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La invasión del arte belga. ¿Bruselas sucede a Berlín?

Talentos importados. En los próximos meses se exhibirán en Buenos Aires obras de decenas de de artistas provenientes de la capital del euro, uno de los principales polos creativos del continente europeo

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PARA LA NACION
Domingo 12 de julio de 2015
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Todos conocen esa expresión. Es un día nublado de marzo de 1960 y el Che Guevara mira de costado, hacia un limbo entre la posteridad y la incertidumbre. Esa mirada es captada por un fotógrafo que se hace llamar Korda. La foto se vuelve serigrafía y, ¡pop!, se viraliza como si entonces hubiera existido Instagram. Hoy es considerada una de las imágenes más emblemáticas del siglo XX. Detrás de la fotografía, una ópera geopolítica. El Guevara de Korda asistía entonces al sepelio de las víctimas del sabotaje al carguero francés que había partido de Amberes con armas de fabricación belga para el gobierno de la Revolución. Cuba denunció un sabotaje de la CIA, y la isla comunista y el pequeño país al norte de Francia sellaron una alianza diplomática que se mantuvo desde entonces. Cuatro décadas después, cuando la Unión Europea retiró cualquier tipo de cooperación con Cuba, Bélgica sostuvo la alianza con programas de intercambio universitario, y médicos de Gante (Flandes) realizaron los primeros cambios de sexo en La Habana.

Todo esto para introducir The Importance of Being… (La importancia de ser…), la muestra de arte contemporáneo producido en Bélgica que se verá desde el sábado en el Macba de San Telmo. Otros artistas de ese país exhibirán este año en el Malba y en el Faena Arts Center (ver recuadro).

Las 68 obras que se verán en el Macba llegaron directo de La Habana en barco y en avión sin ningún sabotaje; es otro mundo, excepto el laberíntico paseo por la aduana. El envío nació de un pedido de La Habana a Bruselas canalizado a través de la joven Sara Alonso, curadora satélite de la Bienal de La Habana y de esta muestra que revela el rostro contemporáneo del arte belga aunque se intente enmascararlo. "Hecho en Bélgica" sería más apropiado. Es decir: a instancias de Alonso, la producción de estos artistas con base en Bélgica (ingleses, sudafricanos y españoles residentes también) o belgas expatriados (el inevitable Francis Alÿs) busca dinamitar los conceptos asociados con la identidad o el estilo belga.

Nube de humo, de Peter de Cupere. Un registro de la instalación ilustra la tapa del catálogo de la muestra La importancia de ser... que se exhibirá en el Macba
Nube de humo, de Peter de Cupere. Un registro de la instalación ilustra la tapa del catálogo de la muestra La importancia de ser... que se exhibirá en el Macba. Foto: Gentileza Macba

¿Existe algo así? ¿Qué es más belga, Flandes o Valonia, el surrealismo sensual de René Magritte o la abstracción severa de Josef Albers? Nada de eso. Para Alonso, la mirada sobre el arte hecho en Bélgica cae en dos clichés: burlesco y surreal. Y sí, hay obras burlescas y neosurrealistas pero no necesariamente vertebran la muestra y mucho menos tienen la apariencia mohosa del cliché. Wim Delvoye (Wervik, 1965) presenta Pan y Circo, un arco de fútbol cuya red es reemplazada por un vitreaux alla escuela flamenca con personajes extrapolados de un Brueghel. Es una de las dos piezas de la muestra que se apropian de la tradición. En 100 sexos de artistas, Jacques Charlier (Lieja, 1939) tunea la genitalidad de pesos pesados desde Duchamp hasta hoy. En un múltiple realizado entre 1973 y 2009, el humor explosivo de las ilustraciones (el sexo de Damien Hirst como un tiburón en una pecera; el de Christo, envuelto en sogas) evoca tanto los dibujos de Magritte como la iconoclasia de Charlie Hebdo.

Pero si hay un "padre de todos éstos", como lo pone Alonso, se trata de Marcel Broodthaers (Bruselas, 1924-1976), legendario neodadaísta que aquí se deja apreciar en un film en blanco y negro de 16 mm de 1969 llamado La lluvia. Lo vemos escribir un "proyecto de texto" con tinta china bajo un chaparrón y durante la acción el texto deviene dibujo, mancha expresionista sin intervención del artista. Este registro es propiedad del Pompidou y la procedencia refleja el carácter "policéntrico" –en palabras de la curadora– de la producción artística belga.

Por increíble que parezca, Bruselas, la capital del país y del euro, no tiene un museo de arte contemporáneo y las colecciones se dispersan por las comunidades autónomas, con epicentro en el SMAK de Gante, en el lado flamenco del país. No obstante, Alonso llama a Bruselas "la Berlín del siglo XXI" por la intensa circulación de artistas de todo el mundo, los alquileres bajos, los espacios disponibles para ser reconvertidos en garajes-laboratorios de estética. En este nuevo mapa, el municipio de Saint Gilles haría las veces del Mitte berlinés.

Hibridación, porosidad, confusión, globalización, todos los ítems del arte bienalizable están presentes en la selección de la joven curadora cubana. La muestra, siguiendo su razonamiento, "podría haber sido hecha en cualquier lado". Sin embargo, tanto desapego a la identidad tiene, de nuevo, su atractivo geopolítico. El arte contemporáneo hecho en Bélgica, cree Alonso, socava todo el discurso divisionista de las derechas regionalistas que se desgañitan por partir el país en dos. De allí que los puntos suspensivos del nombre del envío (La importancia de ser…) expresen algo tan insólito como los once meses entre 2011 y 2012 en que el país funcionó sin un primer ministro, dado el complejísimo equilibrio político del pequeño reino.

Un sudafricano, Kendel Geers, da la última nota en este mix de arte contemporáneo y política internacional. Su obra Pieza colgando es un conjunto de ladrillos suspendidos del techo en una referencia a una vieja práctica anti-apartheid. Ladrillos, bricks, de uno de los grandes Brics (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica), el último de los bloques mundiales.


Triple desembarco con grandes figuras
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La avanzada de artistas belgas se extenderá del Macba al Malba y al Faena Arts Center. Un relato de negociación, muestra de Francis Alÿs curada por Cuauhtémoc Medina, se exhibe por estos días en el Museo Tamayo de México y llegará al Malba en noviembre. Se trata de un cruce entre su producción performática y pictórica a través de obras clave de su trabajo en México, como No cruces el puente antes de llegar al río (2008), Tornado (2000-2010) y Reel-Unreel (2011). Ocupará dos salas del Malba con la documentación de estas acciones político-poéticas dispuesta en forma de instalaciones. En tanto, el colectivo belga-holandés Studio Job, una especie de Bauhaus decorativa y posmoderna con obra en 40 museos alrededor del mundo, desembarcará en América Latina el 23 de este mes. Con Futopia, convertirá el Faena Arts Center en una "catedral-discoteca" con pista de patinaje y música en vivo (la DJ Henrietta Tiefenthaler); los enormes ventanales recibirán tratamiento de vitreaux. Studio Job y Faena trabajan desde hace cuatro años en el espacio que se está desarrollando en Miami Beach y mostrarán en Buenos Aires algunas de las esculturas que hicieron por encargo para ese espacio. También en el Faena Arts Center, para 2016, anuncian la llegada de Carsten Höller (Bruselas, 1961), artista clave desde los años 90 reconocido por su instalación Test Site en la Tate Modern de Londres.

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