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Quién diseñará el plan Scioli

Con Zannini en la fórmula del FPV, hay más incertidumbre sobrela futura política económica en caso de un triunfo del oficialismo

Domingo 21 de junio de 2015
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El dedo de Cristina Kirchner gatilló una mayor incertidumbre económica para la etapa poselectoral. Al incluir en la fórmula a Carlos Zannini para bendecir la candidatura presidencial de Daniel Scioli, dejó en claro que apuesta a la continuidad antes que a una corrección de rumbo. Con su lógica binaria así lo entendieron los mercados, que se apresuraron a convalidar la consigna "Scioli al gobierno, Cristina al poder" con una corriente de ventas de títulos y acciones y/o un anticipado refugio en el dólar paralelo. O sea, la inversa del efecto "Chau Cristina" que venía sosteniendo las cotizaciones y permitía especular con futuros cambios de fondo en la política económica de CFK.

Hasta entonces la expectativa era diferente. Había cierto consenso en que el próximo Presidente, sea Scioli o Mauricio Macri, se ocuparía -con menor o mayor énfasis y velocidad- de sincerar la herencia económica kirchnerista, despolitizar el Indec y comenzar a corregir los principales desequilibrios macro (fiscal, externo y de precios relativos), a través de un plan integral para bajar genuina y gradualmente la inflación; reducir el riesgo argentino para reinsertarse en los mercados externos; eliminar controles; impulsar la inversión privada, crear empleos y salir del estancamiento de los últimos cuatro años. También negociar una reestructuración de la deuda en default para poner fin al conflicto con los holdouts. En el caso de Scioli esa perspectiva ahora está en duda: casi todos esos cambios colisionan con la mitología económica cristinista.

Su primer spot publicitario como candidato formal del Frente para la Victoria confirma esas presunciones. Hace hincapié más en lo que se hizo durante la era K que en lo que falta hacer y rechaza la idea de "cambiar por cambiar". Obviamente, sin admitir que el "modelo" es insostenible en el tiempo.

Sin embargo, el reacomodamiento del gobernador bonaerense no es una novedad. Hace tiempo que en su entorno admitían que aceptaría cualquier concesión con tal de ser Presidente. Incluso, sin el premio extra que significó la deserción de Florencio Randazzo, tras el sobreactuado "ofrecimiento" a Zannini de la candidatura a vice impuesta por CFK.

Aún así, otra intención del sciolismo que tampoco era un secreto podría sintetizarse como "primero ganamos (la elección) y después vemos". Es una implícita alusión al poder de la lapicera y -fundamentalmente- la chequera presidencial, para torcer lealtades políticas. Para comprobarla, habrá que esperar cuántos votos podría sumarle Zannini del cristinismo puro (incluyendo a La Cámpora) y cuántos restarle dentro del electorado independiente o indeciso.

Como la fórmula Scioli-Zannini fue una sorpresa, más problemático es vislumbrar quién diseñará su plan económico y llevarlo adelante en caso de ganar las elecciones. También qué margen de maniobra tendría dentro de la estrategia de CFK de retener el mayor poder posible una vez que entregue la banda presidencial. De hecho, ya cuenta con Alejandro Vanoli al frente del BCRA hasta 2019; a Ricardo Echegaray en la AFIP hasta 2017 y a Axel Kicillof en una posición expectante, tipo boy scout.

A falta de precisiones de Scioli y su invariable discurso optimista, los empresarios tomaban como referencia a su asesor económico, Miguel Bein, actualmente de viaje en los Estados Unidos. Pero a la luz del nuevo escenario preelectoral, muchas de sus recomendaciones -moderadas y gradualistas- podrían ser ahora consideradas un sacrilegio. En el último informe mensual del estudio que dirige, fechado el 9 de junio, el economista sostiene que si bien la actual política económica provoca una desaceleración de la inflación y mejora en el consumo, afecta la competitividad de los sectores exportadores en un contexto de caída de precios internacionales. De ahí que propone aprovechar el bajo nivel de endeudamiento externo para contraer deuda y atraer inversiones en divisas para financiar una mejora en la competitividad de esos sectores; generar mejoras cambiarias por vía fiscal (mediante quitas de retenciones y subas de reintegros) y contrarrestar su impacto a través de una revisión de subsidios "mal direccionados" a la energía y el transporte, pero con tarifas sociales y subsidios directos a la demanda.

Por lo que se sabe, Bein no aspira a ser ministro. Y Scioli mantiene como hombre de consulta permanente a Rafael Perelmiter, autor en las sombras del fenomenal ajuste impositivo en el ámbito bonaerense (mediante revaluaciones de inmuebles y otros bienes y subas de alícuotas de Ingresos Brutos), que en 2014 le permitió incrementar los recursos propios al 61% del total (el resto se cubre con coparticipación). Precisamente para no depender de los fondos discrecionales de la Casa Rosada, atender mayores pagos de sueldos a costa de menor inversión pública y mantener en pie su precandidatura presidencial. Hasta el resultado de las PASO, cualquier nombre sería pura especulación. Quizá lo mismo ocurra hasta las elecciones de octubre.

Mientras tanto, la principal apuesta electoral del kirchnerismo será poner más plata en los bolsillos de los votantes para fogonear el consumo, pese a la suba del déficit fiscal, la emisión y el endeudamiento a corto plazo para financiarlo. Según la consultora Finsoport, que dirige Jorge Todesca, durante el segundo semestre del año se volcará un total de $ 175.000 millones entre los aumentos salariales de paritarias, jubilaciones, reintegros de Ganancias y el reciente ajuste de la Asignación Universal por Hijo. De ese total, 42% ($ 73.400 millones) corresponde a fondos públicos.

Desde otro ángulo, el economista Dante Sica, director de Abeceb, advierte que, antes de esa inyección de fondos, el Índice de Confianza del Consumidor (ICC) que elabora la Universidad Di Tella, viene mostrando una tendencia ascendente y apunta a niveles cercanos a los de 2007 y 2011, cuando CFK ganó las elecciones. También destaca, en un trabajo titulado "El desafío de alinear las confianzas", que existe una diferencia sustancial entre la confianza del consumidor y de los inversores o los mercados, ya que en el primer caso se trata de expectativas económicas de corto plazo y en el segundo de mediano y largo plazo. En otras palabras, todo un desafío para Macri cuando busque diferenciarse en la campaña de las políticas populistas de la era K.

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