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Triángulo amoroso con Neruda

Sobre La mujer de Isla Negra, de María Fasce

Domingo 26 de julio de 2015
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PARA LA NACION
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A María Fasce le gusta escribir sobre el amor: qué buscan las mujeres y los hombres, cómo se anudan y desanudan las relaciones, cuál es la química que enciende a una pareja o por qué cuesta tanto conseguir una buena relación y sostenerla. Los títulos de sus libros son elocuentes: La felicidad de las mujeres (1999), A nadie le gusta la soledad (2007) o La naturaleza del amor (2008).

Interpelada por las mismas preguntas, un famoso triángulo amoroso le otorgó una nueva ocasión para seguir investigando. Su última novela, La mujer de Isla Negra, tiene a Pablo Neruda, Delia del Carril y Matilde Urrutia en el centro del conflicto de felicidades e infidelidades desplegadas en el escenario de la casa chilena del poeta frente al Pacífico.

La historia se construye por medio de la voz y la memoria de Elisa, una niña sin padre "que está aprendiendo sobre el amor" y, que junto con su madre –actual sirvienta y ex compañera de escuela del poeta en Temuco– viven en esa casa el final del matrimonio entre Neruda y la aristócrata y pintora argentina. El detonante es, como se sabe, la relación clandestina con la pelirroja Matilde. La narradora toma un claro partido por Delia, fina, intelectual, amiga de Victoria Ocampo y veinte años mayor que su marido, a la que le opone una Matilde vulgar, poco cultivada y con intenciones aviesas.

La niña de doce años, sin ninguna explicación, es de pronto "adoptada" por el matrimonio. De un día para otro deja de dormir con su madre y pasa a tener una habitación propia en Isla Negra y a comer con Pablo y Delia, quien le enseña buenos modales y le da clases de francés e inglés. El progresivo deslumbramiento por Delia es proporcional al creciente menosprecio de la niña por su madre. Especie de autodidacta que se forma a partir de lecturas de la biblioteca nerudiana, Elisa acompaña su despertar sexual con una incipiente curiosidad que la desvela: "¿Cuánto duraba la mirada de los hombres?; ¿por qué Pablo se había acostado con una mujer que no era Delia?"

Su vida se irá orientando según sus confesos deseos: "Yo quería enamorarme, quería que se enamoraran de mí, quería no ser pobre". Un primer amor, un viaje a París ("hay que irse a París cuando uno está triste"), una información insospechada sobre su progenitor y otras peripecias son narradas según el detallista estilo de Fasce. Detalle en las observaciones de los personajes, en sus percepciones, no en algunos de los pormenores históricos de la trama, que se desarrolla entre 1955 y principios de la década de 1960: la presencia de Coca-Cola o un televisor en un hogar pobre de Temuco en 1955, un tratamiento oncológico con radioterapia proporcionado por un hospital chileno a fines de esa década desmienten, entre otras cosas, los usos de la época y ubican a la historia en un raro registro anacrónico.

Escrita en clave melodramática, con recursos de la telenovela (Elisa suele escuchar con un agudísimo oído las conversaciones desde otra habitación o detrás de una puerta), el aprendizaje de Elisa sigue un itinerario menos motivado por la psicología interna que por las acciones pautadas por la lógica del género sentimental. La promesa de la contratapa de un secreto guardado por su madre podría generar una intriga que nunca llega, puesto que relato no lo sugiere y tampoco es funcional a la construcción narrativa. Se desaprovecha así uno de los recursos clave del relato tradicional, que contribuye al efecto sorpresa y al misterio de la trama. Al lector le queda, junto con un novedoso retrato de Pablo Neruda, una historia de pasiones, desengaños y arrepentimientos, y el alivio de que a veces, como en los cuentos de hadas, la salvación llega con el retorno al primer amor.

LA MUJER DE ISLA NEGRA

Por María Fasce

Edhasa

258 páginas

$ 225

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