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Esas abuelas tan esenciales

Viernes 17 de abril de 2015
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LA NACION
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Ficha técnica: Aladino, mi abuela es una genia/ Autor y director: Héctor Presa / Intérpretes: Lali Lastra, Luli Romano Lastra, Guillermina Calicchio, Brenda Lem, Julia Saggini, Angie Otero, Adan Colaciatti/Sergio Gutiérrez / Música: Ángel Mahler / Coreografía: Mecha Fernández / Vestuario: Lali Lastra / Sala: La Galera Encantada, Humboldt 1591 / Funciones: sábados y domingos, a las 17.30 / Nuestra opinión: muy buena.

Los tres hermanos, jóvenes adultos camino al trabajo, deciden pasar por lo de su abuela. Quieren rescatar viejos cuadernos y dibujos de su infancia, recuerdos de juegos que ya consideran parte de un grato pasado. Pero no contaban con la abuela, que no acepta jubilarse de los momentos de juego. Sólo entregará los cuadernos como resultado de una búsqueda del tesoro, de atravesar la oscuridad de un túnel, de volar en una alfombra mágica.

Pero no se trata de simplemente hacer como si. La abuela tiene sus exigencias, como los tendría también cualquier jefe laboral. No es cuestión de armar el túnel sin imaginación, de encarar los personajes ficticios sin convicción. Es la anciana la que muestra mayor ductilidad, una creatividad y velocidad de respuesta sorprendentes. E incluso, aires de modernidad tecnológica, sin por ello perder de vista que vale más una caricia que un link.

Héctor Presa logra como autor y director de Aladino, mi abuela es una genia eludir la tentación de la nostalgia por infancias perdidas, que asoma por momentos, en función de la vigencia sin edad del placer de jugar, cantar, asumir papeles imaginarios, hacer una broma al otro, reír juntos. Como genia de la lámpara, esa abuela irreverente concede el secreto deseo de no naufragar en el aburrimiento. La música de Ángel Mahler pone en movimiento el juego.

Dos elencos del grupo La Galera Encantada llevan adelante la puesta en escena los fines de semana. A la vitalidad arrolladora de la abuela, interpretada por Lali Lastra en las funciones de los sábados, se contrapone la reticencia, el escepticismo "adulto" de su nieto Martín (Adán Colaciatti), apurado por volver a la rutina laboral y reacio a entrar en ese juego de niños. Entre ambos polos están las otras dos nietas (Guillermina Calicchio y Julia Saggini), más dúctiles a ceder con una sonrisa a la propuesta de la abuela. Finalmente todos reconocen que aun en su vida adulta mantienen más o menos ocultas continuidades con los rasgos que mostraban en sus juegos infantiles. Que allí se encuentran raíces que pueden volver a brotar en cualquier momento. El mismo esquema se desarrolla en las funciones con el elenco alternativo los domingos.

Siguiendo el hilo argumental de la genia abuela, cabe preguntarse qué es lo importante, lo serio de la vida: los compromisos laborales o un momento de permiso para salir a jugar. La abuela da su propia respuesta. Ella actúa como una especie de Sherezade, hilvanando siempre un nuevo juego para no perderse la aventura de vivir.

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