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Para imaginar un default griego, basta recordar la Argentina de 2001... y pensar que será peor

James B. Stewart
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28 de junio de 2015  

ATENAS.- Hay una explicación de tan sólo una palabra sobre por qué Grecia debería hacer todo lo posible para evitar, pasado mañana, el default: Argentina.

Por cierto que Grecia no es el primer país que enfrenta la perspectiva de entrar en cesación de pagos de su deuda soberana. La Argentina entró en default no menos de siete veces desde su independencia, en 1816; por última vez, el año pasado. Pero el ejemplo de advertencia para Grecia es el default argentino de 2001, por casi 100.000 millones de dólares de deuda soberana, el mayor hasta aquel entonces.

Si Grecia cayera en default, "la Argentina sería una analogía apropiada", dice Arturo C. Porzecanski, especialista en finanzas internacionales de la American University y autor de numerosos estudios sobre el default argentino. Pero a Grecia "probablemente le iría peor; en comparación, la Argentina tuvo suerte".

Daniel Gros, director del Centro de Estudios de Políticas Europeas, y autor de A Tale of Two Defaults (Historia de dos defaults), un estudio comparativo entre Grecia y la Argentina, opina lo mismo: "El default sería mucho peor para Grecia de lo que fue para la Argentina".

Como le ocurre a Grecia actualmente, en 2001 la Argentina ya llevaba varios años de penurias y austeridad. Se había endeudado fuertemente con el FMI, el Banco Mundial y Estados Unidos, y todos ellos exigían impopulares recortes de gastos. El Fondo interrumpió los desembolsos cuando la Argentina, como hoy Grecia, no cumplió con las metas de reducción de déficit. La corrida bancaria llevó al gobierno a congelar los depósitos, lo que desencadenó una ola de disturbios y manifestaciones callejeras. Hubo muertos en enfrentamientos entre los manifestantes y la policía en pleno centro de Buenos Aires, y el entonces presidente Fernando de la Rúa huyó de la Capital en helicóptero en diciembre. La última semana de 2001, la Argentina entró en cesación de pagos de 93.000 millones de dólares de su deuda externa, con la abrupta y consiguiente devaluación del peso, cuyo valor hasta entonces estaba pegado al del dólar.

A pesar del trauma, durante 2002 la economía de la Argentina se estabilizó. Para 2006, el país ya pudo pagarle al FMI todo lo que le debía. Pero el país nunca pudo reingresar en el mercado de deuda internacional. Y se ha negado a cumplir el fallo de un juez de un tribunal federal de Estados Unidos que ordena a la Argentina a pagarles la totalidad de la deuda a los acreedores privados que no participaron del proceso de reestructuración de la deuda. Como resultado, el año pasado la Argentina volvió a caer en default, y la situación sigue en punto muerto.

Pero aun sin mucho financiamiento externo, a la economía argentina le ha ido bastante bien desde 2002, lo que llevó a algunos economistas, especialmente a Mark Weisbrot, del Centro de Investigaciones Políticas y Económicas de Washington, a sugerir que Grecia debería entrar en default, sufrir las consecuencias de corto plazo y seguir el ejemplo de la Argentina.

Pero hasta Yanis Varoufakis, el provocador ministro de Finanzas griego y partidario de no doblegarse ante las demandas europeas, dijo que la idea de que Grecia entre en default y siga los pasos de la Argentina era "profundamente equivocada".

La recuperación económica argentina se vio impulsada mayormente por un auge fortuito de la exportación de commodities, debido a la demanda de países en rápido crecimiento, como China y Brasil. (Aunque el boom de las commodities se terminó hace mucho, y que la economía argentina está hoy, en el mejor de los casos, estancada, Brasil y China siguen representando cerca del 28% de las exportaciones argentinas.) El poroto de soja, el maíz y el aceite de soja son las tres primeras exportaciones del país. La Argentina tiene más de 41 millones de habitantes y el PBI de 2013 fue de 610.000 millones de dólares. Aunque en términos netos importa energía, tiene vastas reservas de gas y shale oil con las que puede alcanzar la independencia energética.

Grecia, por el contrario, depende enormemente de sus importaciones. A la cabeza están el petróleo crudo, los derivados del petróleo y los medicamentos: todos bienes necesarios. Y si bien su principal exportación es el petróleo refinado, tiene que importar el crudo que luego refinan. Sus únicas exportaciones importantes son el pescado fresco y el algodón. Difícil que puedan aumentar significativamente las ventas de ninguno de los dos. "Los recursos productivos ociosos que tiene Grecia no tienen mucho que ofrecer a esos lugares donde crece la demanda", escribió Varoufakis.

Gros señala que "Grecia no tiene mucho que exportar". Si el país abandonara la Unión Europea y volviera a una dracma fuertemente devaluada, "ganaría algo con el aumento del turismo -dice Gros-. Lo que pasa es que los precios ya bajaron, el turismo ya aumentó, pero con eso no alcanza para mover realmente los ingresos totales."

Además, en comparación con la Argentina, Grecia es diminuta, con una población de apenas más de 11 millones de habitantes y un PBI de 242.000 millones en el año 2013. "La Argentina es un país rico en recursos naturales, que, de verse obligado, puede vivir de sus propios recursos", concluye Porzecanski.

Traducción de Jaime Arrambide

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