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La crema del crimen 3.0 y el drone fantasma: la tecnología de los malos

La velocidad de adopción de avances científicos y tecnológicos será mayor del lado de la ilegalidad; a eso se suma que la descentralización del delito hará que luchar contra él sea una tarea cada vez más ardua

Domingo 26 de julio de 2015
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PARA LA NACION
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A mediados de mayo pasado, el clásico Boca-River terminó con escándalo cuando un integrante de la barra brava arrojó un gas tóxico contra los jugadores del equipo visitante que salían por la manga hacia el terreno de juego. Hubo infinidad de especulaciones en los días siguientes, de carácter deportivo, pero también social y político. Un detalle que hace a la agenda del futuro pasó por alto: los recursos tecnológicos fallaron para prevenir la entrada a la cancha de un hincha con sustancias tóxicas, o para identificar al agresor en el momento y detenerlo. La tecnología de punta sí permitió, en cambio, que el drone fantasma se dedicara a caldear más el ambiente. Los "malos" supieron usar la tecnología de modo más eficiente que "los buenos".

El científico de datos y especialista en innovación Marcelo Rinesi cree que esta tendencia se acelerará en el futuro. Y no solamente porque la velocidad de adopción de avances científicos y tecnológicos será mayor del lado de la ilegalidad, sino porque la descentralización del delito hará que luchar contra él sea mucho más arduo. Todas las certezas de la "economía del crimen", la línea de investigación iniciada por Gary Becker en los setenta y que en la Argentina tiene referentes como Rafael Di Tella (de Harvard) y Ernesto Schargrodsky (rector de la UTDT), están siendo revisadas a partir de la teoría de la singularidad tecnológica, que postula que el adelanto exponencial de la ciencia traerá cambios drásticos en el corto plazo.

"Las fuerzas de la ley están completa, estructural y abismalmente mal preparadas para lidiar con esto", dice Rinesi, miembro del Instituto Baikal, en un reciente ensayo que tituló Narcotráfico 3.0.

"Era más fácil durante el siglo pasado, cuando carteles grandes y estructurados jerárquicamente bajo la dirección de psicópatas extravagantes proveían objetivos mediáticos vulnerables a la clase de equipamiento y estrategias militares favorecidos por la doctrina de la DEA. Los grandes carteles fueron destruidos, por supuesto, pero esto sólo llevó a una industria más descentralizada y flexible que ha probado ser tan efectiva proveyendo a los Estados Unidos y Europa occidental con, por ejemplo, cocaína, de manera escalable y estable, que la demanda está completamente satisfecha, y tienen que buscar nuevos productos y mercados para crecer sus negocios", marca Rinesi. Y agrega: "No hay ninguna guerra contra las drogas que pueda ser ganada, porque no están enfrentando a un ejército, sino a una industria satisfaciendo una demanda ridículamente rentable. Por cierto, lo mismo sucedió durante la fase más reciente de la guerra contra el terror: el análisis estadístico ha demostrado que la violencia crece después de que líderes terroristas son asesinados, al ser los únicos actores en sus organizaciones interesados en niveles tácticamente controlados de violencia".

Para el científico de datos, las mismas tendencias tecnológicas y organizacionales que le dan ventaja a las corporaciones más avanzadas y efectivas están casi diseñadas para proveer a las redes de tráfico de drogas con todavía más ventajas sobre las fuerzas de la ley. "Las blockchains que subyacen a monedas alternativas como bitcoin son registros compartidos, globalmente verificables y criptográficamente robustos para compromisos entre entidades anónimas. Esto por sí solo soluciona muchas clases de problemas de coordinación para redes criminales, de la misma forma que lo hacen para redes de negocios y sociales", ejemplifica. Pero no es la única tecnología que baja el riesgo de las redes delictivas: los autos sin conductor y drones baratos y numerosos, al hacer muchos aspectos de logística a pequeña escala eficientes y programables, van a revolucionar la "última milla" de la distribución de drogas al mismo tiempo que las entregas de sitios de e-commerce. Como los mensajeros, los drones pueden ser interceptados. A diferencia de los mensajeros, no hay riesgo para el que los envía cuando esto sucede. Y la propagación de riesgo en la cadena de distribución es el principal factor sobre los márgenes en la industria de las drogas. "Es difícil de imaginar una manera mejor de enviar drogas que autos y camiones sin conductor", dice Rinesi. O que drones con dueños prevenidos.

En la segunda temporada de Homeland, criminales cometen un asesinato "hackeando" un marcapasos. Para Marc Goodman, autor de Future crimes, este es uno de los delitos que se vienen. Goodman trabajó años en el Departamento de Policía de Los Ángeles, dio una charla TED muy popular y se volvió una autoridad en temas de maniobras ilegales del futuro.

Cuando pensamos en un crimen cometido por hackers, lo primero que viene a la mente son las computadoras: un fraude con la tarjeta de crédito o con la cuenta bancaria. Con el fenómeno de "Internet de las Cosas" (IoT, en sus siglas en inglés) este campo de batalla se trasladará a infinidad de objetos. En la actualidad, según la consultora Gartner, hay 5000 millones de dispositivos conectados a Internet, y se estima que habrá entre 25.000 millones y 50.000 millones en 2020.

No sólo los marcapasos serán "hackeables", dice Goodman, sino también los autos, la electricidad y el gas en la casa, la calefacción: millones de objetos que nos rodean y que, utilizados con una mente criminal, pueden servir para hacer daño. Goodman cree que estamos a tiempo de prevenir este escenario catástrofe, pero que para ello hay que abrir los ojos y actuar rápido. Por eso promueve un Proyecto Manhattan del Cibercrimen.

"Se abre un panorama interesante y preocupante, que hace acordar a infinidad de películas, como Minority Report", dice el especialista en economía del crimen Schargrosdky, de la Di Tella. En ese film, protagonizado por Tom Cruise y dirigido por Steven Spielberg, existe un sistema que permite pronosticar delitos y atrapar previamente a los agresores. Transcurre en el año 2054.

"Creo que así como aumentará la tecnología para el delito, también la tecnología para la protección. Se moverían por la tecnología la 'oferta' y la 'demanda' en el mercado del delito", dice el rector de la UTDT.

Para eso harán falta políticas de seguridad ágiles, inteligentes y muy porosas a la adopción de nuevas tecnologías. Para Rinesi, "si la clase media y la sociedad civil no aprenden a usar redes logísticas distribuidas autónomas avanzadas, sólo los ricos y los criminales van a usar redes logísticas distribuidas autónomas avanzadas". La singularidad tecnológica no hará otra cosa que profundizar las disparidades. Y despejar el panorama para que el drone fantasma siga haciendo de las suyas.

sebacampanario@gmail.com

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