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Cambios culturales para los pymes

Martes 26 de mayo de 2015
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El pequeño y mediano empresario del primer y segundo cordón urbano del Gran Buenos Aires tiene en su ADN un rasgo que lo hace más que particular.

Acostumbrado a valerse de los subsidios o créditos oficiales, y de una estructura familiar acostumbrada a atravesar las clásicas crisis económicas, ha tenido que aprender también a no ser un jugador heroico que apuesta todas sus fichas a un solo número.

Hay allí, quién más o quién menos, tuvo que soportar también años de políticas que promovieron la progresiva desindustrialización del país. Agravado también por la debilidad de un sector industrial que no supo articular convenientemente sus fuerzas.

En una de las tantas revistas que se distribuían en esta Primera Exposición de Parques Industriales 2015 se podía leer al experto en desarrollo territorial, Fabio Quetglas, decir: "Hoy la condición para hacer negocios es que el mundo te lo permita".

Y agrega, en el portal ComunicaRSE, que "el lucro como único principio ordenador de la actividad empresarial ha quedado atrás ante la demanda de nuevas formas de legitimación".

Esto es lo que está empezando a entender el pequeño y mediano empresario, agrupándose en los parques industriales, donde los beneficios son compartidos y las exigencias para radicarse obligan a no eludir responsabilidades.

¿Hay empresas que están en mora con sus aportes tributarios? Es cierto, lo ha dicho la propia ministra de la Industria. ¿Los desafíos sustentables son aún más enunciados que hechos? Tal vez. ¿Los procesos de innovación tecnológica acentúan las desigualdades? Puede ser, pero la actualización del sector industrial a un mercado más dinámico es inevitable. Y como sostiene el presidente del Polo Industrial Ezeiza, Martín Rappallini, la vara más alta "es una apuesta a la excelencia".

La tierra disponible que hay en la provincia de Buenos Aires, las líneas de financiamiento, las condiciones de radicación, fueron pensadas no sólo para beneficio de las pequeñas y medianas empresas sino también para proteger su entorno y que toda inversión que se realice tenga una capitalización futura.

Esas condiciones tantas veces postergadas aventuran un tiempo empresarial donde lo mejor no será pensar en el otro, sino con el otro.

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