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Buenos Aires, clásica: la oferta de música académica, al alcance de todos

Como sólo ocurre en París, la ciudad brinda a sus habitantes una amplia serie de conciertos gratuitos que favorecen la educación de los oyentes y el desarrollo de jóvenes talentos

Sábado 18 de abril de 2015
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LA NACION
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A mediados de la década de 1940, George Orwell, el gran autor de 1984 y Rebelión en la granja, escribió un artículo que se ganó una fama justa. El título era "Books vs. Cigarettes" y adelantaba su asunto: la demostración de que quienes decían que no leían porque los libros eran caros no tenían problemas en gastar la misma suma de dinero, y aún más, en cigarrillos. La provocación del autor británico es apropiada también para la música clásica, sobre la que pesa la superstición del lujo, aunque, después de todo, una entrada a cualquier concierto pop en un estadio de la ciudad de Buenos Aires cuesta más que una buena ubicación en el Colón. Pero esta superstición -igual que todas las supersticiones- no encuentra ninguna justificación. Nunca hubo tanta oferta clásica al alcance y sin gastar un peso.

Los que se emocionan escuchando en vivo un concierto de música clásica -que son muchos en una sociedad de gran tradición musical como la argentina- pueden despreocuparse. Por lo menos en la ciudad de Buenos Aires. En diversas salas de conciertos, unas nuevas y otras no tanto, aquellos que buscan sumergirse en las obras de los grandes compositores disponen de una amplísima oferta, cuyo objetivo es que el público melómano pueda encontrarla sin que asuntos más terrenales como la inflación o el saldo de la tarjeta de crédito constituyan un obstáculo.

No hace mucho, Daniel Barenboim dijo que la música estaba en todas partes (en restaurantes, en aeropuertos), menos donde debería de estar: en el corazón y en el cerebro. Un circuito amplio contribuye a hacerles más fácil a los porteños la iniciación a la música académica -es decir, escuchar música donde debe ser escuchada para que esté finalmente donde debe estar-, lo que tiene como efecto deseable una expansión de las audiencias.

"La música está en todas partes, menos donde debería estar: en el corazón y en el cerebro. "

"Buenos Aires es, en este sentido, comparable sólo con París, una de las ciudades con más música de cámara gratuita -afirma José Luis Castiñeira de Dios, compositor, director de orquesta y especialista en políticas culturales-. Esto trae varias ventajas que merece la pena destacar. La primera es que este fenómeno les da una salida profesional a muchos músicos jóvenes que se están formando y que se tienen que foguear en la interpretación frente al público. Un artista tiene que tocar muchas veces y no sólo estudiando, sino también dando clases o presentándose a concursos."

Nuevos escenarios

Con fines de semana de diez conciertos a sala llena, la Usina del Arte ha logrado en muy poco tiempo convertirse en lugar de referencia. "Su ubicación, en La Boca, representó un desafío e implicó cambios de hábitos entre quienes consumen música clásica -explica su director, Gustavo Mozzi-. Gracias a la labor de los ingenieros acústicos, sus dos salas [la sinfónica con capacidad para 1200 personas y la de cámara para 280] están preparadas para programas importantes. Nos visita un público melómano muy informado y también una cantidad inusitada de jóvenes, que lejos de la formalidad de los grandes teatros se animan a conocer este repertorio. La propuesta [el 98 por ciento de la programación es gratuita] ha generado nuevas convocatorias y logrado que artistas que suelen tener dificultades de inserción en el circuito conquisten a un nuevo público. Dirigir esto ha sido una tarea creativa muy parecida a la composición. Tengo la sensación de que representamos un impulso importante para la escena musical de la ciudad."

Facultad de Derecho. La imponente Aula Magna de esta casa de estudios ofrece los sábados, durante la temporada, conciertos de cámara o sinfónicos, tradición que nació en 1949
Facultad de Derecho. La imponente Aula Magna de esta casa de estudios ofrece los sábados, durante la temporada, conciertos de cámara o sinfónicos, tradición que nació en 1949. Foto: Diego Spivacow y Patricio Pidal / AFV

El programa que ofrece la Usina cubre desde la música antigua hasta la contemporánea, e incluye la presentación de óperas de cámara, veladas de canciones, recitales de música y poesía, obras del Barroco para coro y orquesta, recitales para coro, y ciclos de música contemporánea, sinfónica y de cámara. Carlos Koffman, curador de este último ciclo, afirma que la convocatoria es cada vez mejor. "Ya la gente ha incorporado que la mañana de los domingos hay un buen concierto de música clásica al que sólo basta llegar un rato antes. Aquí se da la posibilidad de escuchar muy fino a los intérpretes y prescindir completamente de la amplificación eléctrica."

"Ya la gente ha incorporado que la mañana de los domingos hay un buen concierto de música clásica al que sólo basta llegar un rato antes "

Buenos Aires tendrá en breve otro nuevo escenario en el antiguo edificio del Correo Central. En la inauguración del Centro Cultural Kirchner, la Orquesta Sinfónica Nacional estrenará la que será su sede permanente: la Ballena Azul. Es un espacio con 1950 asientos que contará con un órgano fabricado en Alemania y especialmente diseñado para esta sala de conciertos.

Espacios nuevos como éste ofrecen también un poco de aire fresco a un género que necesita quizá más que ninguno de la renovación de público en términos generacionales. Nuevamente es Castiñeira de Dios quien reflexiona sobre el tema. "En los conciertos sinfónicos, vemos el síndrome de las cabezas blancas y esto aterra a los programadores y a los directores respecto al futuro de estas expresiones."

Clásicos con historia

Con una tradición que comenzó en 1949, y que tuvo actuaciones memorables como la del maestro Zubin Mehta, la Facultad de Derecho de la UBA ofrece el ciclo Grandes Conciertos con dos presentaciones cada sábado: un concierto de cámara en la sala para 370 personas y uno sinfónico en otra, que puede albergar a 900 espectadores. "Seleccionamos alrededor de 95 conciertos entre las 240 propuestas que recibimos desde julio del año anterior, y hacemos un balance entre quienes ofrecen mayor calidad y los nuevos talentos, porque nos interesa darles espacio a los artistas que vienen creciendo. Tenemos la ventaja de contar con una sociedad musicalmente muy bien educada y que responde con avidez a la propuesta que ofrecemos desde la extensión universitaria. Soy un poco el amigo de todo este público, al que acompaño desde 1994", explica su coordinador, Juan Carlos Figueiras.

Otro gran clásico en la vida cultural porteña es el ciclo Conciertos del Mediodía, que desde 1959 ofrece el Mozarteum Argentino. Aquella primera temporada, que tuvo como sede el cine Ambassador, se ofrecieron 24 conciertos; esa cifra llega ya ahora a 957 funciones y un público entusiasta -se calcula que cercano a los dos millones de personas- ha podido disfrutarlos. En esa larga tradición deben anotarse las presentaciones de los pianistas Alfred Brendel e Yvonne Loriod, el chelista Pierre Fournier y, hace muy poco, la de Daniel Barenboim.

"Otro gran clásico en la vida cultural porteña es el ciclo Conciertos del Mediodía, que desde 1959 ofrece el Mozarteum Argentino "

Gisela Timmermann, su directora ejecutiva, entiende que el ciclo constituye, junto a la temporada oficial, el pilar fundamental de la entidad. "Resulta muy especial que se haya mantenido por cincuenta y seis años, sin interrupciones, en pleno centro, en un horario en que generalmente no hay conciertos y en salas muy grandes como la del teatro Gran Rex, nuestra sede actual. Ha sido un modo de darle al público acceso a una programación que se destaca por su calidad y variedad. Para iniciarse en la música, hay que escucharla y tienen que existir las oportunidades. Instituciones como la nuestra, los gobiernos y otros patrocinadores tienen el deber de ofrecerlas. Es también una tribuna para gente de grandes méritos artísticos que no siempre tiene tantas posibilidades de presentarse, así que se produce una situación de ganancia para ambos lados." La temporada se iniciará el 29 de abril con la interpretación del Réquiem, de Mozart, a cargo de la agrupación Música Quántica.

A principios del siglo XX, Paul Groussac, uno de los directores más destacados de la Biblioteca Nacional, comenzó a realizar programas musicales, junto con Alberto Williams, en el edificio de la calle México, tradición que ahora continúa en la monumental sede ideada por Clorindo Testa sobre la Avenida del Libertador. Allí se ofrecen conciertos en el Auditorio Jorge Luis Borges, que puede albergar a 200 espectadores.

Pese a los prejuicios que suelen distanciarlo de cierto público melómano, el Teatro Colón también abre sus puertas de manera gratuita como un modo de incorporar nuevas audiencias. Y su Orquesta Estable y la Filarmónica de Buenos Aires también se presentan en lugares como el Anfiteatro del parque Centenario y la plaza Vaticano, entre otros.

"Pese a los prejuicios que suelen distanciarlo de cierto público melómano, el Teatro Colón también abre sus puertas de manera gratuita como un modo de incorporar nuevas audiencias "

La música contemporánea también tiene su espacio. Juan Ortiz de Zárate, coordinador del ciclo que presenta el Centro Nacional de la Música, señala los beneficios que trae no reducir la oferta musical al repertorio más tradicional y fácilmente diferible por las grandes audiencias. "Pese a tener una difícil llegada al público masivo por ser realizaciones no comerciales, que las aleja del circuito de financiación, la música contemporánea tiene un público muy educado en la Argentina. Aquí tratamos de llenar este vacío y nuestra programación incluye este año un ciclo de ópera de cámara y otro de conciertos."

Museos e iglesias

Pero no sólo las grandes salas son escenario de esta clase de conciertos. En el gran hall de la que fue la residencia de los Errázuriz Alvear y actual sede del Museo Nacional de Arte Decorativo, se pueden escuchar conciertos de cámara en los que -muy acorde con el lugar- se pone especial cuidado en la interpretación histórica. Otro de los museos que apuestan a la música es el de Arte Hispanoamericano. "Con la recuperación tanto de la casa original de don Isaac Fernández Blanco, gran amante de la música, como de su colección de instrumentos notables -entre los que se cuenta un Guarneri del Gesù de 1732-, nuestro objetivo es brindar cada vez una mejor programación -explica su director, Jorge Cometti-. Esta temporada ofreceremos alrededor de cien conciertos en nuestras dos sedes: el Palacio Noel y la vieja casa de Hipólito Yrigoyen 1420."

Museo Nacional de Arte Decorativo. Alguna vez residencia de los Errázuriz Alvear, la música que se escucha en sus salones pone especial énfasis en interpretaciones que guarden fidelidad histórica
Museo Nacional de Arte Decorativo. Alguna vez residencia de los Errázuriz Alvear, la música que se escucha en sus salones pone especial énfasis en interpretaciones que guarden fidelidad histórica. Foto: Diego Spivacow y Patricio Pidal / AFV

La música, se sabe, también encuentra en las iglesias un lugar propicio para conmover el espíritu melómano. En Buenos Aires, algunas de ellas tienen una programación anual, como ocurre con la de San Ignacio de Loyola, que este año ofrecerá tres ciclos: el primero tuvo ya lugar durante Semana Santa; entre los restantes, uno estará consagrado a la música sacra y otro será el X Festival de Música Antigua. Y en San Benito de Palermo, desde agosto, volverá el tradicional San Benito Clásico.

Mirando hacia adelante

Todo este abanico de espacios y propuestas que tanto aporta a la vida cultural de Buenos Aires es para muchos la forma perfecta de iniciarse en el amplio mundo de la música clásica. Son también los espacios ideales para la presentación de composiciones nuevas, algo que no es tan fácil ni tan común, aquí y en el mundo.

Y todo esto hecho a pulmón. "Si lo quisiéramos expresar en términos de mercado, tendríamos que decir que el de la música académica, tanto en Buenos Aires como en la Argentina, es muy pequeño, toca a un público muy reducido y maneja fondos que no son importantes. Sin embargo, es esta voluntad de los músicos de hacerse escuchar y de tener contacto con el público lo que hace que esta música viva", dice Castiñeira de Dios. Pese a la importancia de esta oferta gratuita, habría que propiciar, asegura él, la creación de circuitos, círculos o agrupamientos en torno a estas actividades, ya que en la mayoría de los casos están hechas a fondo perdido.

"Es decir, los artistas no cobran por hacerlo y las asociaciones tampoco se benefician con esto. En consecuencia, es algo que, a pesar de que se da generosa y gratuitamente a la comunidad, no ayuda a que se sostengan los artistas. Lo más importante, dentro de un proceso de profesionalización, es que el artista pueda tocar mucho, pero que también pueda ganarse la vida haciéndolo, y esto es algo que no está funcionando desde hace mucho tiempo."

"Los artistas no cobran por hacerlo y las asociaciones tampoco se benefician con esto "

Un modelo, para Castiñeira, podría ser el de países como Brasil, donde los bancos y las empresas, a través de asociaciones de conciertos, le dan un fuerte apoyo económico a la actividad, o México, donde el Estado sostiene activamente todas estas expresiones.

"En Buenos Aires, todas esas asociaciones, que aunque sea con pequeños honorarios sustentaban a estos artistas, se han ido retirando. Y lo único que hacen ahora quienes organizan los conciertos es poner a disposición la sala, que ya es bastante, y encargarles a los artistas no sólo la tarea estrictamente musical, sino también la de difusión, que en una ciudad como ésta es complicadísima. Éste sería el punto más débil de todo el sistema: no se puede hacer una actividad absolutamente amateur y querer que quienes la practiquen sean profesionales; es una especie de contradicción. Para que haya esa vida artística de nivel a la que todos aspiramos, tiene que profesionalizarse la tarea, difundirse correctamente y recibir apoyo económico."

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