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Jansenson, el mago sensible

Con su propuesta de ilusionismo llena la gran sala Siranush cada jueves

Martes 26 de mayo de 2015
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LA NACION
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Norberto Jansenson es un nombre que ha comenzado a agigantarse en el mundo de la magia local. Pero no sólo por su excelencia en esa disciplina, sino además porque les otorga un inmenso condimento teatral a sus shows, que suelen llenarse de espectadores amantes del ilusionismo. Comenzó a estudiar magia a los 9 años y realizó su primera presentación profesional a los 15. "Me contrataron unos amigos de mis padres para que pasara música en una fiesta porque yo era disc jockey y me animé e hice un show de magia", recuerda. De aquella primera vez pasaron 30 años y una trayectoria que fue creciendo.

"De chico era muy pudoroso a la hora de mostrar lo que hacía, pero siempre había alguien que pedía verlo. Mis familiares eran mi público cautivo. Una puerta corrediza separaba el living del comedor en casa. Después de la cena yo cerraba la puerta, preparaba las cosas que había aprendido y en la sobremesa hacía algunos números. También mi grupo de amigos del colegio y del club me solían pedir en los cumpleaños que hiciera algo y yo lo hacía", recuerda. Pero a pesar de haber tenido aquella primera experiencia "profesional", en casa de los amigos de sus padres no pudo evitar ocultar a rajatabla su actividad mágica. Claro, hasta que se le presentó la oportunidad de un contrato. "Fue con la cadena Pumper Nic, en donde hice shows en fiestas infantiles durante mucho tiempo. A partir de ahí comenzaron a salir mis primeros clientes privados", cuenta. En su trayectoria figuran también sus estudios con Charlie Brown, un mago muy popular en los años 80 (que murió en 1990) y, más tarde, su condición de discípulo de René Lavand, el mítico mago de un solo brazo recientemente fallecido.

En la faz profesional figuran shows en la Argentina y en el extranjero, funciones en un parque temático de Disney, presentaciones en televisión y hasta un programa propio, además de una nutrida actividad docente. Actualmente presenta un espectáculo que se llama Evocaciones, los jueves a la noche, en la sala Siranush. "Con ese show festejo mis treinta años de trabajo en esta disciplina. Trato de repasar en 120 minutos mi trayectoria por el mundo de la magia y de la narración", explica.

En el encuentro con el público que llena la sala cada semana convocado por el boca a boca, Jansenson realiza un show en el que los asistentes tienen gran participación, al principio como auxiliares en el desarrollo de los trucos, pero luego en una suerte de juego con el que los va envolviendo para lograr involucrarlos emocionalmente. "El argentino tiene el escepticismo típico de la persona que cree que ha visto todo, que ha viajado por todas partes y que ya ha asistido a los mejores espectáculos. La actitud es no creer que alguien pueda mostrarle algo que no conozca. Pero, a la vez, te desafía a que lo convenzas. Pero es el público con el que mejor me comunico, porque es el que conozco más. Les digo que ya sé que ellos no van a creer en los trucos, pero les propongo que si hay alguna posibilidad de que los entretenga, estoy dispuesto a conquistarlos. La relación es más tirante al principio, como la tensión sexual entre un hombre y una mujer. Y así los voy desarmando hasta que se entreguen al juego. El público argentino es muy agradecido y fiel", explica.

Al preguntarle si la esencia de lo que hace está en el buen manejo de los trucos o en el despliegue del arte de la actuación, Jansenson sostiene: "En la época moderna es más común que los magos no trabajen en escenarios de teatros, salvo en los grandes espectáculos del tipo de los de Las Vegas. En general laburan en shows privados en donde no existe el espacio escénico literal. El escenario no está delimitado por las luces ni por lo físico y el mago pisa el mismo piso que el público. Subirse a un escenario requiere otro tipo de preparación, porque incluso si sos muy bueno haciendo trucos de magia la forma en que te movés en el espacio o la impostación de la voz, la forma de pararte, todo eso requiere un trabajo teatral para el que hay que prepararse muy a fondo".

Su preparación para las artes escénicas estuvo dada por sus pasajes por la escuela de comedia musical de Julio Bocca y por cursos que tomó con Patricia Palmer y con Julio Chávez. Fue incorporando todo el bagaje de conocimientos que adquirió en estos lugares hasta conseguir la soltura que posee hoy en escena. "Aprender a comunicar es un proceso que no acaba nunca. Aprender a usar la voz para transmitir muchas más cosas, a mover los brazos, a plantarse en el escenario, a usar el espacio, a encontrar el foco de luz. Cuando hice por primera vez un espectáculo en el Parque de la Costa, en 1997, sentía que el escenario me engullía y que no llegaba a comunicar más allá de la segunda o tercera fila. Hoy mirar ese video me divierte y me da un poco de ternura. Ahora cuando subo al escenario siento que mi cuerpo está al servicio de lo que quiero comunicar", dice. Y sostiene finalmente que no teme que los trucos le fallen, algo que aprendió junto a Lavand. "René decía: «Los públicos perdonan el error», y yo me atrevo a agregar que lo que no perdonan es la falta de entrega, de respeto, de cuidado. Si ven que das lo mejor de vos, que no salga el truco como se esperaba es anecdótico", sentencia.

Evocaciones

Jueves, a las 20.30

Sala Siranush, Armenia 1353

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