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Twitter: el cerebro colectivo de nuestra época

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PARA LA NACION
Domingo 19 de julio de 2015
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Estamos en un avanzado proceso de transformación física: nuestros cuerpos tienden a ser una mezcla, cada vez más indistinguible, de tejido biológico, productos químicos y máquina biointegrada. Está muy cerca el tiempo en el que gran parte de nuestro cuerpo lo constituyan prótesis y órganos trasplantados. Mientras tanto, vivimos ya la experiencia anfibia de tener un pie en el mundo de los átomos y otro en el mundo los bits, el virtual, el de las pantallas.

Ya no leemos sino que ahora conectamos fragmentos. Estos fragmentos tienden a la digitalización: lo no que no es digitalizable no se conecta. Ésta es una experiencia de cambio tan radical que casi todo lo pensado antes ahora es un malentendido. Por ejemplo: seguir pensando en objetos culturales creados antes de nuestra transformación incipiente en cybors, a la experiencia anfibia y a la digitalización total de la vida.

Las redes sociales son los lugares de esta nueva vida contemporánea. La producción de algo así como la comunicación o el sentido o el arte o el entretenimiento es impensable en la actualidad sin la intervención en las redes. Facebook es el territorio más poblado del planeta y entre los diez "países" más poblados, solo tres no son virtuales: China, India y Estados Unidos.

Foto: LA NACION

Hoy no se puede pensar la cultura artística disociándola de la idea de colaboración: no hay productos puros, ni originales, ni artesanales, ni de un "autor". Ser es donarse a la circulación. De allí la generación de tribus (inestables y de corta duración). De allí la producción de efectos parciales, efímeros. Lo que el marketing llamaba "nichos de mercado" hoy es la forma de existencia: ya nada es global ni local. Todo fluye y se disipa.

Twitter es el cerebro colectivo de esta época. No es una mera red social, sino una lógica, una ética, una estética y el campo de exploración de la cultura contemporánea. Los que participan en Twitter intensamente ven que se reformatea su forma de pensar, de leer, de ver, de sentir, de estar en el mundo.

Buena parte de la intensidad de Twitter surge de principios muy simples, pero que han transformado nuestra percepción del universo: en primer lugar, la asimetría (no hay amigos, como en Facebook) que hace que cada persona elija a quién leer como antes se elegía una biblioteca.

En segundo lugar, la limitación espacial de Twitter (los 140 caracteres) obligan al usuario a ser concreto, a aprender a centrarse en lo esencial y descubrirle nuevas posibilidades a la brevedad. En tercer lugar está la engañosa simplicidad basada en la estética minimalista, el universo exclusivamente gráfico y la abrumadora velocidad con la que se mueve el Timeline.

Por último, pero es quizá lo esencial, Twitter solo funciona en toda su potencia si se es capaz de colaborar y vivir en un diálogo multidimensional. Por eso Twitter, a pesar de tener ya más de 300 millones de usuarios, no es una red para cualquiera. Es un campo de experimentación intelectual en el que se construye constantemente el futuro. Allí ya somos los que seremos.

El autor es crítico cultural. @rayovirtual

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