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Danny Pardo, el ángel guardián de Natalia Oreiro

Antes de ser actor trabajaba como administrador de empresas en los EE.UU. hasta que dejó todo y se jugó por el mundo de la actuación, de este gran cambio en su vida y de su regreso a la Argentina charló con Personajes.tv

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PARA LA NACION
Martes 09 de junio de 2015 • 09:26
Danny Pardo
Danny Pardo. Foto: Gerardo Viercovich
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No es una cara conocida, apareció en la pantalla argentina como el padre Martín, que ayuda a Ariana (Natalia Oreiro) a salir adelante, en la tira Entre Caníbales. Con 43 años y una vida que fue cambiando de rumbo, Danny Pardo , como se rebautizó cuando decidió que sería actor, nos contó cómo llegó a la actuación, a radicarse en Hollywood y a trabajar en la nueva serie de Juan José Campanella.

-¿Cómo apareció la oportunidad de participar en Entre caníbales?

-Yo vengo del palo de ser empresario y cuando empecé con mi carrera de actor en los Estados Unidos hace 11 años, me di cuenta que era como ser empresario. La diferencia es que en vez de vender un producto ajeno a mí, el producto era yo. Empecé a hacer relaciones con gente de la industria cada vez que venía a Buenos Aires. Desde el 2005 visito productoras, directores de casting, productores y fui tendiendo redes y cuando vine a fines de 2014 hice mi ronda de saludos. Damián Canducci, de Telefe, me preguntó qué estaba haciendo en Los Angeles, le conté y me comentó que estaba haciendo un proyecto con Campanella y me dijo que audicione para un personaje. Lo hice antes de irme y, desde allá, le agradecí pensando que no iba a quedar porque acá no me conoce nadie. Finalmente, me cuenta que estoy preseleccionado, hasta que un día me llama, yo estaba por grabar una película en Nueva York, y me dice que quedé para el papel. Así que en pocos días desmonté mi vida allá para venir a Buenos Aires.

-¿Tenés muchas expectativas de lo que pase de ahora en más con tu carrera acá?

-Sí, porque hice una apuesta muy grande. Me endeudé para sostener mi estructura en los Estados Unidos y aposté para que esto sea una inversión a futuro y poder capitalizarlo pensando en todos los mercados donde la serie se vaya a dar.

-Si tenés que elegir dónde trabajar…

-Yo elijo trabajar donde haya un papel que pueda hacer. Tengo la suerte que lo que hago no tiene horizonte, ni límites, puedo trabajar en Europa, Asia, donde sea que se dé.

-¿Cómo es hacer el camino inverso y empezar por Hollywood y ahora querer conquistar el mercado argentino?

-No fue algo planeado, porque yo a los Estados Unidos me fui a trabajar con un socio y pusimos una empresa de importación y distribución de galletitas. Igual, cuando empecé mi carrera de actor siempre quise trabajar acá, porque la Argentina produce productos de calidad, exporta contenido, y las películas que vi hechas acá son películas que me han tocado mucho y me gusta la manera de trabajar. Así que siempre fue: "¡Cómo me gustaría trabajar en la Argentina!".

-Y contame esa parte de tu vida entre que eras empresario y te convertiste en actor...

-Yo me recibí en administración de empresas e hice un año en marketing. Me dediqué a eso y a ventas casi 14 años. En 2000, me estaba por ir a trabajar allá, pero al final no se dio y se me vino el mundo abajo. Me quedé un poco deprimido. Ahí fue cuando se dio la oportunidad de asociarme con un francés e irme cerca de Miami a poner la empresa de galletitas y dije, me voy, necesitaba un cambio, aire nuevo. Al principio nos fue genial, pero después de la caída de las Torres Gemelas no empezó a ir mal hasta que fundimos. No tenía para pagar las cuentas, no había trabajo, así que terminé de valet parking en un hotel, les pedí por favor porque me iba a quedar en la calle, literalmente, y me contrataron 90 días a prueba. Empecé, me rompí el culo, y a los 45 días me dieron el puesto de jefe de turno en un hotel muy exclusivo. Obviamente no era lo mío, pero la tenía que remar y a los meses encontré un trabajo en ventas en una empresa y estuve cinco meses trabajando siete días a la semana en ambas cosas. Terminé arruinado y dejé el hotel porque empecé a remontar.

Al tiempo, a través de un curso de transformación personal, me di cuenta que había elegido administración de empresa porque era la carrera menos peor, nadie en mi familia era artista, pero yo no me estaba divirtiendo ni estaba inspirado, y me quedé pensando: "Yo me quiero divertir, quiero pasarla bien". El cerebro abre puertas porque en ese momento se me vino la imagen en blanco y negro de Pablo Rago en Pelito y fue un "ya está, me quiero divertir, quiero ser actor". Ahí tomé acción inmediatamente y me anoté en un curso de actuación en el Miami Dade College, y en una semana hice fotos, me inventé un CV, busqué agencias, hice castings, y me tomaron de cinco agencias para representarme y al día siguiente estaba haciendo audiciones. No sabía qué hacía, pero una nueva vida se apoderó de mí. Al mes, estaba haciendo mi primer comercial. Después, se vino el primer papel con continuidad en la telenovela Anita no te rajes y así me fui a Los Angeles para entrar en Hollywood y ahí vinieron comerciales, series y películas.

-¿Cómo cuáles?

-Hice varios comerciales y en series estuve en 24,Prision Break, The Shield e hice la remake de Calígula, un papel pequeño en Miami Vice, The stranger, y le puse la voz a uno de los protagonistas de Aviones 2, entre otras.

-¿Cómo te sentiste filmando con el equipo de Entre Caníbales cuando llegaste?

-Muy cómodo, no me esperaba una recepción tan buena. Pensé que iba a ser difícil integrarme y todos fueron muy abiertos y receptivos. A mí me costó adaptarme, pero fui muy bien recibido.

-¿Te hiciste algún amigo?

-Conecté muy bien con Benjamín Vicuña, es un divino.

Gerardo Viercovich
Gerardo Viercovich. Foto: Gerardo Viercovich

-¿Y que tiene de especial filmar con Campanella?

-Lo especial es su visión. Tiene la capacidad de explicar lo que ve, que hace que lo termines viendo. Se comunica de una manera increíble para que entiendas que quiere, para que el actor realmente entienda y sienta. Además tiene una humildad que es contagiosa, no tiene humos, se embarra, se mete en la escena, te dice "bravo". Es como estar jugando con amigos grabar con Juan.

-¿Te gustaría quedarte en Argentina?

-No lo sé, me hace muy mal el clima acá. Soy una bola de alergia [risas], con lo cual por el contexto ambiental diría que no. Además, en Los Angeles vivo bien y ahí me afiancé mucho. Trabajar acá sí, pero mudarme todavía no lo sé.

-Pensando en este papel como tu comienzo actoral en la Argentina, ¿sabés que te gustaría hacer después?

-Si, me encantaría hacer cine y me gusta mucho la comedia que hacen acá, no la burda, sino la inteligente, de situación, me gustaría eso.

-¿Y qué se dice en el set sobre el rating?

-Yo sé que están contentos, por el horario, el producto y porque hoy se ve mucho en Internet y son 400.000 personas más. Así que sumando eso, a la tira le está yendo bárbaro. Hay mucho entusiasmo.

-¿Qué anhelas profesionalmente?

-Hacer de todo, sin límites, crecer. Y, desde mi lugar, ayudar a hacer una diferencia en la vida de las personas. Eso me inspira.

-¿Y personalmente?

-Formar una familia, me gustaría ser padre, ya estoy listo para eso, dejar una delegación de seres humanos que transformen el mundo para que sea mejor.

-¿Y estás en pareja?

-Acá no, estoy solo y vine solo.

-¿Y allá dejaste a alguien?

-Dejé alguito, no una pareja

-¿Ya te reconocen en la calle?

-Hoy una mujer me felicitó, me decía: "Lo veo padre" y me pidió un autógrafo.

-¿Te importa la fama?

-Me gusta el reconocimiento y lo puedo disfrutar, pero no necesito la fama para complementarme a mí mismo.

-¿Cómo te describirías?

-Soy un buen tipo, tranquilo, no soy complicado, hace 11 años trabajo sobre mi mismo, así que tengo menos equipaje y mucha felicidad.

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