieron mis hijos.. Sin duda que estos 13 años aquí serán imborrables. Y voy a quedar ligado a la ciudad de por vida. Pero el tema familia, afecto, amigos, hace que lo otro (Bahía Blanca ) tire mucho todavía. Vamos a ver qué pasa más adelante.

- En San Antonio la gente te tiene como un héroe y dice que en vos aparecés en los momentos que más ellos te necesitan, como por ejemplo, en un playoff, ¿qué te genera eso?

- Siento el afecto y el respeto de la gente por todo lo que se logró en estos 13 años. Insisto en que no estoy hoy para generar semejantes expectativas. Yo quiero hacer las cosas bien en todos los partidos, me encantaría jugar siempre bien. Es más difícil hacerlo en playoffs, porque no hay tantos mañanas. En una temporada de 82 partidos, es todo diferente. Pero ya no es lo mismo que antes, no entro a un partido a comerme el mundo, a solucionar problemas, a decir dame la pelota que yo lo soluciono. Hoy soy parte de un engranaje, soy una tuerca que permite que el equipo funcione, pero no soy la principal vía de gol ni el más importante solucionador de problemas.

- Están todos jugando en los cuadros de la pared, el único que está gritando un gol sos vos?

- Es raro ¿no? No sé. Uno defiende, el otro tira, el otro la vuelca la pelota y yo estoy gritando. Bueno, uno se destaca como puede ¿no?

10,7

puntos por partido anota Manu en la actual temporada de la NBA; es el registro más bajo desde el año de su debut, en 2003, cuando promedió 7,6 tantos por encuentro.

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas