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La best seller global que, desde el anonimato, cuestiona la fama literaria. Elena Ferrante

Sus novelas, que denuncian la hipocresía y los prejuicios de la sociedad italiana, son celebradas por la crítica y el público, pero ella usa seudónimo, evita participar en la difusión de sus libros y rechaza el aura que el mercado crea sobre los autores

Domingo 26 de julio de 2015
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PARA LA NACION
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Foto: Fernanda Cohen

Para los que se están empezando a cansar un poco de Karl Ove Knausgaård, el noruego de 46 años cuya extraordinaria novela autobiográfica en seis largos volúmenes, titulada Mi lucha, se ha convertido en un fenómeno literario internacional, hay un antídoto disponible. O por lo menos, una contralectura que traerá alivio de la fuente inagotable de narcisismo proustiano del melancólico y ya excesivamente mediático noruego.

Son los libros de la escritora italiana contemporánea Elena Ferrante, que se ubica en un polo opuesto al de Knausgaård por tres motivos. Primero, sus nueve novelas –publicadas desde 1992–, aunque parecen ser fuertemente autobiográficas, son novelas; se desarrollan en una composición clásica y no en una serie desestructurada de monólogos interiores. Segundo, mientras que Knausgaård escribe con autocompadecimiento sobre el ambiguo rol de hombre casado con una mujer en una sociedad próspera, desarrollada y posfeminista, las novelas de Ferrante están narradas por mujeres que sufren por las obligaciones y expectativas tradicionales aún impuestas sobre ellas, por más avance social que haya habido. Tercero, y esto es lo más asombroso, Ferrante es invisible. "Elena Ferrante" es el seudónimo de una autora cuyo rostro el público lector casi no ha visto.

Con cada novela editada su reputación en Italia creció. Pasó de ser una escritora de culto a tener un best seller con I giorni dell’abbandono en 2002. Además, su primera novela, L’amore molesto (1992), fue adaptada al cine por Mario Martone.

Hace tiempo que adivinar quién es Ferrante se ha convertido en un deporte en los medios culturales italianos. El rumor más fuerte cuenta que su seudónimo corresponde al escritor Domenico Starnone, entre otras cosas porque también viene de Nápoles y ha escrito sobre una mujer abandonada. Él lo niega con vehemencia. No hace falta enfatizar que el hecho de que los medios insistan en que Ferrante es un escritor sólo refuerza la critica implícita en las novelas de la escritora: que las mujeres viven empujando contra los límites impuestos por una sociedad patriarcal.

Lo único que sabemos con certeza de Ferrante proviene del puñado de entrevistas que ha dado a unos pocos medios, siempre mediante sus editores Sandra Ozzola y Sandro Ferri, fundadores de Edizione EO. Ellos mismos publicaron una antología de estos diálogos en un libro titulado La frantumaglia, en 2003 y reeditado en 2013. De allí sabemos que tiene un trabajo fijo (o sea que no vive de su escritura); que ha escrito toda su vida y que lo hace por una necesidad vital; que estudió literatura clásica en la universidad; que creció en Nápoles pero ya no vive allí ni volvería, y que desde el comienzo de su carrera como escritora de ficción decidió que lo único importante para ella era su obra. No quiso asumir las responsabilidades, ni usufructuar los beneficios que puede traer la fama literaria. Es más, piensa que cualquier fama que puede lograr un autor es una falsa quimera creada por los medios para vender y sólo puede ser tóxico para su labor artística.

Las tres novelas napolitanas (La amiga estupenda, Un mal nombre y Las deudas del cuerpo), que cuentan la amistad de dos mujeres desde su infancia en los años 50 hasta los días contemporáneos, están traducidas al castellano por Lumen (si no logran conseguirlas en librerías están disponibles en Amazon como en formato de ebook).

Mínimo estrellato

Este anonimato, casi inédito en el mundo de las letras actual, comenzó cuando estaba a punto de publicar su primera novela. En una carta a su editores escribió: "No pienso hacer nada para L’amore molesto, nada que involucre un compromiso en persona con el público. Ya he hecho lo suficiente para este largo relato: lo escribí. Si el libro vale algo, esto tendría que ser suficiente. No participaré en discusiones y conferencias. Y no aceptaré premios si me los otorgan. Nunca promocionaré el libro, especialmente en Italia, pero tampoco en el extranjero. Aceptaré ser entrevistada, sólo por escrito, pero preferiría limitar eso a un mínimo absoluto".

Hay muchos autores que huyen de su figura pública y evitan participar en la publicidad y la divulgación de sus obras. Cormac McCarthy y Thomas Pynchon son dos ejemplos notorios. J. D. Salinger es otro, del pasado reciente. Pero aun en esa evasión, flirtean con la popularidad farandulesca. La voz de Pynchon apareció en Los Simpsons, McCarthy en el programa de Oprah Winfrey. En la Argentina está César Aira, que esquiva como la peste a los medios locales, pero acepta invitaciones a festivales literarios internacionales o galas de premios como el reciente Man Booker International.

Puede ser que muchos autores ya consagrados la miren con envidia, aunque lograr lo que hizo Ferrante implica una apuesta a todo o nada. La envida a Ferrante persiste. En un festival literario en Roma en junio del año pasado, Jhumpa Lahiri, la escritora estadounidense de origen hindú y ganadora del Premio Pulitzer, dijo: "Qué maravilloso es ser una autora capaz de comunicarse con el mundo solamente a través de sus palabras y su literatura. Si yo tuviera el mismo coraje me hubiera gustado seguir mi carrera literaria de la misma manera."

Al ser traducida al inglés, comenzando en 2005 con su novela de 2002, I giorni dell’abbandono, la reputación de Ferrante empezó a cobrar alcance internacional. En 2013 fue alabada en un perfil por el pope de la crítica literaria de The New Yorker, James Wood. Allí escribió: "Lo que es emocionante en sus primeras novelas es que, al seguir sus personajes a los extremos de su ser, la escritura de Ferrante misma no tiene límites y es capaz de llevar cada pensamiento adelante hacia su conclusión más radical, y hacia atrás hasta su nacimiento más radical. Esto es más evidente en la forma audaz en la cual sus narradoras piensan sobre los niños y la maternidad".

Esta primavera boreal Ferrante tuvo su mayor galardón al ser entrevistada por The Paris Review (en realidad, la entrevista fue realizada por sus editores italianos) en una serie de diálogos que comenzaron a publicarse en los años 50 e incluyen a figuras como William Faulkner y T. S. Eliot, y conforman un canon de las letras contemporáneas. Allí Ferrante reiteró por qué hay mantenido su anonimato por veinte años: "Dos décadas es mucho tiempo, y las razones por las decisiones que tomé en 1990, cuando pensé por primera vez en evitar los rituales de la publicación, han cambiado. En ese momento, tenía miedo de salir de mi caparazón. Prevaleció la timidez. Después, llegué a sentir hostilidad contra el medio, que no presta atención a los libros… No es el libro el que cuenta, sino el aura del escritor. Si el aura ya está y los medios lo refuerzan, el mundo editorial te abre las puertas y el mercado te da la bienvenida con felicidad. Pero si no está allí y, milagrosamente, el libro se vende, los medios inventan al autor, con lo cual el autor termina vendiendo no sólo su trabajo, sino a sí mismo también, a su imagen".

Las novelas de Ferrante exponen la violencia casual y doméstica de los hombres, la opresión de los pueblos chicos, la mediocridad de las aspiraciones de la mayoría de las personas, la hipocresía de los varones de los años 60 que supuestamente habían aceptado e integrado los reclamos y las lecciones del feminismo. Sus madres frecuentemente ven a los hijos con tristeza y hasta repulsión. Son libros sobre las familias, el tiempo, la geografía, la sexualidad y el crepúsculo del fascismo en Italia. Pero también son denuncias contra la opresión y violencia que tiene que sufrir cualquier mujer que intenta insertarse en un mundo dominado por los hombres.

En sus pocas entrevistas Ferrante nunca lo dice explícitamente, pero tal vez le hubiera sido imposible escribir (ni siquiera pensar en publicar) estos libros imaginando que era ella misma escribiéndolos. Tal vez Ferrante descubrió algo como los heterónimos de Fernando Pessoa; esos álter egos que lo poseían y le permitían escribir cosas que Pessoa mismo no hubiera podido ni siquiera pensar.

Y mientras tanto, con su obra, Ferrante –sea quien sea– desafía a los jóvenes escritores de hoy, que recién empiezan a soñar sus novelas. Les pregunta, severamente: ¿escriben porque necesitan escribir? ¿Porque no podrían vivir sin escribir? ¿O escriben por que quieren ser escritores? Por que son dos cosas muy, muy diferentes.

Biografía

Los pocos datos que circulan sobre ella indican que nació en Nápoles y estudió literatura clásica.

Escribió nueve novelas desde 1992, y es best seller en Italia. Las traducciones, primero al inglés, la hicieron conocida en EE.UU. y Europa. Fue alabada en The New Yorker y entrevistada en The Paris Review.

Sus tres novelas traducidas al español, editadas por Lumen, cuentan la amistad de dos mujeres desde 1950.Elena Ferrante

Es un fenómeno extraño en el mundo de las letras: prefiere mantenerse anónima, sólo ha dado un mínimo de entrevistas, a través de sus editores y se niega a participar de la promoción de sus libros, que son best seller en Italia y aclamados fuera de su país. Adivinar su identidad se ha convertido casi un deporte en Italia.Los pocos datos que circulan sobre ella indican que nació en Nápoles y estudió literatura clásica.

Escribió nueve novelas desde 1992, y es best seller en Italia. Las traducciones, primero al inglés, la hicieron conocida en EE.UU. y Europa. Fue alabada en The New Yorker y entrevistada en The Paris Review.

Sus tres novelas traducidas al español, editadas por Lumen, cuentan la amistad de dos mujeres desde 1950.

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