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Museos no aptos para impresionables

Domingo 17 de mayo de 2015
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LA NACION
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Algunos museos, lugares de visita prácticamente infaltables en los viajes, hacen del morbo su fuente de inspiración. Y lo curioso del caso es que reciben muchos visitantes que pagan entradas por verlos.

Recuerdo lo que me costó recorrer el Museo de las Momias en la ciudad mexicana de Guanajuato.

El gran atractivo del museo más visitado de la ciudad se podría explicar por la relación especial del pueblo azteca con la muerte, que hasta incluso festejan en el Día de los Muertos. Pero para los extranjeros, ver este museo lleno de cadáveres cuidadosamente acomodados en vitrinas, como si fueran tesoros egipcios, con rostros de dolor, de sufrimiento, es escalofriante.

Son simples mortales que por un extraño proceso natural se momificaron en el cementerio local. Los ataúdes de un sector específico, por determinadas condiciones de calor y humedad, se deshidrataron y no se descompusieron.

Los descubrieron de casualidad y no tuvieron mejor idea que exponerlos. Están tal como salieron del cajón, con ropas viejas y rostros resecos como si fueran de cartón. Incluso se reconstruyó sus historias y cómo murieron. Hasta hay bebes.

En República Checa parece que le tienen especial cariño a las torturas medievales. En un país chico, más o menos del tamaño de la provincia de San Luis, hay tres exposiciones permanentes dedicadas a las diferentes formas de morir en la Edad Media.

En Praga, a pasos del famoso puente de Carlos, está el Museo de los Instrumentos de Tortura Medieval, con más de 60 bonitos ejemplares, tanto originales como copias de silla con pinches, botas españolas, cinturón de castidad, un brasero, herramientas para desgarrar la carne, escalera de estiramiento entre otras terribles, según el pecado cometido. Todas con explicación y clarito dibujo de cómo se usaban.

En Kutná Hora, un ex pueblo minero, a una hora de Praga, en la antigua Casa de la Moneda, también se exhiben instrumentos de la época de la Inquisición y como si fuera poco, en el castillo Lokett, una antigua construcción del siglo XIII, muy cerca del Karlovy Vary, en un sótano oscuro y en pequeñas celdas se ven representaciones de las torturas con figuras que parecen reales y hasta se mueven.

Para los que quieren más, también existe el Museo de la Inquisición, en Lima; el Museo de la Tortura y la Pena Capital, en Ciudad de México, y el Museo de la Tortura de Amsterdam.

La lista continúa con el Museo Gordon, de Londres, destinado a patologías. Tiene una colección de aproximadamente 8 mil especímenes patológicos, aunque está principalmente dedicado a médicos y estudiantes. En Lituania se puede visitar el Museo del Diablo, que cuenta con más de 3000 representaciones de diversos materiales, máscaras y algunas pinturas del señor de las tinieblas. Personas impresionables, mejor abstenerse.

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