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Buenos Aires, la pieza vital del escudo que busca Cristina

LA NACION
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Carlos Pagni
Jueves 11 de junio de 2015
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El kirchnerismo se regodea hoy en una liturgia reiterativa. La escena central ya resulta reconocible: Eduardo "Wado" De Pedro, el más relevante dirigente de La Cámpora, recibe en su despacho a un intendente fugado del massismo. Guzmán, Giustozzi, Othacehé, Katopodis, Eseverry, Zúccaro, son sometidos a una rendición fotografiada. Esa humillación, que es esencial al escarmiento, disimula un detalle importantísimo: el lugar de la capitulación es la Casa Rosada. Capitular ante Daniel Scioli o Florencio Randazzo está prohibido. Sólo Cristina Kirchner recibe el juramento de una nueva fidelidad. Esta preferencia esconde una clave del futuro.

Un objetivo mayor del plan de supervivencia de la Presidenta es mantener subordinado al conurbano. Ella está pensando en volver al orden anterior a diciembre de 2001. Cuando asumió Eduardo Duhalde, asoció la Presidencia con el aparato bonaerense en un mismo artefacto de poder. Los Kirchner mantuvieron el formato. Instalaron a Scioli en la gobernación como un mero delegado. Pero mantuvieron el control del PJ provincial. Cristina Kirchner no quiere ceder ese dominio. Por eso es crucial la disputa por la candidatura a gobernador de Buenos Aires. Ella piensa sujetar ese distrito como una amenaza para el que la suceda. Es una pieza vital de su blindaje.

Este programa territorial determina las candidaturas. Desde hace 48 horas, la disputa por la gobernación en el Frente para la Victoria fue puesta en pausa. Una de las razones es la incertidumbre que llega del otro sector del campo de batalla: a pesar de que anoche juró sobre su postulación, la incógnita Massa seguirá por un tiempo.

Aníbal Fernández suspendió los actos que tenía agendados hasta el 20 de junio. Fue después de una discusión altisonante con De Pedro, anteanoche, en la Casa Rosada. El repliegue del jefe de Gabinete, que no llega a ser un "baño de humildad", dio lugar a un abanico de especulaciones. La más inquietante es que haya habido una sugerencia del papa Francisco en contra de Fernández en su conversación con la señora de Kirchner. La hipótesis no se relaciona con la amistad entre Jorge Bergoglio y Julián Domínguez, el rival de la víctima. "Alcanza con la imagen que se construyó el propio Aníbal", asegura un dirigente con acceso a Olivos. ¿La Presidenta dejaría el campo liberado a Domínguez a pesar de su nivel de desconocimiento? Respuesta del mismo infidente: "Ella quedó impresionada con el alarde de Mauricio Macri para imponer a Rodríguez Larreta".

Otros kirchneristas ofrecían anoche una explicación distinta para la moderación de Fernández: la candidatura a gobernador está vacante hasta que se defina qué lugar ocupará Massa. El único que parece ajeno a este cambio de configuración es Fernando Espinoza, quien insiste en la candidatura provincial. Más allá de él, hay varias conjeturas. Una es que la señora de Kirchner obligue a Randazzo a descender un escalón. Randazzo sigue jurando que no lo aceptaría. Otra, que anoche convencía a más de un intendente, es que ella postule a De Pedro, un híper Larreta. Y la que menos apuestas atrae: que la propia Presidenta se lance por la gobernación. Hay un detalle a favor de este pronóstico. En el mismo discurso en el que aconsejó los baños de humildad, en Chaco, elogió a Capitanich por haberse allanado a una candidatura de intendente. De más está decir que si la Presidenta termina figurando en algún tramo de la boleta, el candidato del oficialismo quedará condenado a ser la continuidad absoluta. Un problema, sobre todo, para Scioli.

El gobernador no tiene acceso a la discusión sobre la identidad de su propio sucesor, que será dueño de todos sus secretos. Él se limita a inocularse dosis exorbitantes de oficialismo. Hace 48 horas recibió en su despacho del Banco Provincia a Amado Boudou, quien tuvo la delicadeza de ingresar al edificio por la cochera. Boudou llegó de la mano del neosciolista Luis D'Elía. No debería sorprender que el vicepresidente se haya alineado con Scioli: odia a Randazzo, a quien atribuye el estallido del caso Ciccone. Boudou ni sueña con lo que sospechan otros kirchneristas: que detrás de su drama haya estado el propio gobernador, empeñado en sacarlo de carrera. La de anteayer en el Provincia fue una tarde de ortodoxia: también estuvieron De Pedro y Gabriel Mariotto.

La incertidumbre sobre la candidatura bonaerense se debe a que Cristina Kirchner todavía no decidió cuál es la mejor garantía para escriturar la provincia a su nombre. Para despejar ese interrogante es esencial saber qué piensa hacer Massa.

Macri le ofreció a Massa un acuerdo sobre esta fórmula: 2013 a la menos uno. Traducido: en 2013, Macri aceptó no participar de la campaña bonaerense y hasta debió resignarse a que su partido, Pro, no figurara en la coalición. Massa decía que era inconveniente por razones de imagen. Ahora el inconveniente sería Massa. De modo que el jefe de Gobierno porteño ofreció llevar a candidatos del Frente Renovador en la oferta de su frente con la UCR y la Coalición Cívica, pero sin que figure Massa. Sobre este formato estuvieron negociando Pro y el Frente Renovador. De un lado de la mesa se sentaron Emilio Monzó y Jorge Macri. Del otro, Joaquín De la Torre y Mario Meoni. Una curiosidad: la transacción se limitó casi por completo a la provincia de Buenos Aires. Como si el massismo se hubiera resignado a no cultivar el resto del país. A las 23.30 de anteanoche habían llegado a un acuerdo, que incluía los lugares en las listas para cada grupo.

Sin embargo, a la 1.30 de ayer Massa llamó a Monzó para relativizar los compromisos que habían asumido sus representantes. Quedó todo en la nada. Massa mantuvo su candidatura a presidente, en competencia con José Manuel de la Sota. Es lo que había decidido en Tigre el domingo, en un conciliábulo con Graciela Camaño, De la Torre, Alberto Roberti y su esposa Mónica López, y Martín Redrado. La resolución de esa tarde se escenificó al día siguiente en la asamblea de Bella Vista. Un método para la toma de decisiones que ya trajo problemas al candidato: el último en reprochárselo fue el economista Miguel Peirano, que ayer abandonó sus filas.

Massa apostó a desafiar la polarización entre Scioli y Macri que registran las encuestas. Tiene por delante un desafío material. Su dependencia financiera con los sindicalistas que lo impulsan, encabezados por Luis Barrionuevo y por Roberti, va a ser más severa. Aunque también se especula con que podrá negociar con De la Sota el capital acumulado en las elecciones de 2013: los aportes del Ministerio del Interior y una suma de segundos de publicidad que equivaldría a 60 millones de pesos. De la recaudación anterior, dicen quienes conocen las cuentas del massismo, quedan unos 10 millones de dólares.

Massa debe resolver el resto de su ecuación en las próximas semanas. Ayer sonaba el nombre de Felipe Solá como candidato a gobernador, pero el propio diputado relativizó esa posibilidad.

En un interrogante secundario. Más importante es saber si Massa generará la expectativa necesaria para obturar el drenaje de sus fieles. O si, en cambio, éstos seguirán siendo noticia por los pases. La imagen que han dado los intendentes fugitivos es deplorable: "Se pasan corriendo y hablando mal de Massa. Al lado de Borocotó son Dardo Cabo", bromeó uno los encargados de la captura. Ese desgranamiento tuvo anoche una manifestación elocuente: en el plan de labor parlamentaria de la Cámara de Diputados figuraban como oradores del Frente Renovador legisladores que se fueron de allí hace mucho tiempo. Dejaban la impresión los carteles de Giustozzi o De Narváez que siguen en las rutas pidiendo el voto por Massa.

Macri espera también cosechar algo de esa fuga, aunque se queja del mal sentido de la oportunidad que afecta a Massa. Uno de los negociadores de Pro explicaba anoche: "Le ofrecimos la gobernación de Buenos Aires tres semanas antes de la convención radical de Gualeguaychú, y la rechazó pidiéndonos la primaria ampliada. Cuando vino a solicitar la gobernación, los intendentes que tenía ya se habían ido con Cristina. Ahora le ofrecimos bajarse. Tal vez lo haga el 20 de junio, si la gente que le queda lo sigue abandonando". Massa no dio explicaciones ayer de ese fenómeno y propuso otra lectura: cuando dijo "soy joven" sugirió que está dispuesto a acumular capital político aun cuando pierda la carrera.

La diáspora massista no resuelve el enigma de Macri: cuál será la estructura con la que competirá en la provincia de Buenos Aires. Los alcaldes de Massa regresaron al kirchnerismo. La promesa de Jaime Durán Barba es muy poco convincente. El asesor ecuatoriano pronostica que habrá una ola a favor de Macri, que sólo se levantará si el candidato consigue no contaminarse con la política convencional. Esa ola, supone, será tan poderosa, que permitirá prescindir de toda maquinaria. El entusiasmo de Durán Barba alrededor de esta creencia es tan intransigente, que resulta difícil saber si quiere que gane Macri o quiere que gane su teoría.

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