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Comienza la gran semana de la música clásica

Ópera, conciertos y hasta un festival que tendrá su primera edición

Sábado 11 de abril de 2015
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PARA LA NACION
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Los campeonatos de fútbol, los períodos de sesiones del Congreso o los festivales de cine o de arte tienen comienzos y finales de exactitudes milimétricas. Arrancan un día preciso y concluyen en la fecha señalada. Pero las temporadas o las estaciones, como las de música clásica, por ejemplo, son conceptos mucho más inasibles y no tienen esas precisiones. Después del largo, rotundo y pesaroso silencio que se extiende a lo largo del verano, la música clásica, desde hace algunas semanas y casi en cuotas, ha comenzado a desperezarse y a salir del letargo. Hubo conciertos por acá y por allá, algunos de gran nivel, y rumores y sonidos desparramados casi ocasionalmente por diferentes lugares. Pero ahora, sólo por arte de la casualidad y en virtud de las coincidencias, pareciera que, esta semana, por fin, comienza, fehacientemente, la temporada de música académica. Después de todo, en apenas unos días, tendrán lugar, en Buenos Aires, dos maravillosos conciertos sinfónico corales, la primera ópera del año en el Colón, la visita de una orquesta rusa y la primera edición de un festival de música clásica.

El martes, el Colón abre su temporada lírica. La ópera de apertura es Werther, de Massenet. Basada en las desventuras del joven Werther, una novela casi autobiográfica de Goethe, la décimo octava ópera de Massenet es, sencillamente, una maravilla musical y teatral, una obra que está claramente inscripta dentro de lo que es el romanticismo francés del fin del siglo XIX, cuando la espectacularidad de la grand opéra había quedado atrás, así como también habían disminuido los resquemores a incorporar elementos que provinieran del otro lado de la frontera alemana. Con tremendas dificultades para el tenor que encarne el papel protagónico, la ópera transcurre bella e intensamente dramática por entre los encuentros y desencuentros de Werther y Charlotte. Lamentablemente, no estará el anunciado tenor mexicano Ramón Vargas en la piel de Werther, pero en el elenco principal, el que canta los días 14, 17, 19 y 21, se destacan Mickael Spadaccini, Ana Caterina Antonacci, Jaquelina Livieri y Hernán Iturralde. Al segundo elenco, para los días 16 y 18, lo conforman Gustavo López Manzitti, Clementine Margaine, Oriana Favaro y Cem Beram Sertkaya. La dirección musical es de Ira Levin y, la puesta en escena, del muy experimentado y creativo Hugo de Ana.

Un día antes, el lunes, y un día después de Werther, el miércoles, también en el Colón, el Mozarteum abre sus dos ciclos de abono a diez conciertos que, en los últimos años, han sido de altísimo nivel. En esta oportunidad, con dos programas diferentes para cada ciclo, la orquesta y el coro de la Bachakademie Stuttgart, dirigidos por Hans-Christoph Rademann, traerán dos obras maestras del barroco tardío y, las dos, paradigmáticas del repertorio sinfónico coral. El lunes, ofrecerán la Misa en Si menor, de Bach, y el miércoles, El Mesías, de Handel. Más allá de todas las maravillas que sobre ambas creaciones puedan decirse, todas plenamente justificadas, es real que la historia de excelencia que trae consigo la Bachakademie Stuttgart también funcionará como un atractivo agregado. El cuarteto de solistas para ambas obras, una gloriosa misa católica escrita por un luterano y un oratorio no menos ilustre, está integrado por Johanna Winkel, Ann Beth Solvang, Sebastian Kohlhelpp y Markus Eiche.

El tercer evento que también tendrá lugar esta semana es la llegada al país de la Orquesta Sinfónica Académica de la Federación Rusa Yevgeny Svetlanov, dirigida por el noruego Terje Mikkelsen. Para iniciar el abono de Nuova Harmonia, en el Teatro Coliseo, la orquesta de Moscú -conocida mucho más sencillamente como la Sinfónica Svetlanov-, con el chelista Alexander Buzlov como solista, interpretarán una rapsodia noruega de Halvorsen, el Concierto para chelo y orquesta, de Dvorák, y la Cuarta sinfonía, de Chaikovsky.

La tetralogía de eventos que termina por constituir este comienzo no autorizado de la temporada 2015 es la puesta en marcha del nuevo Festival Konex de Música Clásica 2015, un nuevo emprendimiento de Luis Ovsejevich y la Fundación que él preside. Por desarrollarse en la Ciudad Konex, Sarmiento 3131, el festival se extenderá por seis jornadas, desde el martes hasta el domingo. Entre los artistas y los organismos que participarán, todos los días y en diferentes horarios, se pueden nombrar a la Camerata Bariloche, Horacio Lavandera, Darío Volonté, la Academia Bach de Buenos Aires, Xavier Incháusti, Paula Almerares, el Cuarteto Petrus y una orquesta de ocasión, La Filarmóni©a, integrada por músicos de las orquestas de Buenos Aires. Planeado para quedarse -Ovsejevich ya ha pensado las temáticas para los festivales 2016 y 2017-, este proyecto tiene, en sí mismo, no sólo la novedad que él mismo implica, sino una posibilidad de asistir a conciertos de algunos de los mejores músicos argentinos, a precios más que razonables y en un ámbito sumamente interesante, por fuera del círculo en donde habitualmente se desarrolla la música clásica.

Si bien la confluencia temporal y aleatoria de una ópera, dos orquestas europeas y un festival de música clásica en una misma semana podrían dar a entender que, efectivamente, la gran maquinaria de música clásica ha comenzado a rodar, no hay que olvidar que todo esto no es sino una parte de un total muchísimo más amplio. La música clásica, en Buenos Aires y alrededores, late, vive y respira en numerosos ámbitos y teatros. Dado que cualquier enumeración, aun la más extensa, no será suficiente ni total, preferible parece ser, entonces, dar cuenta de que hay museos, teatros, instituciones, sociedades de concierto y sociedades de ópera que llevan adelante acciones para que haya sonidos clásicos por los aires de la ciudad. Y que seguirán resonando sin cesar hasta mediados de diciembre, cuando, sin fecha fija, la tan mentada temporada que ahora se está iniciando, inevitablemente, se vaya deshaciendo y pasando a ser historia. En ese momento, sólo será cuestión de mirar para atrás y ver qué ha pasado en 2015. Ojalá que abunden los elogios, las alegrías y los buenos recuerdos.

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