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Hay más de 500.000 argentinos que viven con hepatitis

En el Día Mundial de la Hepatitis, expertos consultados afirman que la mayoría corresponden por los tipos B y C, pero sólo unos 20.000 tienen diagnóstico y apenas 5000 están bajo tratamiento; reclamo por las nuevas drogas

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LA NACION
Martes 28 de julio de 2015 • 16:43
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La hepatitis causa la muerte de 1,5 millones de personas cada año en todo el mundo (sobre todo las hepatitis B y C). Son un grupo de enfermedades infecciosas que comprenden las hepatitis A, B, C, D y E y pueden provocar hepatopatías agudas y crónicas.

Estas infecciones se pueden prevenir, pero la mayoría de las personas no sabe que padece este virus y menos cómo hacerlo. Por eso este año la Organización Mundial de la Salud (OMS) propuso el lema: "Prevenir la hepatitis, actuar ya".

"Hay medidas fundamentales para prevenir la hepatitis: saber cómo se contrae, exigir inyecciones seguras, vacunarse y realizar las pruebas de detección de hepatitis mediante un análisis de sangre", explicó a LA NACION la doctora Valeria Descalzi, Jefa de Hepatología del Hospital Universitario Fundación Favaloro.

Los médicos alertan por el incremento de enfermos con hepatitis en las próximas décadas
Los médicos alertan por el incremento de enfermos con hepatitis en las próximas décadas. Foto: Archivo / Victor Ingrassia

"La hepatitis es la inflamación del hígado. Es un término general que se utiliza para englobar factores causales que pueden llevar a esta inflamación. Existen diferentes causas de hepatitis, las más frecuentes son las virales, hepatitis tóxicas o medicamentosas. Entre los tóxicos más frecuentes se encuentra el alcohol cuando se ingiere en forma significativa, y la hepatitis autoinmune, provocadas por un desequilibrio en el sistema inmune en algunos individuos", agregó la experta.

Las hepatitis virales son curables en su mayoría. Sin embargo, de acuerdo al cuadro de presentación de cada hepatitis, en algunos casos habrá posibilidades de tratamiento médico, es decir con medicamentos específicos para cada tipo de hepatitis, y en otros más agudos y graves, la única posibilidad es reemplazar el hígado enfermo por uno sano mediante un trasplante.

"Otros tipos de hepatitis, como la C, evolucionan en forma silenciosa durante años, y van desarrollando un cuadro de hepatitis crónica, que si no es tratado, puede culminar también en una hepatopatía terminal con posibilidades de requerir un trasplante hepático. De allí la importancia de anticiparnos con medidas de prevención", enfatizó Descalzi.

Causas y contagio

"La hepatitis A y la E son causadas por la ingestión, ya sea de agua o alimentos contaminados, y la hepatitis B, C, D, se producen por el contacto con humores corporales infectados. Estas se transmiten por transfusiones de sangre, por productos sanguíneos contaminados, por procedimientos médicos invasores, por usar equipos contaminados, en el caso de la hepatitis B la trasmisión se da por contacto sexual y también de la madre al hijo en el momento del parto", explicó la doctora María Alejandra Rodríguez Zía.

Se estima que en la Argentina hay unos 500.000 infectados por hepatitis B y C, pero sólo unos 20.000 tienen diagnóstico y apenas 5000 están bajo tratamiento, lo que significa que la gran mayoría no sabe que tiene la enfermedad.

El flagelo de la hepatitis C

Según datos de la OMS, esta enfermedad infecciosa que afecta principalmente al hígado y es causada por el virus de la hepatitis C (VHC), la padecen más de 160 millones de personas en todo el mundo (cinco veces más que el HIV), con casi tres millones de nuevos de contagios cada año.

Mientras que hoy existen vacunas para la hepatitis A y B, que son gratuitas y forman parte del Calendario Nacional de Vacunación , no existe una vacuna contra la hepatitis C debido a la complejidad del virus, que en el peor de los casos llega a convertirse en una infección hepática crónica con consecuencias directas de cirrosis en un 30% de los casos y cáncer de hígado (5% de probabilidad cada año).

Los médicos explican que el virus de la hepatitis C es muy particular dentro de las llamadas enfermedades del hígado, además de ser el primer causante de trasplante hepático: entre el 20 % de quienes lo contraen lo eliminan naturalmente. En el restante 80% el virus se cronifica silenciosamente a lo largo de 20 o 30 años, pasando de una fibrosis hasta cirrosis o cáncer de hígado. También en muchos casos la enfermedad es leve y no progresiva. Pero nunca se sabe de qué manera afectará a cada uno en particular, por ello es sumamente importante un examen de detección y también la aparición de medicamentos nuevos sin efectos adversos, para que los afectados se sumen al tratamiento y no arriesguen su vida.

La doctora Estela Manero, miembro de la Asociación Argentina para el Estudio de las Enfermedades del Hígado (Aaeeh), explicó que los infectados con hepatitis C que están contagiados hace más de 20 años sin saberlo, serán los que desarrollen la enfermedad en los próximos años.

"Las infecciones han bajado respecto a décadas anteriores. Pero en los próximos años veremos un aumento en los pacientes ya enfermos que desarrollarán descompensación de su cirrosis, o han evolucionado al cáncer de hígado, o están tan graves que necesitan un trasplante. Ese impacto en la salud se verá notoriamente, con un aumento en la cantidad de pacientes muertos, en un escenario en el que las nuevas drogas todavía no están disponibles masivamente por su alto costo y que no están cubiertas por los sistemas de salud públicos y privados", puntualizó Manero.

Enfermedad silenciosa

"La historia natural de la H tiene un amplio espectro que va del hígado normal al cirrótico crónico. El inicio de la enfermedad pasa inadvertido. El cuadro clínico es asintomático y la mayoría se descubre al azar y por donar sangre. Tiene un curso evolutivo prolongado, por lo que es difícil ver cómo progresa la enfermedad", asegura Manero.

Según la especialista, del total de pacientes que toma contacto con el virus, hay un 15% de la población que lo va a eliminar espontáneamente. El resto avanza hacia la hepatitis crónica. La mayoría van a desarrollar cicatrices en el hígado pero permanecerán estables. Pero hay un 15% que avanzará hacia la cirrosis. Dentro de ese porcentaje hay un 25% que van hacia el cáncer de hígado y finalmente mueren.

¿Pero qué factores inciden para que en algunas personas se elimine el virus, en otras se conviva con el mismo sin mayores complicaciones y finalmente otras padezcan trastornos severos cirróticos y devengan en la muerte?

Se han realizado estudios que determinaron que inciden:

Factores de propio paciente: entre los cuales cuentan a qué edad se infectó, qué sexo es (el masculino siempre está más comprometido), que grado de inmuno compromiso se tiene

Factores externos: que ese virus conviva con otras situaciones de toxicidad como el consumo de alcohol y drogas, el determinar el nivel de hígado graso que se tiene, ya que cualquier agente de daño que se encuentre con un hígado graso por sobre lo normal debido a un cuadro por sobrepeso, obesidad, diabetes, colesterol alto. De encontrarse con esta situación, el virus tiene capacidad para generar más daño.

Cuando un virus se suma a otro, se potencian, como por ejemplo pasa con otras infecciones hepáticas o el HIV.

Hígado como nuez

"Si los médicos no pueden prever a qué paciente le va a ir bien o mal con esta enfermedad, pero pueden determinar si a un paciente le va a ir peor. En otras dolencias, la inflamación o la fiebre nos advierte que algo está mal. En cuestiones hepáticas, es el desarrollo de fibrosis", aclaró Manero.

Aquí, se puede medir el desarrollo de la fibrosis hepática, como dato clave y factor que determinará si un paciente se va a curar solo o va a empeorar en su enfermedad. Así, el hígado, que funciona como una esponja de sangre en la jerga médica, comenzará secarse y parecerse cada vez más a una nuez debido su retracción y al desarrollo de cicatrices.

"Lo que se busca con el tratamiento es prevenir las complicaciones clínicas a largo plazo y la muerte por cuestiones hepáticas", precisó y agregó que hay un grupo poblacional que convive con el virus sin desarrollar problemas. Es un estado de inmuno-armonía, ya que el 80% de los pacientes con cirrosis son asintomáticos.

Pero cuando la cirrosis genera una descompensación se encienden las alarmas. Se le hinchan las piernas por el mal manejo interno de líquidos, aparecen várices en el esófago y vomita sangre, tiene una panza llena de agua y se le sube la bilirrubina y se pone amarillo.

Reclamo por los nuevos fármacos

Según explicó la doctora Alejandra Villamil, presidente de la Aaeeh, en la Argentina existen 12 esquemas de tratamiento aprobados por la Anmat, de los cuales en el país se utiliza la combinación interferón más ribavirina, durante un año con hasta un 50% de éxito. Un tratamiento con efectos colaterales como depresión, fatiga, insomnio, irritación, agresividad y dolores musculares con probable pérdida del cabello.

Después, surgieron dos drogas nuevas: telaprevir y boceprevir, que, empleadas junto con interferón, llegan a una efectividad del 75%, pero con mayor toxicidad.

En los últimos tres años aparecieron los fármacos de última generación que permiten curar a casi el 98% de los pacientes con hepatitis C, con tratamientos de hasta 3 meses y casi sin efectos colaterales. Se trata de los antivirales el sofosbuvir, el simeprevir, el daclatasvir [los dos últimos, ya aprobados en el país], el paritaprevir/ombitasprevir y el dasabuvir/ritonavir, que se usan en distintas combinaciones.

El problema que destacan los profesionales es el alto costo de las nuevas drogas: en Estados Unidos el tratamiento asciende a los 84.000 dólares, aunque en otros países gracias a la intervención del Estado, se lograron bajar considerablemente los costos: en Brasil cuesta 7500 dólares y en Egipto 1000.

vingrassia@lanacion.com.ar / @vingrassia

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