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Los pasajeros de la línea 60 celebraron la reanudación del servicio, tras 42 días de paro

Por el conflicto, los usuarios debieron gastar más tiempo y dinero en viajar

Viernes 07 de agosto de 2015
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LA NACION

"¡Vamos 60! Por fin...", dijo Selva Villanueva apenas pisó el primero de los escalones del colectivo. Sus puños estaban cerrados y los agitaba de arriba abajo, como si alentara al chofer, que la observaba asombrado. Después de 42 días, el conflicto entre los empleados de la línea y la empresa Monsa se cerró con un acuerdo y el servicio se retomó con normalidad desde ayer a la madrugada. Más de 200.000 usuarios volvieron a viajar en el transporte que, para muchos de ellos, los trasladó gran parte de su vida.

Villanueva, de 54 años, utiliza la línea 60 hace más de 17; la paralización del servicio la afectó en todo sentido. "Este micro forma parte de mi vida -aseguró-. Para viajar desde Montserrat hasta Belgrano tenía que tomarme dos colectivos. Gasté más plata y no era lo mismo", contó mientras movía las manos con la misma algarabía que lo hizo cuando subió al interno 6177.

El marido de Villanueva fue quien, a última hora de anteayer, le dio la buena noticia. "Negra, ¡se arregló lo del 60!", le dijo entusiasmado.

Selva conoce a casi todos los choferes que trabajan en el horario del mediodía. "Entendí el reclamo. Los primeros días, cuando circulaban sin cobrar boleto, yo subía y les firmaba la planilla a favor de los choferes." Después de tantas idas y venidas, Villanueva volvió a ver esos más de 300 colectivos circulando ayer por las calles, "con esos colores que apenas veo me emocionan", sostuvo.

No era la única que estaba contenta. Rolando Saldaña, que conducía la unidad y tiene 24 años de antigüedad en Monsa, se mostraba satisfecho por haber luchado por lo que consideraba justo. "Reclamábamos lo que nos correspondía. Nada más. Nunca quisimos perjudicar a los pasajeros", destacó. Ahora, espera que cuando se reanuden las conversaciones dentro del proceso de conciliación obligatoria pueda cobrar parte del sueldo que le resta cobrar.

Su gesto de preocupación dejó lugar a una sonrisa amable cuando un pasajero ascendió y, aliviado, le dijo: "Gracias a Dios que anda".

En el convenio firmado entre el Ministerio de Trabajo nacional, Monsa, representantes de la Unión Tranviarios Automotor (UTA) y los delegados de la línea 60 se acordó la reincorporación de 50 de los trabajadores despedidos, el pago en dos cuotas de un anticipo salarial de 11.000 pesos por los días no trabajados y el reconocimiento de los gremialistas y sus derechos.

El delegado Hugo Schwartzman agregó: "El próximo martes se retoma la negociación conciliatoria para analizar la situación de los tres empleados que aún quedan despedidos y cómo se abonará el resto de los sueldos adeudados".

El presidente de Monsa, Marcelo Pasciuto, dijo a LA NACION que el servicio se retomó con normalidad, pero que el conflicto provocó una pérdida en la recaudación de, aproximadamente, 42 millones de pesos.

Para Ana Ancarola, de 46 años, también fue un problema que el 60 no circulara. "Todos los días viajo desde acá [avenida Belgrano y Sáenz Peña] hasta Barrancas de Belgrano. Tuve que buscar alternativas, pero como nada me servía, terminé caminando mucho más", recordó. Además, tardaba 30 minutos más por día para realizar el trayecto.

Hace 14 años que Ancarola es pasajera de la línea 60. Y sabe que no es la única usuaria en esa condición. Por eso, sentada en una butaca doble y al lado de la ventanilla, reflexionó: "Una línea como ésta no puede dejar de funcionar. Es imprescindible".

Matías Cuadro también opina así. A diario, el joven padre lleva a su hija de dos años al jardín. Son sólo 15 cuadras de distancia, pero el único medio de transporte directo es la 60. "Con este problema, a veces íbamos y veníamos caminando", contó el hombre con la niña sentada sobre su falda. Pero si las condiciones climáticas no eran favorables, se trasladaban en taxi. Cuadro calculó: "Con suerte, y sin problemas en el tránsito, gastaba 30 pesos por cada viaje".

Ayer, las paradas volvieron a habitarse y los refugios, más que nunca en medio de una mañana tormentosa, guarecieron a los pasajeros. Después de 42 días, el 60 volvió a funcionar.

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